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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lleguemos a la puerta que es Jesucristo, y entremos por ella.
Homilía p041001a, predicada en 19970421, con 7 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Jesús, pastor de las ovejas, es también la puerta por donde entran las ovejas. Es la puerta por donde se entra, porque en Él comienza la vida y es el pastor de las ovejas, porque Él es el que custodia la vida que Él mismo otorga. Él es la puerta, porque Él es el comienzo y Él es el Pastor, porque Él es el que guarda, el que protege, el que cultiva, el que conserva, el que hace florecer y fructificar la vida de quienes creemos en Él, de quienes no nos avergonzamos de llamarnos sus ovejas y de llamarle a él nuestro Pastor. Jesús es la puerta. Y cuando se entra por Jesús, cuando se llega a Él. Cuando se saluda a ese misterio y se acoge en el corazón, una vida nueva empieza. ¿Cuántas puertas hemos tocado? ¡Cuánto cariño hemos mendigado!. Cuántas veces hemos esperado que un cambio de trabajo o que un cambio de vivienda, o que un cambio de novio, o que un cambio de esposa, o que un cambio de país, o que un cambio de lectura sea la puerta para una vida distinta. Uno visita las librerías, también las que hay aquí cerquita están llenas de puertecitas, de portales, portillos de portones y puertas, ofertas y ofertas, por decir solamente ese ejemplo. Yo me atrevo a decir que casi cada libro que se encuentra uno en una librería es como una puerta que promete felicidad, que promete paz, que anuncia superación personal, armonía, luz interior, vencer la timidez, tener amigos, tener paz, lograr el éxito, Triunfar sobre los enemigos, ganarle a la competencia. Puertas, puertecitas, portones, portillos, portales. Y si nos vamos a cualquier otro lugar del comercio. A los discos, a las películas. Si pasamos una tarde en esta plaza que está frente a la iglesia, ahí conoceremos otras puertas. Cámbiate de religión, vuélvete Hare Krishna. Conoce al Señor Jehová. Acepta a Cristo en tu corazón. No habrás pensado, no has pensado quizá que lo tuyo sea falta de meditación trascendental. Por qué no hacer un curso de metafísica. Por qué no entrar a un gimnasio y recuperar tu autoestima haciendo ejercicios. Puertas y puertas y puertas. Y Jesús dice que Él es la puerta y que hay que entrar por él. Quizá es la última puerta que nos encontramos. Quizá ya hemos tocado muchas otras puertas. Quizás ya le he pedido alegría a una botella de licor y le hemos pedido sabiduría a un libro de metafísica. Y le hemos pedido amor a una infidelidad matrimonial. Y le hemos pedido paz o un extraño rito de meditación, o de cuarto, o de lo que sea. Y después de tocar todas esas puertas, quizá cansados y fastidiados y aburridos, un día nos encontramos con Cristo y sentimos que la propuesta de Él es sincera y sentimos que Él no es ladrón ni bandido, porque el que vende el libro o el cuarto, o la película, o lo que sea, se le ve bien claro cuál es el interés que se trae y por eso se llama ladrón o bandido, porque quiere quitarme algo, quiere aprovecharse de mí. Eso se ve muy bien en el cariño humano. Cuántas mujeres, por ejemplo, viven la experiencia de que su soledad, su falta de amor, es tristemente utilizada por hombres desalmados para empezar ofreciendo ternura y terminar utilizando a bajo precio el cuerpo de esa mujer. Se le nota el interés. Se ve que es un ladrón. Se le nota que es un bandido. Lo que quería no era mi bien, quería una noche conmigo. Lo que quería no era mi bien, quería mi plata. Lo que quería no era mi bien, quería mi mente. A Cristo se le nota que es la puerta verdadera. Porque en su propuesta, porque en su oferta hay una donación sin límite. Hay un amor sin límite, el amor que es manifiesto en la cruz. Y ese amor es capaz de llegar al corazón de uno. Y uno llega a la conclusión de que si alguien ama así. Esta sí es la puerta. Hermanos, la invitación es a entrar por esa puerta, entrar al mundo de Jesús. No se quede usted en la puerta afuera, entre por la puerta. Quizás ya usted sabe que Jesucristo es la verdadera oferta. Quizás ya usted lo sabe, pero usted sigue dando vueltas en la puerta y no entra. Usted sabe que Cristo es el Señor, y usted cree en la sinceridad de sus ojos y de sus palabras, pero todavía no ha entrado. Hay que entrar. Y se entra por Cristo, cuando se le conoce a fondo, se entra por Cristo. Cuando se le dice: Estoy dispuesto, Señor, a recomenzar mi vida en esta puerta que se me ha abierto hoy. Vamos a darle ese sí a Jesucristo. También Él, como dice el libro del Apocalipsis, ha estado a la puerta de nuestro corazón. Dice allá en el capítulo tercero: Mira que yo estoy a tu puerta y estoy llamando ábreme. Pues ya que Él ha llegado hasta nuestra puerta, lleguemos nosotros hasta la puerta de él, hasta su puerta, y entremos por esa puerta y gocemos de esa vida, porque Él ha venido para que tengamos vida. Bendito su nombre y para que la tengamos abundante.

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