Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fe no es un invento, es la respuesta a los signos del amor de Dios; y el signo más grande, bello y poderoso es Jesucristo mismo, realmente presente en la Eucaristía.

Homilía p032012a, predicada en 20180417, con 5 min. y 15 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo sexto de San Juan. Como hemos comentado en otras oportunidades, el tiempo pascual goza de abundante alimento. Tomado de este Evangelio. De hecho, el tiempo de Navidad, el tiempo de Cuaresma y el tiempo de Pascua son las partes del año litúrgico en que escuchamos con mayor abundancia el Evangelio de Juan.

El capítulo sexto de San Juan está completamente lleno de la enseñanza sobre el pan de vida. Todo empieza con la multiplicación de los panes. Pan físico, pan material que sacia el hambre del cuerpo. Pero partiendo de esa realidad completamente material y corporal. Lo que nos va a mostrar el desarrollo de este capítulo es una catequesis preciosa que nos ayuda a descubrir otra clase de hambre que nosotros tenemos y sobre todo otra clase de alimento que Dios quiere darnos.

El pasaje de hoy en concreto, nos presenta un diálogo que empieza con mucha tensión. Le preguntan a Cristo ¿Qué signo nos das tú para que creamos en ti? Antes de continuar, yo quiero que evaluemos esa pregunta, porque en esa pregunta ya hay una muy buena enseñanza. ¿Qué quiere decir esa pregunta? La repito ¿Qué signo nos das para que creamos en ti? Quien hace esa pregunta tiene un modo particular de entender lo que significa la fe.

La fe no es algo que brota de la fantasía. No es una simple afirmación gratuita, no es un salto de la imaginación. La fe tiene apoyo en signos. Esta es una enseñanza completamente central en el Evangelio de Juan, y creo que nosotros los cristianos debemos tomarla mucho más en serio. Digo esto sobre todo porque los adoradores de la ciencia, es decir, los cientificistas, no confundir con los científicos, no confundir cientificismo con ciencia. Los cientificistas siempre nos están calumniando y diciendo que la fe es únicamente obra de la imaginación.

Recuerdo lo que leí en un foro en internet. Decía alguien, mira si tú quieres creer en tus amigos imaginarios, si tú quieres creer en el hada madrina, en pinocho o en el espagueti volador, es tu problema, es tu problema. Es decir, para ellos nuestra fe es simplemente una secreción de la imaginación, una especie de producto imaginario que no tiene ningún apoyo en la realidad.

Y resulta que lo que nos muestra la Biblia, sobre todo el Evangelio de Juan, es que la fe no parte de la nada ni brota de la imaginación. La fe nace, de conocer y de apreciar los signos. Por eso le preguntan a Cristo cuáles son los signos. Y le recuerdan el gran signo de Moisés en el desierto. Él, dicen ellos, Él nos dio pan del cielo. Jesús aclara. No es Moisés, es mi Padre el que les ha dado el pan del cielo. Pero lo más hermoso y lo central de este pasaje es que el nuevo signo, el signo definitivo de cuánto nos ama Dios y de qué vida quiere para nosotros, está en Cristo, es decir, Cristo ofrecido, entregado por nuestra salvación, es el verdadero pan. Y ese Pan, Pan bendito, Pan vivo y Pan vivificante, es el que despierta nuestra fe, y con la fe la esperanza, y con la esperanza el amor, y con la fe, la esperanza y el amor, la gratitud y la alabanza.

La fe no es un invento, es la respuesta a los signos del amor de Dios. Y el signo más grande, el más bello, el más poderoso, es Jesucristo mismo. A él el honor por los siglos de los siglos. Amén.

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