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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos al Señor la capacidad de buscar con pureza y humildad de corazón la verdadera sabiduría como lo hizo la Virgen María.
Homilía p042013a, predicada en 20170509, con 4 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Hay ocasiones en que uno hace una pregunta porque quiere aprender algo que no sabe. Así, por ejemplo, en clase tal vez hemos levantado muchas veces la mano para decir no entiendo esto, por favor explíqueme mejor esto, qué quiere decir este término. Eso se llama preguntar para aprender. Las preguntas que nos conducen al conocimiento son preguntas siempre bienvenida cuando Dios nos escucha. Preguntar para aprender no es algo que Dios rechace.
Tal vez una de las preguntas más bellas y más humildes de la historia de la humanidad es la que aparece, por ejemplo, en el libro de San Lucas, en el Evangelio de Lucas. Cuando la Santísima Virgen pregunta con humildad, pero también con la profundidad de toda una mujer, ¿Cómo será esto? le dice ella al ángel puesto que yo no conozco varón. Esa es una pregunta. No es una pregunta que niega, no es una pregunta que rechaza, es una pregunta de quién quiere abrir su corazón a la verdad y por eso el ángel le da la respuesta. Y recibida la respuesta, comprendida en el corazón de la Santísima Virgen. Ella dice, Aquí está la esclava del Señor. Eso es lo propio de quien pregunta para aprender. Quien desea un poco más de la luz de la sabiduría en su vida.
Pero hay otras preguntas que, en cambio, son malintencionadas. Así, por ejemplo, en el mismo Evangelio de Lucas encontramos que Zacarías hace esta pregunta al ángel. Al mismo ángel Gabriel que he mencionado antes. Le dice Zacarías al ángel ¿cómo estaré seguro de esto? yo soy viejo. Mi esposa de edad avanzada. Gabriel le habla a Zacarías del cumplimiento de un deseo que Zacarías ha acariciado largamente, el poder tener un hijo. El ángel le dice, esto va a suceder. Y la pregunta de Zacarías es ¿cómo voy a estar seguro yo? Esa no es una pregunta abierta, simplemente a aprender. Esa es una pregunta que quiere devolver el control al propio corazón, en este caso el corazón de Zacarías.
Si hacemos el contraste entre las dos escenas, primero sucede de hecho, la de Zacarías y luego la de la Virgen nos damos cuenta de las distintas actitudes que ellos tienen en sus preguntas. En la pregunta de Zacarías, hay una mala intención, porque Zacarías lo que quiere es asegurar su propio control sobre el asunto. ¿Yo, como estoy seguro de esto?. La pregunta de la Virgen es una pregunta abierta a la sabiduría y el poder de Dios.
Algo parecido encontramos en el pasaje del día de hoy. En el capítulo décimo de San Juan. Los judíos le preguntan a Jesús. Dinos claramente ¿eres el Mesías o no eres el Mesías? Esa no es una pregunta para aprender. No es una pregunta que se hace desde la esperanza en un Dios que cumple sus promesas. Esa es una pregunta que tiene una intención muy clara. Si este está diciendo que es el Mesías, entonces qué vamos a hacer nosotros con Él, Porque nosotros no creemos que Él sea el Mesías. Están preguntando desde la incredulidad.
Si Zacarías hace una pregunta para recuperar el control, pues podemos decir que la pregunta de estos judíos en el Evangelio de hoy es una pregunta para controlar. Es una pregunta para tomar control. Es una pregunta para reunir los elementos de una acusación. De hecho, varias veces han rodeado a Cristo con esta intención. Y entonces Cristo les dice Os lo he dicho claramente. Y hace alusión a las obras que ha realizado y sobre todo, hace alusión a la estrechisima unión. Los teólogos dirán la unión sustancial que Cristo tiene con su Padre del cielo. Esa respuesta de Cristo es suficientemente clara, pero a la vez es una pregunta que denuncia la incredulidad de ellos.
Pidamos al Señor que nosotros tengamos la capacidad de buscar con pureza y humildad de corazón, como María, la verdadera sabiduría. Pidamos al Señor que al preguntar no nos guíe el deseo de comprobar lo que creemos que ya sabemos, ni recuperar el control sobre aquello que pensamos que escapa a nuestras previsiones. Que el deseo puro de la sabiduría divina llegue a nuestro corazón y así podamos recibir siempre a Cristo. Amén.

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