Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

A pesar de los sinsabores y fracasos las ovejas son del Padre celestial y Él sabe a quien atrae, cuál es el momento de cada persona. Lo nuestro es sembrar y entender que Dios llevará por su camino a cada uno según su divina providencia.

Homilía p042019a, predicada en 20220510, con 6 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, creo que ya nos hemos dado cuenta de que esta cuarta semana de Pascua es toda la semana sobre el tema del Buen Pastor. Observemos cómo encaja esto dentro del tiempo pascual. Repasemos la primera semana de Pascua, es decir, la octava de Pascua. Teníamos todas aquellos relatos, todos esos testimonios preciosos sobre las apariciones del Resucitado a María Magdalena, las mujeres a los apóstoles junto al lago, yendo para Emaús. Eso fue la primera semana de Pascua. La segunda semana de Pascua empezó con el relato del diálogo, la conversación entre Cristo y Nicodemo. ¿Cómo encaja eso en Pascua? Pues que Cristo le dice a Nicodemo que hay que nacer de nuevo. Es decir, es el tema del nuevo nacimiento, la importancia de nacer de nuevo. Bueno, ahí está la parte Nicodemo. Luego, al final de la segunda semana de Pascua y toda la tercera semana de Pascua. Teníamos el relato de la multiplicación de los panes y lo que sigue, es decir, todo eso que nos conduce al pan de vida.

Cristo hace un itinerario desde la multiplicación de los panes, que es pan material, hasta declararse Él mismo como el pan que ha venido del cielo, ese pan que da la vida eterna. Y ahí está la clave. Todas estas lecturas, todo este recorrido que estamos haciendo fundamentalmente por el Evangelio de Juan, tiene como denominador común, vida. Cristo está vivo. Esas son las apariciones. Cristo anuncia vida nueva a Nicodemo. Cristo es el pan de vida. Y ahora con esto del Buen Pastor, lo que estamos escuchando es que Cristo es el que da la vida por las ovejas, es el que cuida y alimenta a las ovejas, es el que defiende a las ovejas y por consiguiente, es el que protege la vida de las ovejas. La palabra fundamental en Pascua es la palabra vida. La vida es la clave. Eso es lo fundamental.

Con esa claridad observemos el pasaje de hoy. Es Cristo que asegura entre varias frases. Todas preciosas, son frases de nuestro Señor. Entre tantas frases dice Cristo Nadie es mayor que el Padre. El Padre me ha dado las ovejas, nadie las puede arrebatar de su mano. Cristo es el pastor de las ovejas, pero Cristo considera que las ovejas se las ha dado el Padre. Dios Padre le ha dado las ovejas. Y asegura. No hay nadie más grande que el Padre. ¿Por qué estoy destacando esta frase en esta oportunidad? Porque la labor de Cristo estuvo llena de sinsabores. Estuvo llena de decepciones. Incluso podríamos decir fracasos.

Recordemos unos dos o tres rápidamente. Después de tantos milagros en Cafarnaúm, Cristo dice ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Poblaciones cercanas de allá de Galilea. Si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros, que en ti se hubieran convertido. Y tú, Cafarnaún. Que es la ciudad donde hizo el mayor número de milagros. ¿Crees que vas a ser exaltado hasta los cielos? No, te vas a hundir en el abismo. Cristo muestra su decepción cuando curó a los leprosos. Cristo dice ¿Y no quedaron curados los diez? Solo ha vuelto este extranjero para darle la gloria a Dios. Es decir, que Cristo tuvo sus decepciones y Cristo también sintió que había gente así. Como había grandes multitudes, también había gente que lo abandonaba, incluyendo sus discípulos. Por eso Cristo les dice a los discípulos en el Evangelio de Marcos, por ejemplo, ustedes me van a abandonar. Es decir, que Cristo conoció el sinsabor, la derrota, el fracaso, la decepción. Como nos pasa también a nosotros, como sucede a los sacerdotes, como sucede al catequista. Que duro para un catequista preparar un grupo, por ejemplo de niños para la primera comunión y ver que la ceremonia sale muy bonita y muy piadosa, pero que después de esos niños ¿cuántos quedan para comulgar? O lo que siente el sacerdote que trata de predicar lo mejor que puede. Atienden la confesión, pero ve que algunos como que se le escapan y otros incluso se burlan y atacan.

Ahí es donde es fundamental lo que Cristo nos dice. Las ovejas son del Padre Celestial y Él va atrayendo. Él sabe a quién atrae. Él sabe cuál es el momento de cada persona. Lo que decía Cristo de un modo supremo para su propio ministerio, tenemos que aplicarlo a nuestra situación. Tenemos que tener claro que efectivamente, ¡efectivamente!, habrá sinsabores, decepciones, habrá fracasos, pero que Dios sabe lo que está haciendo. Dios sabe a quién acerca. Dios sabe cuando nos concede esa cercanía para servir a las personas y cuando no. Pidamos al Señor esa gracia, esa gracia de discernimiento para entender que lo nuestro es sembrar. Y para entender que Dios dará el crecimiento y llevará por sus caminos a cada uno según su divina Providencia. Esto nos enseña Cristo, el Gran Pastor, el Buen Pastor.

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