Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando nos dispersan, nuestros enemigos pretenden acabarnos; no saben que nos están enviando para que evangelicemos más allá.

Homilía p042017a, predicada en 20200505, con 14 min. y 4 seg.

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Transcripción:

Muy queridos hermanos, en esta ocasión les invito a dirigir nuestra atención a la primera lectura. El libro de los Hechos de los Apóstoles, no solamente nos cuenta lo que sucedió al principio de la predicación de la fe cristiana, sino que nos da un modelo para actuar en nuestras propias circunstancias. Pregunta ¿Por qué lo que entonces sirvió es útil también en nuestro tiempo? Aunque hayan pasado dos mil años, aunque estemos en otra cultura, en otra geografía y con otras preguntas en la cabeza ¿cómo es que las estrategias y los dones que el Espíritu Santo les dio a ellos pueden servirnos también a nosotros, que estamos en circunstancias tan distintas? Esa es una pregunta legítima, pero hay una buena respuesta.

Sabes por qué podemos aprender tanto de ellos. Y sabes por qué las estrategias que a ellos les sirvieron nos pueden servir a nosotros. La respuesta es porque ellos estaban enfrentando al mismo enemigo que nosotros, y es un enemigo que suele repetirse, que tiene básicamente una sola forma de atacar y que repite esa única forma de mil maneras. Esa forma de atacar es la que hemos llamado en otras predicaciones la gran mentira. Resumidamente, la gran mentira consiste en esto, en meternos en la cabeza que tendremos que escoger entre ser obedientes o ser felices. Y por consiguiente, si esa mentira, si esa falsa disyuntiva se te mete en la cabeza, tarde o temprano llega el momento en el que dices tal vez bonito lo de ser obediente, pero yo voy a ser feliz y ahí te lanzas al pecado en desobediencia a Dios. El enemigo malo, el demonio, busca de mil maneras que esa antigua trampa caiga sobre nosotros. Observemos que el libro del Apocalipsis llama al demonio la antigua serpiente. El hecho de que el primer libro de la Biblia se valga de la imagen de la serpiente para hablar de la batalla que nos da el demonio, y el último libro de la Biblia nos presenta de nuevo al demonio en batalla contra nosotros y de nuevo en figura de serpiente está indicando que en realidad es el mismo enemigo y que siempre está atacando de modos muy similares.

La otra razón por la que resulta tan provechoso leer el libro de los Hechos de los Apóstoles, aunque hayan pasado tantos años, es porque todos sabemos que la naturaleza humana, una vez herida por el pecado original, es tremendamente semejante en toda época y en todo lugar. Los que somos un poco aficionados a la historia, sin duda hemos podido comprobar esto. Hay una obra que me gusta mucho. No es una obra de un cristiano. Es un pagano llamado Marco Aurelio. Él fue emperador. Tuvo, pues, el cargo de mayor honor en el Imperio Romano, por allá a fines del siglo segundo. Y él escribió una obra llena de consejos para su hijo, que estaba destinado también a estar en el gobierno. Escribió una obra que se conoce como las meditaciones de Marco Aurelio. Estoy contando esto porque yo he leído no toda la obra, pero sí una porción amplia de ella. Y en las meditaciones de Marco Aurelio te encuentras una descripción de cómo somos los seres humanos. Marco Aurelio cree que es su deber advertirle a su hijo cómo es la gente. Por supuesto, desde su sitio de emperador de lo que era el poder político más fuerte en aquella época. Desde su trono de emperador, Marco Aurelio tenía un magnífico balcón para ver a los seres humanos. Conoció la adulación, como tantos son mentirosos y aduladores. Conoció como hay tanta traición. Conoció como muchos mienten para su propia conveniencia. Conoció como los placeres de la comida y del sexo arrastran a tantos hasta hacerles cometer estupideces. Y cuando uno lee a un autor como Marco Aurelio y ya nos separan de él unos mil ochocientos años. Cuando uno lee eso, uno dice pero si es que el ser humano ha sido siempre el mismo, entonces ya ves, si el enemigo que nos ataca es básicamente el mismo, si nuestro barro, nuestra naturaleza humana, es básicamente la misma. Y si además la carta a los Hebreos dice Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Es evidente que podemos aprender muchísimo leyendo del libro de los Hechos de los Apóstoles, como podemos aprender muchísimo de otras fuentes genuinamente cristianas.

Es lo que sucede, por ejemplo, con los doctores de la Iglesia. Llámanse doctores a aquellos que son maestros reconocidos por la Iglesia, maestros reconocidos de enseñanza. Efectivamente, la palabra doctor en latín doctor viene del verbo docere, que quiere decir enseñar. De ahí, por supuesto, viene la palabra docencia. Entonces, por qué yo puedo obtener provecho de los escritos de un San Agustín mil seiscientos años atrás, o de un San Bernardo, novecientos años atrás, o de un Santo Tomás setecientos años atrás. ¿Por qué me pueden servir esos escritos antiguos? Por la misma razón por la que nos sirven los Hechos de los Apóstoles. Y por eso uno debe sumergirse en la lectura de la Santa Palabra de Dios. Nos sirven esos textos porque el enemigo es el mismo, porque nuestra naturaleza humana es básicamente la misma y porque el Cristo que nos defiende, nos alimenta, nos ilustra y nos rescata, es el mismo. Por eso obtenemos tanto. Y yo creo que de este pasaje en particular, el pasaje de hoy fue tomado del capítulo número once de los Hechos de los Apóstoles.

De este pasaje en particular pueden aprenderse cosas preciosas de las cuales solo voy a destacar una. Se puede aprender sobre todo lo que hicieron ellos cuando se desató una persecución. Sabemos, hermanos, que los tiempos que vivimos no son fáciles para la fe cristiana. Sabemos que también en nuestra época hay persecuciones. Una religiosa colombiana por la que oró todos los días. La hermana Gloria Cecilia Narváez va a completar cuatro años en cautiverio. Las últimas noticias que teníamos de esta religiosa indicaban que estaba viva, pero sigue en poder de sus captores. Sus captores son un grupo fundamentalista islámico. O sea que sí hay persecución en nuestra época. Recordemos todas las crueldades, todas las barbaridades auténticamente diabólicas que diseñó y alcanzó a realizar el llamado Estado Islámico. ¿Qué demuestra eso? Hay persecución, pero no solo hay esa persecución abierta, violenta, que incluye tortura, confinamiento, muerte.

Hay otras persecuciones. Persecuciones que experimentan la mayor parte, sobre todo de los jóvenes. Persecuciones porque les hacen sentir que es ridículo creer en Dios, porque les hacen sentir que es ridículo creer en Cristo, porque les hacen sentir que la fe es completamente opuesta a la razón y entonces les hacen el famoso juego ese de los jardines infantiles donde sube la razón tiene que bajar la fe, porque si sube la fe se va a acabar la racionalidad. Y estúpidos no somos. Y eso se lo inyectan en la cabeza a multitud de jóvenes y muchos que no tienen buenas bases porque no las recibieron ni en su familia, ni en su parroquia, ni en su grupo juvenil, ni en otro camino, pues muchos que no tienen esas bases caen arrollados por ese alud de ateísmo que les llega especialmente en los años de college y de universidad. Por eso, hermanos amados, por eso, queridísimos amigos, por eso nosotros sabemos que sí hay persecución.

Pero ya que lo tenemos claro, es bueno que nosotros nos preguntemos ¿qué hicieron aquellos cristianos cuando llegó la persecución y resulta que ellos convirtieron la persecución en Evangelización?. Eso es lo que me llama la atención. Los echaron prácticamente de Jerusalén. Sabemos que el martirio de Esteban aconteció en Jerusalén. Recuerde usted siempre el nombre de Esteban. Esteban es el primer mártir de la Santa Iglesia Católica. Por eso se le llama Protomártir. Protos en griego significa primero. Esteban fue martirizado en Jerusalén y la persecución que se desató hizo que muchos tuvieran que salir de Jerusalén, pero ellos convirtieron la dispersión en Evangelización. Fíjate, los perseguidores hicieron que su acto de persecución se volviera dispersión.

Pero ahora, y esto es lo más bello, los cristianos convirtieron la dispersión en Evangelización. Entonces, ¿cuál es la respuesta cristiana a la persecución? Sentarnos en una piedra y decir pobrecito yo, todos me atacan, pobrecito yo ¡cuánto sufro! Es verdad que algunas lágrimas de dolor es natural que broten de nuestros ojos. Pero quedarse así simplemente victimizandose. Autocompadeciéndose es ridículo. O ¿qué hicieron estos cristianos? ¿Se dedicaron a hablar mal de los apóstoles, se dedicaron a criticar a sus legítimos pastores, se dedicaron a decir qué mal se está manejando esta crisis, qué mal? Por qué los apóstoles no entran en diálogo con las autoridades. ¿Qué pasa con nuestros apóstoles? La gente no se dedicó a perder tiempo en eso, ni nosotros tampoco debemos dedicarnos a perder tiempo atacando a nuestros legítimos pastores. Por ellos oramos. A ellos los acompañamos, a ellos los apoyamos y si vemos fallas en ellos, que claro que también aparecen. Existe algo que se llama corrección fraterna, si fuera el caso.

Pero hacer división y escándalo en público es algo que no hicieron estos cristianos. Ellos no lo hicieron. No tenemos que hacerlo nosotros. Entonces ellos no se dedicaron a echar culpas, no se dedicaron a victimizarse ¿qué hicieron? Aprovecharon la ocasión. Aprovecharon esa ocasión. ¿Para qué? Para evangelizar. No me tomen a mí como modelo, por favor. Soy un pecador. Pero lo mismo que muchos sacerdotes es lo que yo he tratado de hacer. Mira, por ejemplo mi canal de YouTube y busca en donde están transmisiones en vivo. Yo no sabía hacer transmisiones en vivo, no sabía. Nunca me había preocupado de eso. Tampoco me parecía necesario. Pero cuando las cosas se pusieron con gran dificultad. Entonces ¿qué hice? Aprender. Yo trato de imitar lo que ellos hicieron. Si no se puede predicar en plazas porque no se puede reunir la gente. Si no se puede predicar en templos porque hay problemas y el distanciamiento social y todo aquello. Si no se puede ahí, pues vámonos a otra parte, pero vámonos a Evangelizar, ¡Vámonos a evangelizar. Menos lamentarse, menos lamentarse, por favor. Y más, mucho más. Dar gracias a Dios y aprovechar la oportunidad. Así sea.

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