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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juan 6 nos explica bien cuál es el "trabajo" de Cristo, cuál es nuestro "trabajo" y cómo se relacionan la obra de Cristo y la nuestra.
Homilía p032008a, predicada en 20140506, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
En el Capítulo Sexto de San Juan encontramos dos preguntas paralelas importantes. La gente le pregunta a Jesús. ¿Cuál es la obra que nosotros tenemos que hacer? Y después le preguntan a Jesús ¿Cuál es la obra que tú haces? ¿Qué es lo que a nosotros nos toca y qué es lo que le toca a Jesús? Resumiendo, las dos respuestas son estas, lo que dice Jesús que a nosotros nos toca, nuestro verdadera obra y trabajo es creer. Creer en el, que el Padre ha enviado. Y lo que a él le toca es dar vida, partiéndose, entregándose, ofreciéndose, Él es nuestra vida. Su obra es convertirse en regalo, convertirse en don. Y la obra nuestra es creer que Él es verdaderamente el don de Dios. Uno entiende que la obra de Cristo es un verdadero trabajo porque supone nada menos que su propia muerte. Es más difícil descubrir por qué es trabajo creer. Por qué nuestro trabajo consiste en creer, como escuchábamos en el Evangelio de ayer. Pero es que creer sí es un trabajo, porque creer en Dios no es simplemente decir una frase, tener una idea. Creer en Dios es poner la confianza en Él y es retirar la confianza de los múltiples ídolos que compiten por nuestra atención y por nuestro corazón. El trabajo de creer que es el trabajo nuestro es el trabajo de estar limpiando continuamente el corazón, donde las malas hierbas de toda clase de pecados y de idolatrías no cesan de crecer. Mantener despejada la vía para que entre el Señor. Mantener libre el trono para que Él tome su sitio. Mantener atento el oído para seguir Su Palabra. Mantener dócil el corazón para ser obediente en aquello que entendemos como su voluntad. Y ahí se da uno cuenta que el verdadero creer es también una ofrenda. Porque para mantener así la confianza en Dios, uno tiene que sacrificar muchas cosas que ha llegado a considerar como propias. Sobre todo, a menudo tiene que sacrificar el propio yo, el propio gusto, la propia opinión, Porque si realmente Jesús está en el trono de mi vida, es Él quien reina y no yo. Y así llegamos a la conclusión de hoy. El trabajo de Cristo es ser regaló, el trabajo nuestro termina siendo ser ofrenda, ser regalo para Él. El trabajo de Cristo es una entregar vida, y el trabajo nuestro a través de la fe es entregar, es confiar la vida a aquel que más nos ha amado. Eso se nota bien en la Eucaristía. Él se da como ofrenda, pero el que comulga se convierte también en regalo y en don, para gloria de Dios y para bien de sus hermanos y del mundo entero.

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