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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Como era hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe, mucha gente creyó.
Homilía p042001a, predicada en 20000516, con 8 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Hermanos muy queridos. Con motivo de este cumpleaños he tenido ocasión de reflexionar sobre tantos regalos que Dios nos concede, sobre todo el regalo de la vida misma, el regalo de la fe y el habernos llamado a la amistad con Él, a conocerle, a invocar su Nombre, vivir de su gracia, tener esperanza en su Palabra, alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre, recibir su unción, participar de sus mismas preocupaciones y recibir incluso del pueblo de Dios una parte, un destello del amor que solo Él se merece. Porque tenemos que reconocer que la mayor parte del amor que la gente nos tiene a nosotros ha nacido del amor que le tiene a Dios. Todos estos bienes nos hacen profundamente agradecidos y le dan un tono de alegría, un tono de esperanza, una sonrisa que no se apaga realmente en el corazón. Yo pienso que después de la vida y de la Santa Fe Católica, haberme traído a esta comunidad que tiene el nombre y el encargo de la predicación, es una de las más grandes misericordias que Dios ha tenido para conmigo, porque me trajo no porque yo que era indispensable, sino me trajo en primer lugar, porque me amó, y por amor quiso encontrar este camino, quiso que yo participara de este camino en el cual con la gracia de Dios primero y las oraciones de nuestros santos, espero perseverar hasta la muerte, ofrecer mi vida aquí y obtener también este camino a la salvación eterna. Dios llamó, no como trabajadores, no como empleados. Él no es nuestro patrón. Él no es un empleador lejano o un gerente anónimo, sino es el amigo entrañable que ha querido que nosotros sepamos de las angustias de su corazón enamorado por la salvación de la humanidad. Y estos pensamientos me colman de tal manera que con muchísima frecuencia, al escuchar la Palabra de Dios, yo siento que está hablando, es de nosotros. A mí todo me habla de la Orden Dominicana. Creo que estoy por bondad de Dios y por el ejemplo de los santos. Estoy como tan enamorado de este carisma que me pasa lo mismo que le sucede a los jóvenes cuando están enamorados de sus doncellas, que todo lo relacionan con ellas y les parece que en todas partes se está hablando de ellas y de las cualidades que tienen. Así me sucede a mí por rareza. Encuentro alguna lectura donde no te esté hablando del carisma dominicano. A mí me parece que todas están hablando de lo que nosotros somos, de lo que nosotros tenemos que ser en la Iglesia. Y si son duras es para que nos arrepintamos de nuestros pecados. Y si son consoladoras es para que nos animemos. Y si presentan grandes retos es para que crezcamos en la gracia. Y si presentan grandes frutos es para que volvamos a ese triple lema que ya desde el siglo XIII adorna nuestro ser, alabar, bendecir y predicar. Eso sí, es mucho decir, es demasiado. Me parece a mí que exista una comunidad religiosa que se da a sí misma propiamente el carisma o la actividad o la obra que hasta ese entonces no he ido. Yo no voy a decir tenían los obispos, no como la otra, que era propia de los ángeles, alabar, bendecir y predicar. Esos eran y son desde luego, las actividades propias de los santos ángeles y los frailes de aquella época, movidos por una gratitud inmensa, quisieron aplicar a su propia comunidad ese oficio que es oficio de ángeles alabar, bendecir y predicar. Alabar se dirige solo a Dios, predicar se dirige solo al pueblo, bendecir se dirige al pueblo y a Dios. Porque bendecimos al pueblo en nombre de Dios y bendecimos a Dios por las misericordias que concede al pueblo. Hoy, por ejemplo, esa lectura que coincide con esta celebración fraterna, esa lectura de hoy que es lectura de predicadores el que quiera ser predicador. Entre de lleno a los Hechos de los Apóstoles y vea las características. Hoy, por ejemplo, nos regalaron el retrato de lo que es un predicador en la persona de Bernabé, que además tiene ese nombre tan hermoso. Consolado significa Bernabé, como aquel que ha sido sanado, rescatado, levantado por el Espíritu Santo, consentido por Dios, mimado por su amor. Qué elogio se nos dijo de Bernabé. Como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, mucha gente creyó. Ahí veo yo el retrato de lo que tiene que ser un fraile. Casi me parece estar escuchando a Jordán de Sajonia vivir honestamente, estudiar y predicar. Casi parece que nos estuviera diciendo lo mismo el Espíritu Santo con este retrato de Bernabé. Un hombre de bien, una persona recta, transparente. Esa palabra, como nos gusta nuestro tiempo, además, es muy bonita porque es luminosa. Bernabé era así, era un hombre transparente, un hombre sin rodeos. Jordan se quedó definitivamente fascinado por la santidad de Domingo. Dice con respecto a nuestro padre. Procedía siempre por la vía de la sencillez, sin rastro de doblez alguno en sus intenciones y palabras. Es una persona transparente, una persona que tiene una sola intención, que tiene un solo amor, como los grandes santos del Nuevo Testamento, Juan Bautista y Pablo de Tarso. Así también Bernabé, un hombre de bien, pero no predica él sus cualidades, sino que más bien esas cualidades son como el recipiente en el que el Espíritu Santo, toma cauce para darse profusamente al pueblo de Dios. La historia de los Hechos de los Apóstoles es la historia de un amor que no cabe en ningún molde. Así como Cristo resucitado no cupo en esa tumba y apartó la piedra del sepulcro, llena el cielo y la tierra. Así también nosotros podemos decir que el amor de Dios, que brota de la resurrección de Jesucristo, no cabe en ninguna parte. Y aunque al principio solo predicaban a los que tenían un origen judío, luego el Espíritu Santo los movió de tal manera que empezaron a hablarle incluso a gente que no tenía ya nada que ver con el judaísmo, ni siquiera eran presentes y la gente se convertía. ¿Por qué? Porque aquellos eran hombres de bien y eran cauces del Espíritu Santo. Muchas más cosas desde luego, quisiera compartir ahí, como por ejemplo la relación entre persecución y misión. Con motivo de estos tiempos de barbarie, de salvajismo que vivimos, yo no digo solamente en Colombia, sino en el mundo. Lo que pasa es que el salvajismo en Colombia es contra adultos y el salvajismo en el mundo desarrollado es contra los que no han nacido, esa es la diferencia. Pero en estos tiempos de salvajismo uno tiene el peligro, la tentación de congelarse de miedo y decir ¿Qué vamos a hacer? Pues estos son los tiempos, estos son los tiempos para presentar el rostro de la verdadera noticia. Los problemas más allá de los gobiernos, más allá de las violencias sociales o políticas. Los problemas están en el odio hacia la humanidad que tiene su rostro en el pecado. Pero frente a ese rostro sombrío está el rostro glorioso de Jesucristo que ha atraído nuestros corazones y que nos tiene hasta aquí. Mis hermanos dejémonos en Dios y en nuestra vocación. Les agradezco que estén pidiendo para mí el don de la misericordia, para que Dios me perdone y también el don de su amor, para que yo pueda agradecerle y para que pueda agradarle.

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