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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El plan del libro de los Hechos de los Apóstoles está en las palabras que Cristo dice al principio: "Seréis mis testigos..."

Homilía p041013a, predicada en 20140512, con 4 min. y 55 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del Capítulo Once de los Hechos de los Apóstoles. Yo creo que este es un buen momento para recordar algo que sucedió al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles. Todo este libro de la Biblia está marcado por unas palabras que Jesús dice en el Capítulo Primero. Jesús anuncia a sus apóstoles Seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaría, en Galilea y hasta los confines del mundo.

Recordando un poco la geografía, podemos ver que Jerusalén queda al centro de las palabras de Cristo. Un poco más al norte vamos a encontrar a Samaria. Todavía más al norte está Galilea. Evidentemente se trata de un movimiento de expansión que tiene su centro, o como se dice en los terremotos, tiene su epicentro en Jerusalén. Y desde ese temblor, desde ese sacudirse la creación por la llegada del Espíritu, se va a producir un movimiento como de ondas concéntricas, como lo que sucede en el lago cuando arrojas una piedra, ondas concéntricas que se van expandiendo y que van llegando a nuevos y nuevos lugares.

Ese plan implica que el Evangelio tendrá que llegar a nuevas situaciones, que va a encontrar nuevos desafíos y por consiguiente, implica que la Iglesia, una y otra vez necesita adaptarse a esquemas nuevos y más amplios de presencia de Dios. Quiero decir, no es lo mismo anunciar el Evangelio solo en Jerusalén y solo a oyentes judíos, que llegar a nuevas situaciones.

Por ejemplo, las que tuvo que enfrentar ya el apóstol Pedro. Cuando Pedro llega a la ciudad de Jaffa, se encuentra con que no solamente hay judíos que están interesados en la persona de Jesús, sino que también hay otros que por nacimiento son paganos, pero que simpatizan con el judaísmo, que conocen bastante bien las Escrituras y que tienen alguna forma de esperanza en Jesús. Entonces, no es que el Evangelio cambie, sino que al encuentro con nuevas situaciones y con nuevas culturas y con nuevos desafíos, poco a poco el Evangelio va revelando su riqueza inmensa.

En este sentido, aunque es verdad que la Iglesia es depositaria del Evangelio, no es menos verdad que el Evangelio sólo progresivamente va revelando toda su riqueza. Sí, progresivamente, porque solo en el curso de la historia van apareciendo esos nuevos desafíos. Como decía el Papa hoy canonizado San Juan Pablo Segundo, los nuevos areópagos. El areópago en Atenas era la plaza principal donde se daban las discusiones y donde se daban, podríamos decir, la primera expansión de las religiones, filosofías y corrientes de la época.

Ese era el areópago, pues Juan Pablo Segundo nos ha dicho que hay nuevos areópagos que el Evangelio no cesa de expandirse y que al contacto con esos nuevos desafíos guiada por el Espíritu, la Iglesia no deja de asombrarse. No cesa de asombrarse por la manera como Dios extiende más y más su amor y manifiesta más y más su poder redentor. Que ese asombro, ese bendito asombro que aparece al final de la primera lectura, se adueñe también de nosotros, para que también nosotros le demos alabanza al Padre que está en los cielos.

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