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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La muerte de Esteban recuerda la de Cristo; no es simple heroísmo: es la acción del Espíritu en los que son de Cristo.
Homilía p032007a, predicada en 20140506, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Evidentemente, San Lucas ha querido hacer un paralelo entre la muerte de Esteban y la muerte de Cristo. Pero es que el paralelo no es simplemente literario. No se trata de la habilidad de un escritor. Se trata del don del Espíritu que cuando nos hace santos, hace nuestra vida próxima a la vida de Cristo y hace entonces nuestra muerte próxima, cercana, elocuente, hermosa, si puedo usar esa palabra. Hermosa con la hermosura de la muerte de Cristo. Observemos por un momento algunos detalles que revelan ese paralelo. Nos ha dicho San Lucas en el texto de ayer del Capítulo Sexto de los Hechos de los Apóstoles. Nos ha dicho que no podían resistir a la sabiduría de Esteban sus opositores, sus enemigos quedan confundidos y avergonzados, no saben qué responder. Es lo mismo que encontramos muchas veces en la vida de Jesús. Los fariseos le tienden una trampa a Jesús, pero quedan en ridículo. Los saduceos tratan de despreciar al Señor y también llegan con su propia carga de preguntas y de enigmas. Pero son ellos los que quedan denunciados, los que quedan en ridículo ante el pueblo. Los escribas son criticados, los saduceos son denunciados. Es lo mismo que sucede con Esteban. Los enemigos no pueden con él, no logran lo que quisieran. Esteban es condenado injustamente, lo mismo que Cristo. La santidad de Esteban es manifiesta en el hecho de que incluso sus propios adversarios, al mirarlo, dice el texto de los Hechos de los Apóstoles: Su rostro les pareció el de un ángel. Se dan cuenta de que están matando a un inocente. La oración de Esteban por los que lo llevan a la muerte se parece a la oración de Cristo, que en el momento de la crucifixión ora con aquellas conocidas palabras: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Así también Esteban, en el momento mismo de expirar, dice: Señor Jesús, no les tengas en cuenta este pecado. De todo esto debemos aprender ¿Qué cosa? Que Esteban tenía tanta fuerza como la de Cristo, que Esteban era una especie de superhéroe. Más bien, lo que debemos aprender es que cuando el Espíritu Santo llega a nosotros y hace en plenitud su obra en nosotros. El resultado es que somos semejantes a Cristo. El Espíritu Santo nos cristifica, nos hace semejantes al Señor. Esteban sentía dolor como tú y como yo. Seguramente sentía miedo como nosotros podemos sentirlo. Entonces la diferencia, ¿Cuál es la diferencia? Es que en la medida en que abunda el espíritu en la vida de una persona, esa persona ya no obra simplemente por criterios humanos. En ese momento es el espíritu el que habla con poder a través de Esteban. Es el Espíritu el que sostiene en medio de la tribulación a Esteban. Es el Espíritu el que ora en ese corazón. Es el Espíritu el que está uniendo preciosa y profundamente la vida de Esteban y la vida del Maestro, la vida del Divino Maestro Jesús, nuestro Salvador.

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