|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El gran desafío está en cómo lograr que la fe llegue a todos los pueblos de la Tierra: que Nuestro Señor Jesucristo reine en todos esos corazones que aún no le conocen.
Homilía p041024a, predicada en 20250512, con 7 min. y 46 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, como sucede durante todo este tiempo pascual. Esta vez del capítulo número once. Y creo que es un momento bien interesante, bien importante. En esa primera expansión que tuvo la fe cristiana. Jesús en el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles, dijo al grupo de sus discípulos más cercanos, dijo a los apóstoles Ustedes van a ser mis testigos en Jerusalén, en Samaría y hasta los confines del mundo. Seguramente recordamos que entre judíos y samaritanos no había una buena relación.
O sea que cuando Jesús dice que ustedes van a ser mis testigos en Samaría, ya está hablando de una expansión que trasciende los límites estrechos de lo que era el mundo estrictamente judío. Ya ahí hay un avance. Pero Jesús dijo hasta los confines del mundo. Y hasta los confines del mundo, significa ser testigos de Cristo entre los budistas, ser testigos de Cristo, entre los ateos, los animistas, los musulmanes, los sintoístas. Ser testigos de Cristo en todo el mundo judío. Pero también en todo el mundo no judío.
La Biblia utiliza una expresión para referirse a todos esos pueblos, esa inmensidad de pueblos no judíos. A todos ellos se les da el nombre genérico de gentiles. La palabra gentil dentro de la Biblia hace referencia a una persona que pertenece a algún pueblo, de los incontables pueblos que hay en el planeta Tierra, pero un pueblo que no es judío. Y ahí es donde está el gran desafío. ¿Cómo se pueden llevar las promesas, las leyes? ¿Cómo se pueden llevar las bendiciones que Dios originalmente le dio al pueblo que escogió, es decir, a la descendencia de Abraham? ¿Cómo se puede tomar todo ese tesoro y llevarlo a una cantidad de pueblos que no tienen nada que ver por la sangre? No tiene nada que ver con Abraham, no tienen nada que ver con Moisés, no tienen nada que ver con la legislación propiamente judía, que incluye, por ejemplo, la circuncisión.
Ese es un tema, ese es un problema que tenían que abordar más tarde o más temprano. Tenían que abordarlo los creyentes en Cristo, porque el mandato de Cristo implicaba ser sus testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta los confines del mundo. Y el mismo mensaje encontramos por ejemplo, en Mateo veintiocho. Vayan y hagan que todas las naciones sean mis discípulos.
Entonces hay que lograr que Corea del Norte un día, que ojalá no estuviera tan lejano, que Corea del Norte un día se rinda ante Cristo, aprenda las enseñanzas de Cristo y siga el camino de Cristo. Y hay que lograr que toda Libia. Y hay que lograr que Marruecos. Y hay que lograr que Sudáfrica entera. Y hay que lograr que Pakistán se rinda ante Cristo. No por una imposición, obviamente, no por un acto violento. Pero hay que lograr que eso suceda y que suceda fundamentalmente por la oración, por el testimonio y por la predicación de los cristianos. Seguramente con una cuota alta de martirio, dados los países que he mencionado.
Entonces, ese es un tema que en sí mismo es bastante complejo. ¿Cómo puede lograrse eso? ¿Cómo puede lograrse que llegue la fe a todos esos lugares? ¿Cómo puede lograrse que Cristo reine en todos esos corazones? La dificultad no está solamente afuera en términos de la oposición que pueda darse, por ejemplo, en países que tienen una tradición de ateísmo, una tradición de budismo, una tradición de hinduismo. No, la dificultad no está únicamente afuera. También hay una dificultad interior. Me refiero a la dificultad dentro del judaísmo.
Muchos judíos sentían que ellos eran elegidos. Tenían muy, muy clara la parte de la elección, pero no tenían tan clara la parte de la bendición a todas las naciones. Y resulta que esa bendición a todas las naciones también es parte de lo que Dios le dijo desde el principio a Abraham. Si tú te vas a Génesis capítulo doce, dice En ti serán bendecidas todas las naciones. O sea que estos mandatos de Cristo, de llegar a todas partes, no son simplemente una idea que tuvo Cristo, sino que son la lógica continuación de la bendición que ya Dios había anunciado para Abraham y su descendencia. Una bendición que no se iba a quedar en Abraham y la descendencia, sino que tenían que llegar a todas las naciones.
Y así también encontramos salmos que hablan de la extensión de la bendición para todas las naciones. Por ejemplo, en el profeta Zacarías se habla de cómo los gentiles iban a buscar a los judíos para ser también herederos de la bendición. Y también hay un salmo que dice Filisteos, oye esa palabra, filisteos, tirios y etíopes han nacido en Jerusalén y cantarán mientras danzan. Todas mis fuentes están en ti.
Y claramente, cuando se hace referencia a filisteos, tirios y etíopes, esos pueblos no son judíos.
Y en el profeta Isaías leemos que se dice abiertamente. Al siervo de Dios se le dice es poco que seas mi siervo para rescatar a las tribus de Israel. Te hago luz de las naciones. Esa expresión, las naciones, también es una expresión que alude al conjunto de la tierra habitada. Alude, por consiguiente, también a los gentiles. Pero no fue un paso fácil de dar por los obstáculos que se encuentran afuera, repito, pero también por las resistencias internas que tenían los judíos.
Y es maravilloso ver cómo desde el principio, aquel que tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe, es decir, Pedro ya tiene claridad, una claridad dada por Dios que le hace ver que también los gentiles, es decir, todos estos pueblos a los que yo también pertenezco. Todos nuestros pueblos también pueden recibir las promesas. También pueden recibir la bendición. De tal manera que en el pueblo judío brilla particularmente la fidelidad de Dios, y en todos los demás pueblos, eso me incluye por supuesto, brilla la infinita misericordia de Dios.
Es un misterio muy grande que vamos a seguir comentando, porque todo el libro de los Hechos de los Apóstoles va en esa dirección. Todo el libro de los Hechos de los Apóstoles lo que quiere mostrarnos es cómo el Evangelio se extiende y se extiende. Derriba barreras, abre puertas, tiende puentes y llega a todos los corazones. Así que alegrémonos por esa fuerza del Evangelio, alegrémonos por esa fuerza del Espíritu Santo, y seamos también nosotros de aquellos testigos que hacen que muchos corazones se fascinen por Cristo y le obedezcan. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|