Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La elección es llamado a la misión--no al privilegio.

Homilía p041019a, predicada en 20180423, con 9 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, fijemos nuestra atención en esta oportunidad en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles. Es un momento muy importante, un poco tenso, pero muy bonito. Es ver cómo el Evangelio va tomando victoria y por decirlo de alguna manera, se va abriendo su camino sin límites, sin barrera. Las barreras, los límites, van cayendo ante la majestad, ante la hermosura, ante el poder de la gracia. Y es hermoso ver que Dios, desde el cielo, es el primer interesado en que la palabra de salvación llegue a todas partes.

Uno de los límites más duros, más férreos, fue el del judaísmo. El pueblo elegido para ser testigo del amor de Dios. Tuvo siempre y tiene siempre la tentación de creerse el pueblo privilegiado. Ser elegido. Puede mirarse como una misión o como un privilegio. Y eso vale también para nosotros. Si yo miro la elección como un privilegio, me centro en mí mismo, en mi dignidad, en lo que se me debe. Pongo mi centro en mis intereses y trato de proteger mis espacios. Todo eso sucede cuando uno mira la elección como un privilegio.

Pero si uno mira la elección como una misión, uno se da cuenta de que todo lo que ha recibido lo ha recibido para compartirlo, para poder darlo a otros, para llevar también a otros la misma experiencia de amor que uno tiene. Esta reflexión muestra lo que tuvo que vivir Pedro. Pedro miraba su condición de judío como un límite infranqueable. Cuando Dios, a través de esa visión, le dice mata y come, Pedro dice "De ninguna manera. Nunca ha entrado en mi boca nada impuro refiriéndose a esos alimentos. Pero Dios rompe ese límite en el corazón de Pedro. Le hace ver las cosas de otra manera. Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú, profano.

Y mientras está esa visión, podríamos decir adentro de Pedro, a la casa donde él estaba, llegan estos paganos pidiendo ayuda, misericordia. Y Pedro conecta las dos cosas. Se da cuenta de que Dios está abriendo un camino y de esa manera empieza a llegar el Evangelio con mayor abundancia a los no judíos, a los paganos. Entonces Pedro deja de encerrarse en su condición de judío y se convierte en misionero del amor misionero del amor de Dios. Así que la enseñanza parece que es esa. La elección que hemos recibido, podemos mirarla o como un privilegio, pero entonces nos encerramos en egoísmo y finalmente en pecado. O podemos mirarla como un encargo, como una misión, y entonces encontraremos muchas ocasiones de ejercer caridad con nuestros hermanos.

Luego uno puede aplicar esta reflexión a su propio caso, porque ahora tenemos que preguntarnos en qué sentido también nosotros hemos sido elegidos. Piense, por ejemplo, en el caso del sacerdote. El sacerdote ha recibido una elección. Dios lo ha llamado. Dice el Evangelio de Juan. No me elegisteis vosotros a mí, Yo os elegí a vosotros. El sacerdote tiene que considerarse elegido y llamado por Dios. Pero si mira esa elección como un privilegio, empieza a considerarse que él es un cristiano de primera categoría y los demás son de segunda o de tercera categoría. Entonces va a caer en una especie de celo por su propia dignidad y porque se preserven sus derechos. Pero va a ser lento en el servicio a los hermanos.

Muchísimos sacerdotes, sin embargo, miran su vocación y su vida de otra manera. La miran como una misión que he recibido, un poder bendito, maravilloso, de perdonar los pecados. Eso no es para que me aplaudan, eso es para ponerlo al servicio de los otros, que he recibido el poder de consagrar el Cuerpo Santísimo y la Sangre bendita de nuestro Señor Jesucristo. Ningún privilegio. Esa es la manera como Cristo me dice ve y alimentalos. He tenido una formación seguramente superior al promedio de la población. Eso podría volverse motivo de vanidad. Qué vanidad ni qué nada. Lo que he aprendido, lo que he conocido, es para ayudar a disipar dudas. Es para ayudar a consolar, a marcar una luz. Entonces hay muchos sacerdotes. Bendito sea Dios. Que miran su vocación como una misión. No se encierran en privilegios, es una cosa estéril.

Lo mismo tenemos que aplicar todos los cristianos. Pensemos que nuestra fe es un regalo muy grande. El regalo de pronunciar el nombre de Jesús y de saber un poco cuánta riqueza hay en ese nombre. Entendiendo que no hay otro nombre por el que podamos salvarnos, el regalo de llamar a Dios Padre, de llevar una vida en el Espíritu, de ser parte de una familia que tiene más de dos mil años porque hunde sus raíces en el Antiguo Testamento. Entonces, si yo miro mi fe cristiana como un privilegio, quizás desprecio a los otros. Y me limito a tener desconfianza del ateo, del musulmán, incluso del que ha perdido la fe. Pero qué bonito, en cambio, si esta persona que tiene esa fe la valora, la agradece y le dice al Señor. Y ahora yo cómo puedo compartir esta hermosura con otros en mi familia, con mis amigos, en mi lugar de trabajo. Yo quiero que todos te conozcan, yo quiero que todos te amen.

Así que mis hermanos, nos quedamos con esa enseñanza para el día de hoy. La elección, la vocación, es un regalo. No lo convirtamos en un privilegio. Pongámoslo a trabajar en el servicio de la misión. Cada uno desde su lugar. Amén.

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