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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los principios morales que están en la Ley de Moisés tienen un valor permanente; lo ritual como la práctica de los alimentos tiene un valor temporal en función de lo que se iba a revelar, es decir de la Nueva Alianza.

Homilía p041023a, predicada en 20240422, con 7 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Mirando la primera lectura de hoy, pienso que es un excelente día para hablar de los mandatos permanentes y los mandatos temporales, en la antigua Ley de Moisés. Sí, esta primera frase, sí, esta introducción te suena un poquito extraña. Quizás este video es para ti.

A ver, hay personas que piensan que todo lo que está en la Ley de Moisés es con un valor eterno. Y hay algunas frases de la Ley de Moisés que van en esa dirección. Por ejemplo, cuando dice el Señor que la Pascua, la celebración de la Pascua, es un mandato para todas las generaciones. Evidentemente, ahí está refiriéndose a algo que es eterno, algo que es permanente. Lo podemos entender. Así está perfecto.

Pero ahora mira esto. Resulta que en algunos lugares del Antiguo Testamento, profetas como Jeremías hablaron de una Nueva Alianza. Concretamente, si tú te vas al capítulo número treinta y uno de Jeremías, te encuentras que se habla de una Nueva Alianza. Y ese es un punto muy importante, porque una Nueva Alianza nos está indicando que la Antigua Alianza se queda antigua precisamente, y que va a ser superada o va a ser cambiada. No sé qué palabra quieras utilizar por otra alianza.

Entonces, a ver, esa es una buena pregunta. Es decir, ¿cómo es aquello de la ley? ¿Era todo permanente o era todo temporal? Porque también hay gente que cree que todo era temporal. Hay gente que cree. Mira todos esos mandamientos estrictos, rigurosos, de la Ley de Moisés. Eso ya no vale para nosotros, eso ya no importa para nosotros. Eso era en otros tiempos. Ahora estamos en la ley del amor, en la ley de la libertad. Tenemos que vivir en la libertad de los hijos de Dios. A nosotros ya no nos cobija esa ley. Suena un poco extraño, porque casi siempre los que hablan así están cayendo en lo que ya denunció el apóstol San Pablo.

San Pablo dijo que nosotros hemos sido llamados a la libertad, pero advierte no una libertad que nos lleve al egoísmo, que nos lleve al pecado. Y eso lo afirma San Pablo en la Carta a los Gálatas y en la Carta a los Romanos hace una pregunta muy clara. Entonces ¿qué vamos a pecar? Porque ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Y por supuesto, es una pregunta retórica. Y por supuesto, él responde de ninguna manera. Entonces, ¿en qué quedamos?. ¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros? Pues recordemos lo que nos plantea la primera lectura.

La primera lectura nos muestra un cambio en la legislación, porque la Ley de Moisés prohibía alimentarse de ciertos animales y la visión que tuvo el apóstol San Pedro fue que venía una especie de lienzo que bajaba del cielo. Esa idea es muy importante. Del cielo venía un lienzo con una cantidad de animales de los que se supone que no deben comer los judíos. Y entonces una voz también desde el cielo le dice a Pedro: Levántate, mata, come. Es decir, le está invitando a comer lo que estaba prohibido en la ley. Y entonces Pedro se opone y dice No, nunca ha entrado en mi boca nada impuro. Yo no voy a comer eso que está ahí. Y entonces la voz le dice lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro. Importante ese dato.

Esto nos está mostrando que esas leyes sobre los alimentos eran leyes que tenían un carácter temporal. Y ese carácter temporal, es el que se muestra por el hecho de que dice Dios. Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro. Pero le estaba diciendo Dios, con esa visión que le otorgó a Pedro, le estaba diciendo queda abolida la Ley de Moisés. Es decir, ya no importa lo que se enseñó en la Ley de Moisés. Eso tampoco puede ser, porque nosotros recordamos, que efectivamente Cristo dice en el Evangelio de Mateo. Yo no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. Este tema parece un poco complejo. Está un poco enredado, pero no es tan enredado si nos damos cuenta.

Y esto lo explica muy bien Santo Tomás. Que aquellas leyes que tienen que ver fundamentalmente con lo moral, es decir, dónde está el bien y dónde está el mal, qué es lo bueno y qué es lo malo en los actos humanos, esas leyes que no son rituales sino morales, esas leyes tienen un valor, un valor permanente, tienen cuando menos una enseñanza permanente. Entonces, cuando Dios dice, por ejemplo, no matar, no mentir, no robar. Básicamente lo que está en los Diez Mandamientos, ese tipo de enseñanzas que son principios morales de acción humana. Eso no tiene un valor temporal. Eso tiene un valor permanente.

Entonces ¿qué era lo que tenía un valor temporal? Lo que tenía un valor temporal era básicamente lo que tenía que ver con los ritos. Y ahí estaban las prohibiciones alimenticias. Ahí estaba la circuncisión, ahí estaba el tema de los vestidos, que hay que vestirse de esta manera o de esta otra manera. Entonces, los principios morales que están en la Ley de Moisés tienen un valor permanente. Lo que puede cambiar son aquellas prescripciones puramente rituales que acompañaban la celebración de la Alianza de cerca o de lejos. Pero era finalmente la Alianza lo que importaba ahí.

Y como nosotros estamos en una Nueva Alianza, es perfectamente natural que nuestros ritos no coinciden con los ritos de la Ley de Moisés. Nosotros tenemos algo infinitamente mejor que la circuncisión, que es el Bautismo. Nosotros tenemos algo infinitamente mejor que el cordero que se sacrificaba y se asaba. Nosotros tenemos la Divina Eucaristía.

Entonces, lo ritual que incluye, por ejemplo, ya dije prácticas como la de los alimentos, ese tipo de prácticas rituales que estaban conectadas de cerca o de lejos con el tipo de alianza que había promulgado Moisés. Esos preceptos puramente rituales, evidentemente tenían un valor temporal y era un valor que estaba en función de lo que se iba a revelar, es decir, de la Nueva Alianza. En cambio, aquellos preceptos que nos enseñan los grandes principios morales, eso sí, tienen un valor mucho más permanente. No nos dejemos confundir y que Dios nos bendiga y nos guíe. Amén.

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