Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Voy a acoger a Jesucristo como regalo del amor del Padre, como aquello que necesito, el único que pude darle sentido, propósito y valor a mi vida.

Homilía p032010a, predicada en 20160412, con 4 min. y 43 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo sexto de San Juan, que viene a ser como una reflexión, como una meditación y en todo caso, una fabulosa enseñanza a partir del Milagro de la multiplicación de los panes. Nos encontramos en este día con dos frases de Nuestro Señor Jesucristo y al juntarlas es pura luz, pura belleza y puro amor lo que se destila en nuestros corazones. Me refiero, en primer lugar, a aquella frase que dice Jesús. No fue Moisés el que os dio el pan del cielo. Es mi Padre el que os da el pan del cielo. Y entonces la gente le dice a Cristo danos de ese pan. Y Él dice la segunda frase. Yo soy el pan vivo bajado del cielo.

Vamos a unir esas dos frases. Por una parte dice Cristo mi Padre es el que da el verdadero pan. Y luego dice Yo soy el pan. ¿Qué es lo que nos está diciendo entonces? que Él mismo, Cristo, es el regalo de Dios Padre. Cristo es el don del Padre, es el regalo que Él nos da para que tengamos vida, y por eso hay que alimentarse de Cristo. Porque recibiendo a Cristo estamos recibiendo el regalo de aquel que sabe qué es lo que realmente necesitamos. En efecto, nuestra condición de indigencia, porque somos criaturas y nuestra condición de inmensa necesidad, porque somos pecadores, es ese doble abismo de nuestras carencias, reclama una inmensidad de ternura, de gracia y de poder. Y eso es lo que Dios Nuestro Padre, con inmensa compasión, con indescriptible misericordia, nos ha dado en la persona de Cristo. Cristo es el regalo más precioso que podía darnos Dios. Nos ha dado a su propio Hijo. Podríamos decir que ha entregado todo lo que tenía, se ha dado a sí mismo en la persona de su Hijo, y por eso nosotros hemos de alimentarnos de Cristo.

Nos alimentamos de Cristo cuando escuchamos su Palabra y hacemos de ella la norma de nuestra vida. Nos alimentamos de Cristo cuando suplicamos, recibimos el don del Espíritu Santo que Él mereció para nosotros en el sacrificio de la cruz. Nos alimentamos de Cristo cuando dejamos que su ejemplo marque nuestra manera de ser al modo del escultor que con sus manos le da la forma y modelo a lo que está trabajando. Así también nosotros, modelados por Cristo, cambiamos nuestra forma de ser. Nos dejamos alimentar por Cristo cuando recibimos los preciosos testimonios que Él nos entrega en la persona de sus Santos. Cada Santo es, podríamos decir, es un eco, es una centella, es un reflejo de ese amor que solamente existe en nuestro Señor y Salvador. Por eso, cuando nos acercamos a un San Francisco, a una Santa Clara, a una Santa Catalina, a un Santo Tomás de Aquino, a un San Juan Bosco, estamos aprendiendo de Cristo.

Observa cómo en el Evangelio Cristo dice No se queden con Moisés. Miren que arriba de Moisés estaba Dios mismo concediéndoles este regalo. Así también nosotros, mirando los reflejos del amor divino en cada uno de los Santos, estamos aprendiendo en realidad cómo es Cristo el único Maestro de nuestras vidas.

Consigna para hoy y para el resto de nuestra vida. Voy a recibir a Jesucristo, voy a acogerlo y no de cualquier manera. Voy a acogerlo como regalo del amor del Padre, como aquello que yo necesitaba. El único que podía darle sentido, propósito y valor a mi vida. Así voy a recibir a Jesús. Amén.

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