Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fuerza expansiva del evangelio pronto tenía que rebasar los estrechos límites del judaísmo. No fue un proceso fácil pero la docilidad de Pedro a la moción del Espíritu ayudará grandemente.

Homilía p041008a, predicada en 20110516, con 4 min. y 30 seg.

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Transcripción:

Los Hechos de los Apóstoles nos presentan. De manera resumida, podemos decir en grandes pinceladas de dónde viene nuestra propia fe. Y lo que nosotros miramos en este libro no es la historia de otras personas, es nuestro propio origen, porque aquello que proclamaron los primeros testigos es lo mismo que nosotros creemos y por eso nos interesa mucho ver en el recorrido de la fe de ellos el recorrido que también tiene que hacer nuestra fe.

En ese libro descubrimos que la fe tiene un punto central y un acontecimiento central. El acontecimiento central es que Cristo ha vencido a la muerte, ha vencido al demonio y al pecado, y su victoria no es otra cosa sino la resurrección. Cristo resucitado, verdaderamente vivo. Cristo, que vence en primer lugar la incredulidad de sus propios discípulos. Tiene fuerza suficiente para llevar esa victoria hasta el último rincón del mundo, y por eso, de un solo lugar que es el Cenáculo en Jerusalén habrá de salir una fuerza expansiva guiada por la gracia, guiada por el amor del Espíritu Santo de Dios, hasta llegar a los últimos confines. De eso es de lo que se trata como una explosión, pero no explosión que destruye, sino que construye. En esa expansión de la Buena Noticia. La fe tenía que salir del ámbito puramente judío.

Sabemos que los doce apóstoles Cristo los escogió del pueblo de la Antigua Alianza, entre otras cosas porque el mismo Cristo es el cumplimiento de las promesas de Dios a este pueblo. De modo que primero a ellos, primero a los judíos tenía que llegar la buena noticia de la reconciliación y de la bendición que Dios enviaba en su Hijo. Pero como ya lo había anunciado Isaías en alguno de sus cánticos, Te hago luz de las naciones. La vocación última del pueblo judío, vocación que cumple perfectamente el Señor Jesús, es llevar la luz a todas las naciones. Y esto implicaba llegar también a los no judíos.

Necesariamente tenía que darse una especie de confrontación, una especie de tensión, porque por muchas razones, el judaísmo había ido construyendo alrededor suyo una muralla, en parte muralla de protección y en parte muralla de privilegios. Romper esa muralla, llegar a establecer una verdadera comunión de amor entre aquellos que parecían irreconciliables, enemigos. Ésta será una de las más grandes tareas del Espíritu, y la lectura de hoy nos presenta una escena muy importante en ese proceso.

Es el discurso de Pedro cuando tiene que explicar a sus hermanos de raza por qué ha entrado en casa de paganos, concretamente en la casa de un hombre piadoso llamado Cornelio. Y Pedro cuenta cómo se ha visto forzado por la acción del Espíritu Santo Espíritu que se le ha adelantado a él. Cómo a través de esa acción del Espíritu, Pedro ha descubierto que la Buena Nueva también tiene que llegar a ellos. Será un proceso largo, un proceso del que también nosotros somos parte. También en nosotros tiene que darse esa fuerza expansiva, que no es otra cosa sino el mandamiento de la misión llevar a otros la Buena Noticia venciendo barreras, rompiendo prejuicios, proclamando la victoria del Señor.

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