Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Esquema del camino que va del paganismo a la fe plena.

Homilía p041015a, predicada en 20150427, con 20 min. y 12 seg.

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Transcripción:

La manera tan bella como Dios abre camino a su Evangelio entre aquellos pueblos que no tenían relación alguna con el judaísmo. Esos pueblos no judíos son los que la Biblia llama los paganos o los gentiles. Interesa muchísimo lo que nos enseña la Biblia sobre los gentiles, porque esos somos nosotros. Quizás haya alguien aquí que tiene entre sus parientes, abuelos o bisabuelos judíos, pero creo que la mayoría de nosotros no tenemos esa raíz, no tenemos esa sangre, esa raza. O sea que lo que la Biblia diga de los gentiles debe despertar nuestra atención porque está hablando de nosotros.

Y hoy lo que se presenta en la primera lectura es cómo llegó por primera vez, con toda su fuerza y con todo el poder del Espíritu, el Evangelio, a esos pueblos que son como nuestros pueblos. Está hablando de nosotros, está hablando de la ternura y la providencia de Dios para con nosotros. Esto sucedió en la casa de un hombre llamado Cornelio.

Y hay tres elementos que se dan. Esto es como un trípode. Tres elementos se dan para que llegue el Evangelio ahí. Hay una preparación en la conciencia, hay una intervención de los ángeles y está la predicación de los apóstoles. Esos tres elementos aparecen ahí.

La preparación de la conciencia tiene que ver con la manera como Cornelio, lo mismo que muchos otros paganos simpatizaban con la ley judía, simpatizaban con el estándar moral de los judíos. Probablemente eran personas hastiadas de los caminos torcidos, perversos, repugnantes, corruptos. Los caminos de la superstición, la idolatría, los caminos del vicio del ocultismo, los caminos de la arrogancia y del abuso de poder, y los caminos también de la adoración del placer. Gente hastiada de eso, gente que busca algo distinto en esa preparación, en esa insatisfacción de tantos paganos. Como Cornelio ya estaba obrando Dios.

Esto es importante porque sin esa preparación, sin esa especie de fastidio frente al pecado, sin ese cansancio frente a la repetición de la idolatría, lo demás no tendría eficacia. Es necesario. Y esto debemos pedírselo a Dios para nosotros mismos y también para aquellos que se conviertan hoy. Necesitamos que la gente sienta fastidio del pecado. Necesitamos que la gente sienta asco. Mi buena amiga de Siena dice que es necesario el odio. Como es necesario el amor. Si la persona no siente odio hacia el pecado, fastidio, repugnancia, asco. Sigue dando vueltas sobre el mismo lodo. Bendita la hora en que una persona se mira a sí misma y dice ¿Yo qué estoy haciendo? ¿Qué es esto? ¿En dónde me he metido? ¿Por qué hago esto? Jesús dice en el Evangelio de Juan nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae.

Pues bien, una de las maneras como el Padre atrae es precisamente produciendo ese cansancio, esa sensación de absurdo, de fastidio. Por favor, ustedes son gente que ora. Pídanle también eso a Dios. Pídanle a Dios que muchos jóvenes, sobre todo jóvenes, perciban la vaciedad de una vida entre vicios y pecados, que perciban ese absurdo y que sientan la urgencia de buscar algo distinto. Eso era lo que le pasaba a gente como este Cornelio. Ellos ya no podían creer más en esos festivales religiosos ridículos, llenos de excesos, llenos de orgía y de borrachera. Ya no podían creer más en eso. ¿Qué religión va a ser esa? Entonces buscaban un estándar moral diferente. Se volvían lo que la Biblia llama prosélitos. Los prosélitos eran griegos o gentiles, o paganos. Las palabras son prácticamente sinónimas en este caso. Eran gente que buscaba algo distinto. Tenemos que pedirle eso a Dios para nosotros. El demonio puede muy poquito, muy poquito, con un corazón que esté realmente decepcionado del pecado. Ese es el primer punto.

Luego viene el segundo punto, que es el que menos se predica la intervención del ángel. Hay un ángel que interviene. Qué cosa tan bonita. Ver el papel tan hermoso de los santos ángeles. En el libro de los Hechos de los Apóstoles. Dice aquí, que este hombre había visto en su casa al ángel que le decía manda recado a Jaffa e invita a Simón Pedro a que venga. Lo que te diga te traerá la salvación a ti y a tu familia. Simplemente dice un ángel. Debemos contar más con la presencia, con la acción, con la intercesión de los ángeles. Un ángel precede la concepción de Juan Bautista. El mismo arcángel precede el nacimiento mismo de nuestro Señor. Los ángeles acompañan a Cristo en el desierto. Los ángeles acompañan a Cristo en Getsemaní. Los ángeles evangelizan a las mujeres. Cuando Pedro es liberado de la cárcel, es un ángel el que le va abriendo puertas. Tenemos que creer mucho más, me parece, en esa acción de los santos ángeles, invocando nuestros propios ángeles custodios y pidiendo a Dios también que a través de los ángeles, de las personas a las que vamos a hablar, se abran caminos.

El papel del ángel es al mismo tiempo grandioso y humilde. Fíjate que cuando una persona está desesperada, fastidiada, hastiada del pecado, puede caer en desesperación, puede pensar en el suicidio, puede pensar la vida no tiene ningún propósito, yo voy a acabar con esto. Lamentablemente, eso está pasando con algunos jóvenes en nuestra época. Tienen toda la razón en sentirse hastiados del mundo, pero si no les llega un ángel, el hastío se vuelve desesperación. Entonces hemos de creer en ese papel de los santos ángeles. Porque una cosa es despreciar la tierra y otra cosa es amar el cielo. Y son los santos ángeles los que preferentemente en el plan de Dios, hacen ese cambio, de modo que uno no se quede simplemente fastidiandose de la tierra y de las cosas de este mundo, sino que empiece a enamorarse de las cosas del cielo.

Es decir, necesitamos ángeles que nos muestren que hay camino, que sí hay camino, que sí hay algo que se puede hacer. Ese es el papel grandioso de los ángeles, pero también es un papel humilde y la humildad se nota en que el ángel abre el camino para que el apóstol predique, no predica a él. Hay tantas intervenciones tan humildes de los ángeles en la historia de la Iglesia que de verdad si uno tiene un poquito de sensibilidad y de fe, uno tiene que sentir dolor por tanta vanidad que uno tiene. Es que son tan humildes los ángeles.

Acuérdate, por ejemplo, en el caso de Fátima, las apariciones en Fátima, este ángel que prepara a los pastorcitos para que reciban a la Virgen, pero le deja todo el protagonismo a la Santísima. Eso es muy lindo. Me conmueve como sacerdote el hecho de que el ángel les da la Eucaristía, pero ustedes saben que los ángeles no pueden ser Sacerdotes. Entonces el ángel tiene que tomar la Eucaristía de un Sagrario. Eso me parece impresionante. Porque entonces yo digo ¿Qué es un Sacerdote? ¿Qué significa ser Sacerdote? El ángel no puede consagrar por este permiso especial de Dios. El ángel puede llevar la comunión, pero el ángel no puede consagrar. Y resulta que este miserable pecador ha recibido ese encargo de la Iglesia y esa unción de Cristo. O sea que eso tiene que llamarme a la conversión y a la humildad.

Ese papel de los santos ángeles es realmente muy hermoso. Por ejemplo, como digo en el caso de Fátima, el ángel no evangeliza, es decir, no le quita su lugar al apóstol. Abre el camino y se quita. Y yo creo que eso también tiene que inspirarnos a nosotros, especialmente los que estamos en la misión, en la evangelización. Si uno quiere ser comunicador de la Buena Noticia, uno tiene que aprender a ser como los ángeles, tiene que abrir camino y saber quitarse también. Porque el importante es Él y lo que importa es que la gente se quede con Él.

Entonces está el papel de los santos ángeles. Qué voz tan bella la del ángel. Viene salvación para ti, viene salvación para tu familia, para que Cornelio no se quede simplemente fastidiado, cansado, hastiado, asqueado del mundo. Viene salvación, si hay algo que se puede hacer. Es un ángel de esperanza este. Qué hermoso que también nosotros de modo metafórico podamos ser ángeles de esperanza.

Yo trato de corregirme y le pido a Dios que me corrija, porque cuando uno predica uno tiene que denunciar el pecado, pero es todavía más importante anunciar esperanza. A veces es muy fácil hacer listas de pecados y como se dice, el cura regaña y regaña y regaña. Y es tan fácil regañar, es tan fácil señalar cosas que están torcidas y perversas en el mundo. Eso es fácil. Pero lo hermoso está en esto que nos enseñan los ángeles, en que más allá de la denuncia, nosotros seamos ángeles de esperanza, que podamos poner una sonrisa en aquellos corazones que están cansados del mundo, que están cansados del pecado. Entonces, ese es el segundo elemento.

Primero, la preparación en la conciencia. Segundo, la intervención del ángel. Y luego llega Pedro. Luego llega la predicación de los apóstoles. Nosotros sabemos por el capítulo anterior, por el Capítulo Décimo de este mismo libro de los Hechos, sabemos un poquito de lo que Pedro predicó. Y ahí pasa algo semejante a lo del ángel. Cuando Pedro predica le dice a la gente. Voy a hablarles de Jesús. La cosa empezó en Galilea. Juan predicaba un bautismo para perdón de los pecados. Jesús pasó haciendo el bien. Eso dijo Pedro y casi no alcanzó a decir más. Por qué, entonces vino el poder del Espíritu que cayó sobre esa asamblea y la gente empezó a bendecir, empezó a alabar. Hablaban en lenguas, cantaban, danzaban, glorificaban a Dios.

O sea que a Pedro le tocó hacer lo mismo del ángel. El ángel le abre paso a Pedro y Pedro se calla porque habló el Espíritu. Fíjate cómo esto es una secuencia de humildad. El Padre Celestial, obrando en la conciencia de los que están en el mundo, les produce fastidio. Pero luego el Padre no se revela en ese momento a sí mismo, sino que deja espacio para el ángel. Y el ángel hace su parte y se quita y deja espacio para el apóstol. Y el apóstol hace su obra y se quita y deja espacio para el Espíritu. Y en el Espíritu es donde se realiza la plenitud de la redención y de la salvación. Sin embargo, el Espíritu también tiene su propia humildad. Jesús nos dice en el Evangelio de Juan Él no va a hablar cosas propias, dice, del Espíritu, sino que les va a recordar lo que yo he dicho.

Uno se da cuenta que en estas cosas de Dios todo es tan humilde como que cada uno simplemente quiere hacer lo que tiene que hacer y quitarse, y sigue la obra y sigue la maravilla. Observemos la predicación de Pedro en las poquitas líneas que alcanzó a decir. Destacó dos cosas: el bautismo de Juan, que significa arrepentimiento, y luego presentó la figura de Cristo. Pasó haciendo el bien. Ese es el corazón de la evangelización. Mostrar el camino del arrepentimiento y mostrar el camino de la gracia. De ese modo, mostrando el camino del arrepentimiento Pedro confirma lo que el pagano Cornelio había sentido en su corazón en la preparación de su conciencia por el Padre celestial. O sea, la predicación del apóstol confirma la primera patita del trípode. Y luego dice Jesús pasó haciendo el bien. Y así confirma el anhelo de esperanza que había anunciado el ángel.

Entonces la predicación del apóstol viene a confirmar lo que Dios había venido haciendo. Y es así como esta familia, como este pagano Cornelio y toda esta familia cambia, se transforma, se llena de alegría, se llena de Espíritu. Eso es lo que significa llevar la Buena Noticia a los paganos. ¿Qué hacemos nosotros? Aprender, aprender la lección de la humildad. Aprender a obrar bien y desaparecer discretamente como María. La última misión visible que Dios necesitaba de María es que ayudará a dar a luz a la Iglesia Cuerpo de Cristo. Puesto que había dado a luz a Cristo cabeza de la Iglesia, ahora que ayude a dar a luz al cuerpo de Cristo. Así se completa el misterio de la maternidad de María. Hizo eso en Pentecostés y desapareció. Ya no vuelve a aparecer ella. Es tan bello eso.

Entonces pidamos al Señor que en humildad y en caridad hagamos lo que tenemos que hacer y sepamos desaparecer. Pidamos al Señor que crezca nuestra fe en la presencia y la acción de los santos ángeles. Pidamos al Señor que tengamos siempre un mensaje de esperanza. Que la gente llore de dolor por sus pecados, está bien. Pero no nos quedemos tranquilos si no les queda después de ese llanto, una sonrisa de confianza en Dios, una profunda confianza y una dulcísima esperanza. Y por último, una última lección la de Pedro predicar el arrepentimiento, pero mostrar de cuerpo entero la bondad de Cristo. Eso es el Evangelio. Que queden prendados de Cristo, que queden fascinados de Cristo, que ya no se quieran separar jamás, ni en el tiempo ni en la eternidad de Cristo Jesús. Amén.

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