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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al recibir verdaderamente a Jesucristo y entregarle su trono, Él mismo te defiende y no permitirá que lleguen ladrones y salteadores a tu vida.
Homilía p041017a, predicada en 20170508, con 4 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El tema del Buen Pastor es abundante en esta cuarta semana de Pascua. Sirva ello para que elevemos fervientes oraciones por nuestro Papa Francisco, por nuestros Obispos y por los Sacerdotes, Catequistas y Misioneros que de diversas maneras, según sus diversos encargos, nos ayudan a alimentarnos en la fe y a crecer en el amor a Dios.
El texto de hoy corresponde exactamente al texto del Evangelio el que fue proclamado el día de ayer. Esta es una de esas cosas extrañas que suceden en el Ciclo A. El cuarto Domingo de Pascua tiene para el Domingo el mismo Evangelio que se escucha el Lunes. Ciertamente, para este Lunes hay también un texto alternativo. Pero yo no quiero cambiar el pasaje que estamos reflexionando, sobre todo porque San Juan es tan profundo, es tan bello. San Juan nos ayuda a descubrir detalles del ministerio y la vida de Cristo que tal vez no están de la misma forma en ninguna otra parte de la Biblia.
Por ejemplo, observemos lo que dice Cristo con respecto a los demás que tratan de entrar al rebaño, dice el Señor los que han venido antes de mí son ladrones y son salteadores, es decir, vienen a hacer daño y vienen a robar. Efectivamente, lo propio del pecado es robar aquello que le pertenece a Dios por ser criaturas del Señor y sobre todo por haber sido redimidos por el precio de la sangre de Cristo. Nosotros verdaderamente le pertenecemos a Jesús. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Ya decían los antiguos hebreos.
Pero nosotros le pertenecemos todavía por otro título, por otra razón. Porque Él nos ha adquirido al altísimo precio de su propia sangre. Eso quiere decir que cuando nos entregamos al pecado, tristemente estamos robando a Dios, porque siendo posesión suya estamos quitándole a Dios lo que le pertenece para dárselo a los ídolos, para dárselo al poder del pecado. Este es el sentido de esa expresión. Ladrones y salteadores. Pero hay un detalle. Repito que no debemos dejar pasar. Cristo dice los que han venido detrás de mí, los que han venido antes de mí, son ladrones y salteadores.
Se presenta así Cristo como el que llega de último, o por lo menos el texto que tenemos de ninguna manera indica que después de Cristo puedan venir otros que sean ladrones y salteadores. Sé que hay otros pasajes que indican con otras comparaciones otras cosas, pero hoy estamos reflexionando en estos versículos del capítulo décimo de San Juan. Y resulta que hay una explicación alegórica muy bella sobre esa expresión que utiliza Cristo. Los que han venido antes de mí son ladrones y salteadores. ¿Por qué no hace alusión a los que llegan después de Él? Parece ser que la razón es esta porque una vez que Cristo ha entrado seriamente en nuestra vida, una vez que Él ha tomado su trono, Él mismo defiende lo que le pertenece. Él mismo, una vez que reina dentro de nosotros, impide que lleguen esos otros ladrones y salteadores.
Efectivamente, la Ley de Moisés, por ejemplo, con sus numerosas indicaciones, exhortaciones, incluso amenazas, también bendiciones, estaba mostrando el camino. Pero la Ley de Moisés no traía la inhabitación del dueño de casa a nosotros, que somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Observemos lo que dice el libro del Apocalipsis. Estoy a la puerta y llamo, si alguno me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo. Cristo quiere llegar para quedarse. Por eso también nos dice: Permaneced en mi amor.
Esto quiere decir que el que recibe verdaderamente a Jesucristo, ese que se queda con Jesucristo, ese ya no tiene que temer a los ladrones, ya no tiene que temer a los salteadores, porque el que recibe verdaderamente a Cristo y le da su trono, tiene al mismo Cristo como verdadero defensor que no permitirá que caiga la casa.

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