Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios quiere para nosotros la felicidad propia de una vida sin límites, sin las cadenas del pecado, sin las limitaciones del miedo y que trasciende las barreras propias del tiempo.

Homilía p033009a, predicada en 20180418, con 5 min. y 30 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo sexto de San Juan, pertenece a toda esa preciosa predicación y meditación sobre Cristo como el pan de vida. Lo más interesante y lo que quiero destacar una vez más en el pasaje de hoy es la relación que hay entre ver y creer, y luego la relación que hay entre creer y tener vida. Por favor, conservemos esta asociación muy clara en nuestra mente y en nuestro corazón: ver, creer, tener vida.

Ver, ¿ver qué? Ver los signos de Dios en nuestra vida. Creer, ¿creer qué? Creer en su amor, creer en su Enviado, creer en su misericordia, creer en su poder y creer que ese poder es más grande que todo lo que haya tenido poder en nuestra vida, por ejemplo, el pecado. Ver, creer, los signos y la fe. Si creemos, si aceptamos, porque creer es aceptar en nuestro corazón lo que Dios ha estado tratando de decirnos, entonces llegamos a vida nueva, y esa vida nueva es la vida que no termina. Literalmente, la vida eterna significa la vida que está más allá de los límites, una vida sin límites. ¿En qué sentido sin límites? En el mismo sentido en el que Cristo nos dice: «El que comete pecado es esclavo del pecado». De manera que, el pecado es el límite, el pecado es lo que empobrece tu inteligencia, es lo que daña tu cuerpo, es lo que arruina tu felicidad, es lo que echa a perder tu familia, es lo que quebranta, es lo que destruye tu mismo ser.

Entonces, una vida sin límites es también una vida sin las cadenas del pecado. Es una vida sin las limitaciones del miedo, es una vida que trasciende incluso, las barreras propias del tiempo. Por eso, por favor, vida eterna no significa simplemente vivir y vivir, y vivir y vivir. El gran modelo para nosotros, con el debido respeto, no es Matusalén. El gran sentido de la vida eterna no es seguir viviendo y seguir viviendo y seguir viviendo como quien dice, pasan y pasan los años, pasan y pasan las galaxias, pasa y pasa el tiempo, esa no es la idea de la eternidad. La eternidad no es larga duración en el tiempo, sino superación del tiempo. La superación del tiempo significa que ya no es un límite para nosotros, es algo un poco difícil de entender, bastante difícil de entender.

Algunos pensadores han comparado la eternidad con la verdad que es propia, por ejemplo, de la lógica o de las matemáticas. Piensa, por ejemplo, uno de los teoremas más conocidos de matemáticas, el teorema de Pitágoras, lo llamamos así. Y piensa que, el teorema de Pitágoras no depende del tiempo, es decir, hace cinco mil años, hace cincuenta mil años era verdadero. Dentro de cinco mil años, dentro de cincuenta mil años es verdadero. Nosotros no decimos: El teorema de Pitágoras resistió otro año más, otro año que el teorema de Pitágoras se sostiene. No, sabemos que la verdad que está enunciada ahí es superior al tiempo, no tiene que ver con el tiempo.

Ese es el nivel de felicidad que Dios quiere para nosotros, esa es la manera como nos quiere felices, esa es la manera como quiere hacer su obra en nosotros más allá de todo límite, incluyendo todo límite del tiempo, esa es la victoria de Dios. Y ¿cómo se llega allá? Ver los signos del amor, creer, aceptar, aceptar con gratitud, aceptar con plena convicción lo que Dios ha hecho en mi vida, sobre todo, la presencia de Cristo. Y de ahí, recibir vida, vida eterna que ya se experimenta antes de partir de esta tierra y que tendrá su plenitud después de la muerte, como participación en la resurrección misma de Cristo.

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