Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recibe hoy a Cristo como puerta de tu vida, que te indique qué y quién es conveniente para ti y que todo llegue en su tiempo.

Homilía p041021a, predicada en 20210426, con 5 min. y 6 seg.

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Transcripción:

Uno de los nombres o títulos más extraños que Cristo se da a sí mismo es el que aparece en el Evangelio de hoy. Él dice que Él es la puerta. Que una persona se llame a sí mismo la puerta. Suena bastante extraño. Es puerta del aprisco, dice Él, y hace la comparación entre lo que significa entrar por la puerta y lo que significa saltar por otra parte.

Creo que en el origen de esta expresión debemos recordar cómo eran las ciudades de la antigüedad. Las ciudades antiguas usualmente eran amuralladas, no se podía llegar por cualquier parte. Había solo unos cuantos accesos que eran custodiados con grandes puertas. La puerta era la única posibilidad de ingresar a esa ciudad. Tratar de entrar, por otro lado, implicaba saltarse la muralla y claramente eso era una invasión, un asalto, un secuestro, un robo, en fin, algo absolutamente negativo y criminal. Entonces hay que entrar por la puerta.

Pero las puertas tenían sus horarios y tenían sus vigilantes. Yo creo que estos dos elementos nos ayudan a entender un poco mejor la imagen que plantea Cristo. Repito, las puertas tenían sus horarios y tenían sus vigilantes. Sus horarios quiere decir que no a cualquier hora podías llegar a la ciudad. Por la noche la ciudad se cerraba, así como nosotros acostumbramos cerrar la puerta de la calle y asegurarla muy bien cuando llega la noche, no queremos sorpresas desagradables durante la noche. Pues así eran las ciudades. Las ciudades de la antigüedad funcionaban como casas muy grandes, casas en donde había la protección de una muralla alta y de una puerta bien cerrada en determinado horario.

Tratemos de aplicar esa imagen de la puerta con su horario y con sus vigilantes. Tratemos de aplicar eso un poco a nuestra propia situación. ¿Qué nos está indicando eso del horario? Nos está indicando que no todo es conveniente a todas horas. ¿Y qué nos está indicando eso del vigilante? Que no todos son bienvenidos a todas horas. No todos son bienvenidos simplemente porque lleguen. ¿Qué quiero decir con esto? Admitir el horario de Dios en nuestra vida es admitir lo que tantas personas dicen. Los tiempos de Dios son perfectos.

Tal vez esa persona que en un momento de tu vida podría ser una gran ayuda para ti en este momento. No es la persona que te conviene. Recuerda que la gente cambia. La gente tiene también sus procesos de conversión. Entonces no necesariamente esa persona que llega a tu vida tiene que entrar ahora, quizás después, quizás es después el momento, o quizás esa no es la persona. No todo el mundo es para ti y no todas las horas son convenientes para ti. Que tener los horarios de Dios y tener la vigilancia de Dios es recibir a Cristo como puerta en mi vida.

Entonces, ¿cuál es el momento para leer este libro, para ver esta película, para tener esta amistad, para entrar en este noviazgo, para meterme en este negocio? Esa es la clase de cosas. Esa es la clase de diferencia que Cristo trae cuando realmente lo admitimos como puerta en nuestra vida. Recibir a Cristo como puerta en nuestra vida es decirle quiero seguir tus horarios, es decir, quiero seguir el ritmo y el tiempo que tú tienes para mí. Recibir a Cristo como puerta en nuestra vida es decirle quiero que tú custodies mi corazón, que tú custodies mi vida.

Hay un salmo que dice pon un centinela a la puerta de mis labios. De manera que recibir a Cristo es tener en cuenta que si no vigilamos las entradas y las salidas, jamás seremos dueños de nuestro corazón y más bien nuestro corazón va a ser tierra de asalto para todo tipo de pasiones, para todo tipo de intereses, para todo tipo de manipulaciones. De eso se trata. Y por eso hoy te invito a que recibamos a Cristo como puerta de nuestra vida, que recibamos a Cristo como puerta que nos indica qué y quién debe llegar y cuándo.

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