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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La dura persecución no fue tanto causa de lamento sino impulso para evangelizar en zonas más amplias: gran ejemplo para nosotros.
Homilía p033005a, predicada en 20130417, con 4 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Después de la muerte de Esteban, sucede como cuando una bestia feroz prueba por primera vez la carne y la sangre de sus víctimas. Según se dice popularmente, se ceba aquel lobo que por primera vez mata y come, aquel puma o aquel tigre que por primera vez acaba con su presa y el sabor mismo de la carne y la sangre de esa víctima acrecienta el apetito para lograr nuevas victorias. Algo parecido sucede cuando muere Esteban. La muerte de ese primer mártir exacerba el deseo de aplastar a los cristianos y se desata una muy violenta persecución. Y aquí hay tres cosas que yo quiero destacar.
Primero, que esos cristianos perseguidos, son también cristianos evangelizadores. Es decir, ellos aprovechan la persecución porque tienen que irse de Jerusalén, aprovechan la persecución para evangelizar. Son echados, si utilizamos el lenguaje del mundo, son enviados, si utilizamos el lenguaje de Cristo, es decir, tú puedes leer un mismo hecho como que el mundo me está arrojando, o lo puedes leer como que Cristo me está llamando a otro sitio. Y ellos escogieron leer la persecución de esta segunda forma, ese es el primer punto.
Segundo punto, encontramos que hay un personaje que se llama Felipe, del cual se cuentan varios hechos, varias narraciones, palabras, milagros, hay como un pequeño ciclo del diácono Felipe. Él es uno de los siete que en el capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles fueron elegidos como diáconos, como servidores de la comunidad cristiana. Pero aquí viene el segundo punto, si nosotros miramos lo que sucedió en el capítulo sexto de Hechos, vemos que los diáconos fueron elegidos fundamentalmente como ministros de la caridad, es decir, para atender a las personas desprotegidas, típicamente las viudas en aquella época, para eso fueron elegidos los diáconos, eran ministros de la caridad, en un sentido bastante práctico y bastante material. Y, sin embargo, esos diáconos elegidos para la caridad material se convierten, por lo menos en el caso de Felipe, se convierten también en servidores del pan espiritual. Es muy hermoso ver cómo ellos descubren que no se puede dar demasiado del pan material sin añadir a ese, el pan espiritual de la evangelización.
Qué gran lección para recordar cuando el Papa Francisco también insiste en que la Iglesia no puede volverse una gigantesca ONG, porque parece que el mundo quisiera hoy hacer el proceso inverso. Quisiera una Iglesia que mutilara su misión de pan espiritual y que se dedicara solamente a la promoción humana y al alimento físico y a la vivienda y a los inmigrantes y cosas de estas. Eso es importante, pero no podemos negar la dinámica que tiene lo que aparece en Hechos de los Apóstoles entre el capítulo sexto y el capítulo octavo, mientras que Hechos de los Apóstoles muestra que hay que pasar del simple pan material al pan espiritual, y eso lo hace Felipe, hoy el mundo quisiera tomar a una Iglesia para decirle: Mira, tú no evangelices tú dedícate solo a repartir lo material y solo para este mundo.
Interesante ese segundo punto, y el tercero y último, los samaritanos eran la población despreciada por excelencia por parte de los judíos. Y allá van a dar algunos de los cristianos, y entre ellos el mismo Felipe. Y dice el texto que hemos oído: «La ciudad se llenó de alegría». Es decir, una vez más, son los excluidos, una vez más, son los que parece que no cuentan a ojos del mundo. Son ellos los que experimentan de manera más intensa y más cercana la alegría del Evangelio. Demos gracias a Dios por esta fuerza, por este gozo, y pidámosle sobre todo al Señor que nosotros nunca nos veamos excluidos de Él. Amén.

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