Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todo el HACER de Cristo brota de su SER, su PRESENCIA como Rey y Señor de nuestras vidas.

Homilía p032009a, predicada en 20150421, con 5 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Hay algo muy bello en el pasaje del Evangelio de hoy, tomado del capítulo sexto de San Juan. Mientras seguimos reflexionando, seguimos meditando en el significado de uno de los Milagros más conocidos de Nuestro Señor la multiplicación de los panes. Hay un dato muy importante y es algo muy bello saber que nuestros corazones se dispongan para algo bello en este momento. ¿A qué me refiero? me refiero al paso del hacer hacia el ser. Porque lo que le preguntan a aquellos hombres en la sinagoga de Cafarnaún, lo que le preguntan a Jesús al principio es ¿Tú qué haces? ¿Cuál es tu obra? Observemos que esa pregunta se inscribe dentro de una lógica sumamente utilitarista, funcional, podríamos decir en el lenguaje popular colombiano. ¿Usted para qué es bueno? ¿Usted para qué sirve? ¿Usted qué aporta? Es la pregunta por el hacer ¿Usted qué es lo que hace?

Pero el mismo pasaje, aunque es breve, termina en algo distinto. Yo soy el pan vivo bajado del cielo, es decir, lo que hace Cristo es ser. Suena muy filosófico, tal vez. Repitámoslo a ver si cambia un poco ese tono. Lo que Cristo hace, su verdadera obra, es su mismo ser. Su obrar y su ser no son separables, sino que con aquello que es, con su ser obra, con su ser transforma. Esto es muy bello, porque en el fondo es la lógica verdadera de la vida cristiana y es la gran diferencia con la ley de Moisés. Por algo en este pasaje se menciona también a Moisés.

Resulta que ellos le dicen Moisés dio pan del cielo. De nuevo, en lenguaje colombiano, Moisés sirvió para algo. Moisés por lo menos dio alimento ¿Usted qué hace? Pues el contraste con la ley de Moisés es interesante porque la ley de Moisés es algo que está afuera, afuera en el sentido de que me da claridad sobre cómo debo obrar. Pero luego la fuerza, el esfuerzo, lo tengo que poner yo. Eso es lo que sucede con la ley de Moisés. En cambio, la manera de obrar de Cristo, lo que Cristo trae a nuestra vida, lo trae con su propio ser, allí donde Él llega, allí donde Él reina. Entonces su misma presencia se convierte en obra.

Fíjate lo que dice, por ejemplo, este gran apóstol San Pablo. En algún momento dado él dice yo he obrado más que otros, yo he trabajado más que otros, pero no yo, la gracia de Dios conmigo. Y también dice San Pablo que Dios es el que nos da el querer y el obrar, y también nos dice que el Espíritu Santo obra en nosotros. Entonces Cristo, al traer ese reinado, ese don del Espíritu a nuestra vida, es el que hace que nosotros podamos obrar. Vamos a completar este paralelo. Moisés hace una obra que es darle pan al pueblo, pero la ley de Moisés es externa.

La obra de Moisés es externa, da un pan y la ley de Moisés, lo que él pide es externo, porque el esfuerzo lo tengo que hacer yo. Eso es Moisés. Ahora vayamos al caso de Cristo. En el caso de Cristo, la obra que él hace es interna, porque su misma presencia en nosotros. Nosotros le acogemos por la fe y Él reina. Él vive, vive en nosotros. Su obra es interna y su ley es la ley nueva que así llama Santo Tomás. Y es la ley interior, esa ley que Él nos comunica a través de su Divino Espíritu. Es el Espíritu el que hace que nosotros lleguemos a desear lo que Cristo trae como voluntad del Padre. Ya no es un mandato externo, ya es algo interno. Él nos da la fuerza.

Moisés obra externa y ley externa. Cristo obra interna y ley interna, Ley nueva, la del Espíritu Santo. Por eso, si no has empezado. Empieza hoy mismo a preparar tu Pentecostés.

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