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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Busquemos escuchar y seguir a Jesús; escuchar su voz, conocerle, tener sus mismos sentimientos; seguirlo al obedecerle, dispuestos a que nos suceda lo que a Él le sucedió.
Homilía p042018a, predicada en 20210427, con 5 min. y 18 seg. 
Transcripción:
Nos damos cuenta que esta cuarta semana de Pascua va toda en la línea del Buen Pastor y de ser o no ser ovejas de Cristo. Por ejemplo, en el Evangelio de hoy, Cristo dice a aquellos que pretendían arrinconarlo a preguntas. Dice Ustedes no son de mis ovejas. A mí me parece, entre otras cosas, una frase terriblemente dura, porque yo la relaciono con aquello que encontramos en el capítulo veinticinco de San Mateo cuando Cristo, Juez y Señor, separa las ovejas de las cabras, y aquellas las cabras que no son de su rebaño, les dice ID al fuego eterno. No es un juego, no es un juego, es un fuego y es el fuego eterno. La Palabra de Cristo está ahí y está clara, y esa palabra no la puede cambiar ningún predicador, ningún sacerdote, ningún teólogo. Por eso es muy grave esto de, ustedes no son ovejas mías. Es gravísimo, es muy serio porque está en juego nuestra eternidad.
Bueno, pero ¿cuál es la característica entonces de quienes sí son ovejas? Como estoy seguro que nosotros queremos ser ovejas de Cristo, se describe por medio de estos verbos. Escuchan mi voz. Yo las conozco. Me siguen. Yo les doy vida eterna. Esos cuatro verbos describen la relación entre las ovejas de Cristo y Cristo. Los repito, escuchan mi voz. Esa es la parte de las ovejas. Eso nos interesa mucho. Escuchan mi voz, Yo las conozco. Ellas me siguen. Yo les doy vida eterna.
Los verbos que nos corresponden a nosotros son escuchar y seguir, escuchar la voz del Señor, escuchar la voz del Señor para también nosotros conocerle, para también nosotros. Llegar a lo que dice San Pablo en el capítulo segundo de la carta a los Filipenses. Tener los mismos sentimientos de Cristo. Escucharlo, escucharlo en la voz de mi conciencia, en la voz de la conciencia. Pero una conciencia formada, no mi capricho. Escucharlo en la voz de la conciencia, escucharlo en la Sagrada Escritura, escucharlo en la predicación de la Iglesia, escucharlo en el clamor y en el dolor de los pobres, escucharlo en la magnificencia de la naturaleza de esta tierra que es nuestra casa común. Escucharlo número uno.
Número dos. Seguirlo. No Todo el que me dice Señor. Señor, entrará en el Reino de los Cielos. Es necesario seguir y seguir a Cristo ¿qué es? Pues implica obedecerlo. Por supuesto. ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo os mando? Y también dice Cristo Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. O sea que en el seguimiento hay un régimen de obediencia que es obediencia por nuestro bien. Como es obediencia por nuestro bien cuando le hacemos caso a un médico, a un terapeuta, cuando un fisioterapeuta te dice mira, tienes que hacer tales ejercicios tantas veces tú le haces caso. Tú obedeces porque estás convencido de que es por tu bien. Ese es el tipo de obediencia que necesitamos encontrar con Cristo.
Además del seguimiento, que es el verbo clave en esta perfección de las ovejas de Cristo. El seguimiento implica también el estar dispuestos a que nos sucedan las cosas que le suceden a Cristo. Eso es lo que está ahí. Es necesario estar dispuestos a eso, a que pasen dentro de mí aquellas cosas que le pasaron a Él. El seguimiento de Cristo implica las subidas y las bajadas. Implica los desiertos y los vergeles, implica los días de aclamación y popularidad y los días de persecución y de soledad. Eso es seguir a Cristo. Por consiguiente, estamos llamados a escuchar y a seguir. Y seguir a Cristo es obedecerle como se obedece al médico. Y seguir a Cristo es estar dispuestos a vivir con Él lo que Él vivió. Así nos lo conceda el mismo Cristo. Amen.

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