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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios quiere a la vez que protejamos lo que Él nos ha dado, y que sepamos compartirlo sin perderlo nosotros, o sea sin que los evangelizadores resulten evangelizados por doctrinas contrarias.
Homilía p041011a, predicada en 20120430, con 8 min. y 53 seg. 
Transcripción:
La tradición de la Iglesia, mis hermanos, ha visto en la expresión que utiliza Cristo, eso de que tiene otras ovejas que no son de este rebaño. Ha visto ahí una insinuación de la evangelización de los pueblos no judíos. Los que la Biblia llama también los gentiles. Ese mismo tema, el tema de la extensión del Evangelio a los no judíos es lo que aparece en la primera lectura tomada del Capítulo Once de los Hechos de los Apóstoles.
La verdad es que fue un proceso bastante traumático para los judíos que habían aceptado a Jesús como el Mesías. Llegar también a aceptar que ese Mesías era no solamente el Ungido del Padre para cumplir las promesas que Dios les había hecho, sino que era el Salvador de todo el género humano. Era un proceso o fue un proceso que implicó un cambio completo de mentalidad. Indudablemente hubo tensiones, como encontramos varias veces en este libro de los Hechos de los Apóstoles, tensiones, porque muchos sentían que se iba a caer en infidelidad a Dios si ellos se apartaban de la Ley de Moisés.
Podemos decir que el Espíritu Santo tuvo una delicada y potente pedagogía para guiar a los judíos convertidos al cristianismo, guiarlos en la aceptación de esta idea completamente revolucionaria. El episodio de hoy, la narración que hace San Pedro de lo que a él mismo le sucedió fue un paso muy importante, porque todos sabían en la comunidad cristiana, que Pedro tenía el encargo recibido del mismo Cristo de confirmar a sus hermanos en la fe. Es ni más ni menos que la palabra de aquel que tiene que asegurar la fe en todos, como sigue siendo el oficio del sucesor de Pedro. Indudablemente lo que dice el Papa tiene un carácter normativo y tiene un carácter vinculante que va más allá de lo que podría decir cualquier otro creyente.
¿En qué consistió ese cambio de mentalidad? Pues yo creo que se ilustra bien con otro pasaje del Evangelio. Ustedes recuerdan lo que sucedió entre Jesús y un leproso, como aparece al principio de San Marcos. La Ley de Moisés prohibía a los leprosos acercarse a la gente que tuviera sana su piel. El propósito de esa normativa de Moisés era que la lepra del enfermo no debía pasar a aquel que estuviera sano. Es decir, para prevenir que la maldad del malo gane sobre la inocencia del bueno. La Ley de Moisés prescribía esa distancia. Pero en ese pasaje de San Marcos es Jesús el que toma la iniciativa de tocar al leproso, mostrando así que en Él, en Jesús, hay una limpieza tan grande que no solamente no se le pega la lepra del enfermo, sino que es la sanidad y la limpieza de Cristo la que se le pega al que antes estuvo con esa enfermedad.
Es decir, con Jesús irrumpe una fuerza de bondad tan grande que esas prescripciones de separación que aparecían en la Ley de Moisés ya pierden sentido. Fue muy importante cuando llegó el pueblo elegido a la tierra prometida. Fue muy importante ordenarle que no se mezclara con las naciones paganas. En esa época Israel era muy niño, era demasiado débil. Y si se hubieran mezclado con los otros pueblos, muy pronto la pureza de su elección se hubiera perdido y ellos mismos quizás se hubieran corrompido completamente, perdiéndose así la obra de Dios.
Pero las cosas han cambiado. Israel ha madurado en el sufrimiento, en la oración, en la presencia del Espíritu. Israel se ha vuelto adulto y ese adulto se llama Jesucristo. Y en la persona de Jesucristo el bien es tan intenso, es tan presente, que ya no hay que temer esa cercanía con los otros pueblos, porque no va a ser el paganismo el que se le pegue a estos cristianos, sino será el cristianismo el que tiene que impregnar a esos otros pueblos.
Pero mis hermanos, hay que ser muy cautos en esto. Hay que ser cautos, porque de todas maneras los dos fenómenos se dan. En algunos lugares de esta tierra los evangelizadores han resultado evangelizados, es decir, se les ha pegado el paganismo y han soltado lo que tenían que haber anunciado. No hace mucho estaba en las noticias el caso de un sacerdote que se fue a evangelizar aquí en Colombia a la Sierra Nevada y este hombre se supone que iba a anunciar el mensaje de Cristo a los indígenas de la Sierra Nevada. Pero después de un tiempo él empezó a admirar la sabiduría de los indígenas y luego le pareció que la armonía de los indígenas con la naturaleza era algo realmente hermoso. Y después empezó a creer que la oración de los indígenas era mucho más pura, mucho más inocente. Y para hacer corto el cuento, pues este hombre abandonó su cristianismo y se volvió chamán. Entonces el padrecito iba a evangelizar, pero resultó evangelizado.
Eso también ha sucedido con algunas comunidades religiosas en la India. Prefiero no mencionar nombres. Fueron allá y entonces le iban a predicar a los hindúes. Pero por favor, sépanlo. Los que van a ir a la India. Resulta que no es fácil evangelizar en la India porque la primera sorpresa que usted se va a llevar es que si usted les trae el anuncio de Jesús, lo reciben con alegría. Bueno, hay unos extremistas, sabemos, pero la gran mayoría del pueblo recibe con alegría las historias sobre Jesús. Los milagros de Jesús. A la Virgen María la aman intensamente.
Entonces el misionero queda completamente despistado porque encuentra a gente que es muy receptiva, que acoge con entusiasmo y además se lleva otra sorpresa. Muchos de los indígenas que no debo decir así, muchos de los indios de este país, país de la India, tienen costumbres supremamente limpias. Nada de desórdenes sexuales, nada de alcoholismo, nada de droga, nada de robo. Entonces el misionero queda completamente descontrolado porque él está acostumbrado a predicar, a que hay que dejar el pecado y pronto se da cuenta de que él mismo trae más vicios de Occidente que la gente que va a evangelizar. Y además, estos tienen unos métodos de meditación y una espiritualidad tan profunda que entonces muchos de los misioneros en la India en ese descontrol, terminan creyendo que la gran cosa es adoptar la meditación zen o el budismo o cosas parecidas.
O sea que sí hay una sabiduría en eso de tener cuidado. Las dos palabras claves hoy son elección y misión. Moisés fue muy celoso en que el pueblo cuidara su elección. Tú eres elegido de Dios. No dejes perder eso. Pero Moisés enfatizaba tantísimo la elección que prácticamente hizo del judaísmo una religión sin espacio para la misión.
En cambio, hay otros que están enfatizando tantísimo la misión o que se han volcado tanto en inculturarse y tienen tanto deseo de ir a las Indias que al fin las encuentran.
Entonces hay que tener ese balance. La idea es que nosotros conservamos nuestra elección y al mismo tiempo desde la fuerza de Cristo, desde el Espíritu de Cristo y desde la unión con Cristo. Y esto es lo fundamental, podemos propagar el Evangelio de salvación. Así nos lo conceda Dios por la intercesión de San Pío, Quinto. Amén.

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