Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús es el alimento que sacia, fortalece e ilumina cada aspecto de la vida. En Él encontramos la plenitud, la fuerza y la dulzura del verdadero Pan del Cielo.

Homilía p033015a, predicada en 20260422, con 6 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, yo sé muy poco de gastronomía, pero hay algo que he aprendido y es que el buen alimento debe tener tres características o debe producir tres efectos, para ser más precisos saciedad, vigor y variedad. Si te gusta el tema del arte culinario, si te gusta preparar alimentos o si tienes experiencia en esto de hacer todo tipo de viandas, seguramente estarás de acuerdo conmigo. Los tres efectos más importantes cuando se trata de ofrecer alimentos son los que hemos mencionado: saciedad, vigor y variedad. ¿Qué significa saciedad? Es la alegría de experimentar un bien deleitable, la saciedad se puede dar de muchas maneras. Cuando una persona tiene sed y puede beber un poco de agua fresca, cuando ha terminado de beber lo que necesitaba, tiene una sensación de saciedad. Es decir, mi necesidad ha quedado satisfecha y, por otra parte, mi gusto ha quedado en calma, he podido darme gusto. En la saciedad está entonces la necesidad, por una parte, y el deleite por otra parte.

Por supuesto, estoy hablando de esto porque el Evangelio de hoy nos presenta a Cristo como aquel que es el pan de vida y dice Cristo: «El que me come, no tendrá más hambre. El que bebe mi sangre no tendrá más sed». Esas expresiones nos hablan de saciedad. También está el vigor, nosotros esperamos que el alimento nos dé fuerzas y, de hecho, hay alimentos que pueden ser deliciosos, pero que, como diría un padre muy amigo mío que ya falleció, no sostienen. Es decir, muy poco después de comer, por ejemplo, de tomar una cena o de tomar un buen almuerzo, una buena comida, tú sientes como que otra vez tienes hambre, es decir, como que no te da, no te da fuerzas, no te da vigor. El buen alimento da vigor y Cristo da vigor, por algo decía San Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Te da fuerza, te da vigor.

Y el buen alimento también es variedad. Aún el plato más delicioso si te lo dan todos los días, a todas horas, termina por cansarte y por producirte finalmente repulsión. La variedad es necesaria, pero esto me hace recordar aquella frase, aquel pensamiento tan hermoso, tan profundo de San Juan de la Cruz cuando dice que Cristo es como una mina en la cual los socavones son interminables porque avanzas y después encuentras otro, y encuentras otro y encuentras otro, y eso no acaba nunca, no acaba nunca.

A mí me gusta ver los árboles, por ejemplo, los árboles, en todo tiempo y también aprendí, cuando vivía en Irlanda, también aprendí a disfrutar la belleza de los árboles en invierno. Muchos árboles, como sabemos, en el invierno pierden todas sus hojas, y para algunos, esa es una imagen un poco desconsoladora. Míralo de este otro modo, a mí me gustaba contemplar, estoy recordando aquel tiempo, me gustaba contemplar estos árboles sin hojas porque claro, todas las ramas y luego las ramitas y luego las ramitas más pequeñitas quedan a la vista. Y tú te vas dando cuenta cómo se van abriendo, diversificando, bifurcando, dividiendo hasta llenar completamente el espacio. Se puede decir que el árbol me revela el espacio, sin ese árbol el espacio no sería visible. Pero lo que antes estaba vacío a través de toda esa ramificación, me deja ver como una tremenda variedad.

Eso sucede con Cristo, eso sucede con Cristo. Y la Iglesia saluda a Cristo en la Eucaristía diciendo: «Nos diste, Señor, pan del cielo, que contiene en sí todo deleite». La versión en latín es incluso más elocuente «Omne delectaméntum in se habéntem» en dónde te deleitas. Y eso es lo que uno experimenta cuando uno está con Cristo, porque uno experimenta en Cristo que, en las distintas circunstancias, van apareciendo las distintas providencias, las distintas muestras de la sabiduría inagotable de Cristo.

El que tiene la experiencia de Cristo únicamente porque Cristo me ayudó a salir de un pecado, pues por supuesto, tiene un argumento muy grande para creer en Él y para adorarle. Pero cuando empieza a avanzar tu vida y empiezas a ver que Cristo es la respuesta no solo para una necesidad, sino que Él con su Palabra, con su ejemplo, con su presencia misma, va iluminando cada aspecto de tu vida, es como ese árbol, ese arbolito que se va ramificando y que va llenando todo el espacio de tu vida. Cristo es el pan de vida, Cristo es el pan que te da saciedad, que te da vigor y que te da variedad. Y por eso, vivir en Cristo es experimentar el auténtico, la fuerza y la belleza y la dulzura del auténtico pan del cielo. Conozcamos a Cristo y saciémonos en Cristo, esta es la oportunidad para hacerlo y se llama Pascua. Que Dios te bendiga.

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