|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestra necesidad más urgente en realidad no es nada de esta tierra; nuestra necesidad más grande es Jesús, solo Él puede saciar el corazón, cambiar la vida y darnos plenitud.
Homilía p032018a, predicada en 20250506, con 8 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Los cuatro Evangelios nos presentan un milagro. El milagro de la multiplicación de los panes. Pero San Juan, además de contarnos la multiplicación de los panes, nos conduce como de la mano. Por todo ese camino como de catequesis que Cristo realizó. Un camino que está en el capítulo sexto de este Evangelio. Y te digo el número del capítulo con la esperanza de que tú vayas directamente a la Biblia y leas lo que aparece allí. Capítulo sexto de San Juan.
Lo nuevo que nos trae este Evangelio es que además del pan material, Cristo va conduciendo a sus discípulos para que descubran otro tipo de hambre y para que descubran otro tipo de pan. Podemos decir que está el hambre material. El hambre que sentimos en nuestro cuerpo y eso está completamente claro, esa hambre existe, esa hambre la tenemos. Está muy real, es parte de nuestra naturaleza. Pero además de esa hambre que podemos llamar física, que podemos llamar fisiológica, el ser humano tiene otros tipos de hambre.
Por ejemplo, uno puede tener hambre de conocimiento o uno puede tener hambre de afecto, porque quiere ser amado, porque quiere amar. Entonces hay distintos tipos de hambre. Y esto es lo hermoso de este pasaje. Repito capítulo sexto de Juan. Que va conduciendo a los discípulos para que descubran más allá del hambre puramente física, descubran esa hambre espiritual, esa hambre que finalmente nos conduce al pan vivo, al pan que ha bajado del cielo y que no es otro sino el mismo Cristo. Ese es el propósito. Y esto, repito, es una peculiaridad del cuarto Evangelio, el Evangelio de Juan.
Los demás Evangelios nos cuentan la multiplicación de los panes, pero no nos dan este desarrollo posterior que podríamos llamar es un desarrollo catequético. Ese desarrollo es el que sí nos trae este Evangelio y ¿cómo se da ese desarrollo? Pues Cristo, según escuchábamos el día de ayer, les dice a los discípulos con una actitud bastante firme, bastante crítica, les dice ustedes me buscan, no porque hayan leído los signos, no porque hayan entendido los signos. La palabra signo en San Juan hace referencia a los prodigios y milagros. Entonces ustedes en realidad no han entendido el milagro. Ustedes no se han dado cuenta de lo que significa ese milagro. Cristo en San Juan siempre quiere que nosotros veamos los signos que Dios nos va dando y que los leamos, es decir, que descubramos en esas acciones maravillosas de Cristo, descubramos algo más.
Les dice Ustedes me buscan, no porque hayan leído o porque hayan entendido estos signos, sino porque comieron hasta saciarse y les dice entonces estas palabras. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura. Esa recomendación ya está elevando la mente de ellos. Claro, cuando uno trabaja por el alimento que perece, uno está trabajando únicamente por este pan. Uno está trabajando únicamente por las cosas de esta tierra. Entonces Cristo dice trabajen por el alimento que perdura. Ese alimento que perdura. Ese es otro nivel. Ahí está Cristo invitando. Ahí está Cristo suscitando en estos discípulos. Está suscitando la conciencia de esa hambre, porque en realidad no es que Cristo se invente esa hambre, y no es que Cristo cree esa hambre en ellos. Más bien, lo que está haciendo Cristo es ayudarles a descubrir esa hambre que está ahí.
Y entonces ahí es cuando ellos le dicen bueno, y ¿cuál es el trabajo que tenemos que hacer? y Cristo les dice. El trabajo es que crean, que crean en el que Dios envió. Ellos le responden. Qué es lo que aparece en el Evangelio de hoy. ¿Y tú qué obras haces para que creamos en el Evangelio? para que creamos en ti ¿qué obras haces? Esa es la pregunta que le hacen y ellos le presentan como argumento porque Moisés dio pan del cielo.
Fíjate cómo poco a poco la conversación va subiendo. La conversación va subiendo porque Moisés les dio pan del cielo. ¿Tú qué haces? ¿Cuál es tu obra? Y entonces dice Cristo No, no fue Moisés el que dio pan del cielo, fue mi Padre el que dio ese pan del cielo. Entonces, poco a poco ya la conversación va saliendo de un tema de estómago y se va elevando. Ya estamos hablando aquí de Moisés, ya estamos hablando aquí del Padre Celestial, ya estamos hablando de otro tipo de pan. ¿Qué es lo que Cristo quiere con todo esto? Que nosotros levantemos el corazón. Te acuerdas que en la Misa nos dicen precisamente eso. Levantemos el corazón. Y nosotros respondemos. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Eso es lo que Cristo quiere que nosotros levantemos el corazón hasta descubrir que nuestra necesidad más grande, que nuestra necesidad más urgente, que nuestra necesidad más profunda, en realidad no es nada de esta tierra, que nuestra necesidad fundamental no es otra, sino Él mismo.
Que en Cristo está la respuesta a todas nuestras necesidades, que es Él, Él y solamente Él el que puede saciar nuestro corazón, el que puede cambiar nuestra vida, el que puede hacer que nosotros encontremos esa plenitud. Acuérdate esa frase inmortal de San Agustín nos hiciste, Señor, para ti. Y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Nuestro corazón está inquieto. ¿Qué significa? Que nos falta algo que encontramos pero no nos saciamos. Que buscamos pero no encontramos. Eso es lo que significa que nosotros estamos en esa condición, en esa condición de necesidad. Pero a veces uno no descubre esa necesidad. A veces estamos tan distraídos en los panes de esta tierra que se nos olvida o nos alejamos de esa hambre que también tenemos y que es hambre de cielo, que es hambre del pan del cielo.
Así que ya tenemos un regalo más para pedirle al Señor en esta Pascua. Y ese regalo es Renueva en mí el hambre de ti. Qué sencilla esa oración. A ver, Repitámosla. Renueva en mí el hambre de ti. Yo sé que tú me haces falta, Señor. Pero he vivido distraído. Yo sé que tú me haces falta, Señor. Pero hacen ruido los ídolos que han entrado a mi corazón. Yo sé que tú me haces falta, Señor. Pero hay tantas voces que confunden. Hazme descubrir cuánto te necesito. Hazme descubrir esa hambre de ti. Que yo pueda decir, como dice el salmo. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de ti, sed del Dios vivo. ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Renueva en mí el hambre de ti. Renueva en mí la sed de ti. Y que buscándote te encuentre. Y en el encuentro y abrazo contigo tenga la plenitud de mi vida. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|