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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cada uno de nosotros, creyentes, es regalo del Padre al Hijo, para gloria suya, y regalo del Hijo, expresión de su obediencia y amor al Padre.
Homilía p033007a, predicada en 20150422, con 4 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Dos cosas muy importantes podemos destacar en el Evangelio de hoy. Estamos estos días meditando en el capítulo sexto de San Juan. Lo primero que se debe subrayar es cómo Cristo acoge a los que el Padre le envía. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que cada discípulo, deseablemente, cada uno de nosotros, es un regalo que Papá Dios le da a Jesucristo, regalo que se convierte en gloria de Jesucristo, en expresión del poder de su Evangelio, de la grandeza de su amor. Yo, si soy discípulo, soy un regalo del Padre para Cristo. Al mismo tiempo, cada uno de esos discípulos, es un regalo de Cristo para el Padre. Cada uno de nosotros le ha salido muy costoso a Cristo, cada uno de nosotros vale precio de su Santísima Sangre. Y Cristo ha luchado por nosotros, por cada uno. Cristo ha orado por nosotros. Cristo nos ha cubierto con el manto de su misericordia, con la bondad de su redención, con el regalo de su duro esfuerzo, hasta derramar la última gota de su sangre. Y de esa manera, nos ha adquirido como pueblo de Dios.
Entonces nosotros somos también el regalo de Cristo al Padre. ¡Qué hermoso descubrirse don! Yo soy regalo de Dios Padre a su Hijo Jesucristo. Y es solamente porque Papá Dios me ha puesto en la ruta, porque Papá Dios me ha llevado a descubrir quién es Cristo, solamente por eso yo puedo acoger el Evangelio de Cristo. Es un regalo, llegar hasta Cristo es un regalo, llegar hasta su Palabra, hasta su mirada, hasta su sacrificio, poder descansar, poder reposar la mirada en el Bendito, Crucificado y Resucitado es un regalo. Eso no se consigue con simples razonamientos, no hay una demostración geométrica, no hay una teoría científica, no hay un argumento filosófico que, de tal manera, atrape la mente que en cierto sentido la obligue a aceptar a Cristo. No, solo puede ser un regalo.
Y por eso, nuestra evangelización tiene que estar llena de oración y tiene que estar llena de alabanza. Tenemos que clamarle a Papá Dios que aumente la gloria de Cristo, que traiga muchos más al corazón de Cristo, que acerque muchos más hacia Jesús. Porque solo los que el Padre le acerca a Cristo, son los que pueden entender ese Evangelio. Y al mismo tiempo, esta es la época para agradecer, esta es la época para entender todo lo que Cristo ha hecho por nosotros, y es la época para decir: Tú has hecho de mi vida una ofrenda, Tú has hecho de mi vida un regalo. Y ¿sabes dónde se nota más eso? En la Santa Misa. Mira la oración con la que se cierra la plegaria eucarística: «Por Cristo, con Él y en Él. A ti, Dios Padre omnipotente». Cuando oigas otra vez en la Misa, por Cristo, con Él y en Él, ahí tienes que decir: Cristo me ha hecho ofrenda, Cristo ha convertido mi vida en don y regalo para alabanza de mi Padre celestial.

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