Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No olvidemos que todo el bien que recibimos proviene del corazón de Dios y nosotros por amor y fidelidad a Él debemos llevar este bien a los demás.

Homilía p032014a, predicada en 20200428, con 6 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Hoy vamos a hablar con un ligero tono de filosofía, pero nadie se va a asustar. Vamos a hablar de causas primeras y causas segundas. La manera más fácil de entender este concepto filosófico es con una estructura jerárquica.

Pensemos, por ejemplo, cuando el dueño de una empresa da instrucciones a un vicepresidente y le dice quiero que aumentemos nuestra inversión en el norte de Colombia. Ese vicepresidente recibe esa consigna. Ahora él tiene que hacer que eso sea una realidad. Entonces él habla con varios gerentes regionales, hay un gerente de mercadeo, hay un gerente de producción, hay un gerente, que se yo de ventas. Entonces este vicepresidente habla con ellos sobre esa gran consigna. Queremos mejorar nuestra presencia en el norte de Colombia. Y entonces en una reunión con el gerente de mercadeo dice bueno, vamos a utilizar esta estrategia y con el gerente de ventas, entonces dice ponte de acuerdo con el otro y vamos a hacer esto. A su vez, esos gerentes tienen que hablar con otras personas hasta llegar finalmente a los vendedores, hasta llegar finalmente, podríamos decir a los empleados que están en el campo, que están en el sitio mismo de trabajo y que tienen que hacer realidad esto que se desea.

Tú te das cuenta que es una consigna, es una orden que viene de arriba y que va pasando como por distintos niveles. Podríamos decir que si luego esa empresa logra lo que quiere y aumenta su presencia en el norte de Colombia, podemos decir que se logró, se logró lo que se quería, pero se logró ¿por qué? pues se logró por toda una cadena de decisiones, una cadena que pasó por muchas personas. Podemos decir que en ese ejemplo la causa primera de ese cambio fue el dueño de la empresa. Y luego hay causas segundas. Las llamamos causas segundas a las que vienen asumiendo la consigna o el mandato de la causa primera y que luego van teniendo un margen de decisión y de realización. Causas primeras, causas segundas.

Esto es muy importante porque en la naturaleza, en la creación y en la historia, continuamente encontramos la misma idea. Fíjate que incluso en un campo completamente diferente en el campo del derecho penal, cuando se habla de un crimen, se habla de autor intelectual, autor material. De alguna manera, el autor intelectual es como una causa primera. Es el que ha pensado qué es lo que se quiere hacer. Y puede que sea un crimen, tristemente. Y el otro, en cambio, podríamos decir, un ejecutor. Entonces es una causa segunda. Y para que las cosas sucedan necesitas tanto el autor intelectual como el autor material. Si el autor intelectual se queda únicamente deseando hacer lo que quiere hacer, como que no se va a conseguir el propósito.

Todo esto tiene que ver con el Evangelio de hoy, porque Cristo, conversando con aquellos judíos, les le dicen ellos a él, pero ¿tú qué haces? porque Moisés nos dio el pan del cielo. Y entonces Cristo los corrige y dice no, no fue Moisés el que dio el pan. El que es causa primera de ese pan y de todo el pan, y de todo el bien que tú recibes es Dios, es mi Padre que está en el cielo. Es decir, Cristo nos está enseñando que tenemos que aprender a atribuir a Dios, fuente primera de todo el ser y todo el actuar. A Dios tenemos que atribuir en primerísimo lugar a Él y solo a Él tenemos que atribuir todo el bien. Ahora bien. Pero entonces Moisés ¿no hizo nada?, claro que Moisés hizo. Moisés es causa segunda. ¿Y esto qué quiere decir? quiere decir que nuestra gratitud tiene que ir en primer lugar a la causa primera y en segundo lugar a las causas segundas. No le vamos a quitar gratitud, por supuesto a Moisés, pero hay que saber quién es quién. Y esto vale para todo.

Esto vale también para nuestro tiempo. Por ejemplo, a veces atribuimos demasiado protagonismo a las personas y no debemos olvidar que el bien que recibimos de un profesor, de un catequista, de un predicador, de un sacerdote, de un misionero, el bien que recibimos lo recibimos de Dios. No cometamos nosotros el error y la blasfemia en que cayó el gobernador del estado de Nueva York recientemente. Cuando por fin, Bendito sea Dios, empezaron a disminuir los contagios y las muertes en ese lugar. Y este hombre se atreve a decir que Dios no tiene nada que ver. Fue la gente que tomó decisiones. Cristo nos corrige y dice no quites a Dios de la escena, recuerda que es Él el que es fuente de todo.

Y esto es muy importante saberlo, porque a veces el que es causa primera sigue emitiendo sus rayos de bondad, pero tristemente, las causas segundas interrumpimos esa bondad. Entonces cometemos un grave error cuando nos disgustamos, por ejemplo, con Dios, cuando rompemos con Dios, cuando deberíamos tener los ojos atentos para decir Dios, sigue siendo Dios y es el Señor y es poderoso y es sabio y es santo y es bueno. Pero hay causas segundas, como quien dice, hay mandos medios que echan a perder muchas cosas. Y a propósito, que no seamos nosotros de esos mandos medios, cada uno de nosotros ha de pensar, como decía San Bernardo, y ponía como primer ejemplo a la Virgen María que cada uno de nosotros sea como una especie de acueducto que lleva el regalo del agua de vida. ¿Y esa agua de dónde brota? del corazón mismo de Dios.

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