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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nada hace Cristo que no sea a nombre del Padre, nada ha querido hacer el Padre que no sea a través de su Hijo Jesucristo.
Homilía p042014a, predicada en 20180424, con 6 min. y 10 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo décimo de San Juan. Ya nos damos cuenta que este capítulo desarrolla toda esa hermosísima teología del Buen Pastor. Este es un buen momento para darnos cuenta cuál es el recorrido que ya vamos haciendo durante el tiempo pascual.
En la primera semana los Evangelios nos presentaban testimonios de aquellos que tuvieron la alegría inmensa de encontrarse con el Resucitado. Empezando por las santas mujeres en Jerusalén. Luego tuvimos en los Evangelios. Me refiero a los de entre semana. Tuvimos apartes del encuentro entre Jesús y un maestro de la ley llamado Nicodemo. Ahí aparece el hermosísimo tema de la vida nueva, que es tan propio de la Pascua. Seguramente es la razón por la que nuestra Madre, la Iglesia, nos presenta esas lecturas. Cristo que trae la vida nueva. Después de varios días de esa conversación entre Jesús y Nicodemo, dimos un salto del capítulo tercero, que es lo de Nicodemo al capítulo sexto. Y entonces aparece Cristo como pan de vida. Partiendo de la multiplicación de los panes y luego la predicación hasta llegar a la predicación de Jesús, en Cafarnaún viene todo ese bellísimo tema de Cristo como pan de vida.
Fíjate que la palabra vida se repite en el diálogo con Nicodemo. Era la vida nueva y en los textos de un poquito más de una semana, tomados del capítulo sexto de San Juan. Lo que aparece es el pan de vida. Luego estamos en esta otra semana que ya es la cuarta del tiempo pascual. Estamos con Cristo Pastor Bueno, el que da la vida por sus ovejas. Entonces hay un gran tema que va recorriendo la Pascua, vida, vida eterna, vida nueva, vida que vence a la muerte. Cristo, el que trae la vida nueva, el que es pan de vida nueva, el que da la vida por sus ovejas. Vida, vida y vida. Ese es el mensaje de la Pascua, día tras día. Y es un privilegio. Es una alegría poder participar de este tiempo pascual.
En el texto de hoy en concreto, hay una idea que creo que vale la pena subrayar. Dice Jesús Las obras que yo hago a nombre de mi Padre dan testimonio de mí. Hay que darse cuenta que estas palabras del Señor se pueden conectar y creo que se deben conectar con otras palabras de Cristo. Nadie viene a mí, dice Cristo, si el Padre no lo atrae. Y entonces la pregunta es ¿cómo el Padre nos atrae hacia Cristo? Muy posiblemente la respuesta está en la frase que he destacado. Las obras que yo hago a nombre de mi Padre dan testimonio de mí. Las obras de Cristo nos invitan a mirar a Cristo. Esas obras que Él hace a nombre de su Padre son la invitación de Dios Padre para que miremos a su Hijo y para que vayamos hacia su hijo. De manera que aunque las obras de Cristo son de Cristo, también son la invitación del Padre para que vayamos hacia Cristo, para que veamos a Cristo y para que viéndolo, creamos en Él y creyendo en Él, tengamos vida eterna. Ese es el esquema precioso que nos está presentando San Juan.
Lo repito porque no quiero distraer con ninguna otra idea. Cristo nos ha dicho El que me ve a mí, ve al Padre. Bueno, eso lo dice más adelante. Vamos por partes, dice Cristo, Nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae. Y ahora nos dice. Las obras que yo realizo a nombre de mi Padre dan testimonio de mí. Entonces las obras de Cristo son de Cristo, por supuesto, pero son obras que Él hace a nombre del Padre y las obras que Cristo hace a nombre del Padre son la invitación del Padre para que vayamos hacia Cristo. Es la manera como el Padre nos atrae hacia Cristo. Y por supuesto, esto explica la frase final del Evangelio de hoy.
Si las obras de Cristo son de Cristo, pero a la vez son la invitación del Padre, entonces entendemos algo muy importante y es lo que aparece al final. Cristo y el Padre son uno, uno en el sentido de las obras que son al mismo tiempo de Cristo y del Padre. Nada hace Cristo que no sea a nombre del Padre. Nada ha querido hacer el Padre que no sea a través de su Hijo Jesucristo. Misterio de nuestra salvación y misterio trinitario de nuestra fe, se funden así preciosamente en este hermoso texto de San Juan.

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