Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las respuestas de Jesucristo.

Homilía p032002a, predicada en 19980428, con 12 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Los judíos le preguntan a Jesucristo. ¿Qué signo haces para que creamos en ti? ¿En qué te ocupas? Jesús, básicamente, lo que les responde es: Yo mismo soy el signo, mi presencia entre ustedes. Ellos le dicen: Nuestros padres comieron el maná que bajó del cielo. Y Jesús les dice: No fue Moisés el que emanan de mi Padre. Y el mismo Papá que antes dio ese maná, ahora me da a mí también del cielo. El signo soy yo. Eso es tan hermoso que el signo soy yo. ¿Cuál es la gran señal de Dios en mi vida? El signo es Jesucristo. No es algo, es alguien. Y le preguntan a Jesús. ¿En qué te ocupas? El Evangelio de Juan, que es el Evangelio infinito. Tiene preguntas únicas. Ustedes son enamorados de la Palabra de Dios. Cuando escuchen las palabras únicas que son como zafiros, como rubíes, como diamantes que tiene Juan, no las pierden.

Le preguntan ¿En qué te ocupas? O de otra manera ¿Tú qué haces? Es una pregunta muy natural que se le podría hacer por ejemplo, a cualquiera de ustedes. Se me podría hacer a mí, desde luego. ¿Usted qué hacen? Soy ingeniero, soy publicista, soy médico, soy músico, soy vendedor. Que debe hacerle esa pregunta a Cristo. ¿En qué te ocupas? Es una característica del Evangelio de Juan que la he comentado varias veces. Jesús en el Evangelio de Juan nunca responde las preguntas que le hacen, por lo menos no las responde directamente. Parece que esto lo presenta así el evangelista, como mostrando la libertad de Jesús que no puede ser acosado por nuestro intelecto, que no puede ser amarrado por nuestras razones. Así como no pudo ser impedido por la cruz, así como no pudo ser encarcelado en el sepulcro, así tampoco puede ser sujetado por nuestra razón a nuestras preguntas. Dice él: Os aseguro que no fue Moisés quien nos dio el pan del cielo. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. O sea que no le responde, pero si las responde.

Si se le preguntara a Jesús ¿En qué te ocupas? Él respondería, si nos diera la respuesta directamente doy vida, doy vida. El apóstol Pedro, en los Hechos de los Apóstoles, dice algo semejante por allá en el Capítulo Décimo dice, que Jesús pasó haciendo el bien. ¿En qué te ocupas? ¿Tú qué haces? el bien. Son respuestas claras, profundas, infinitas. ¿En qué te ocupas Jesús? Me ocupo, Más bien hago el bien, doy vida. Una cosa sorprendente de este breve texto es que ellos le preguntan como con agresividad, ¿Qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti? Le preguntan con agresividad. Pero cuando Jesús dice: Yo doy vida. Toda esa agresividad se desarma y le dicen: Señor, danos siempre de ese pan. Primero atacan y luego suplican. Esto no es casualidad.

Estamos ante el Evangelio infinito. Atacan y luego piden. Mira, atacan, es la lanza con la que se hiere a Cristo. Y luego piden: Lávame con tu sangre. Atacan en todas las tonterías que uno ha dicho sobre la Iglesia y sobre Dios y que no me oye y todas esas cosas que me ha dicho me ataca. Pero cuando mana la sangre, cuando brota la misericordia, uno pide. No debería ser así. No debería ser así, debería ser como que uno pidiera que no me atacara. Pero en ese versículo, está escrito El misterio de la Cruz. Nosotros le sacamos la sangre a Cristo, pero él la dio. Las dos cosas son ciertas. Nosotros le sacamos la sangre con las heridas, con los clavos, con los azotes, pero él la dio. Y ¿Cómo la dio? A través de sus llagas, a través de sus venas, desde su corazón.

Cuando uno mira a la cruz de Cristo pensando solamente en que nosotros le hemos sacado la sangre, no ve nada. Cuando uno mira la cruz de Cristo pensando en que él dio la sangre de todos. Cuando uno mira a Jesucristo pensando en cuánto le he atacado, en el fondo no ve nada, aunque voy a comenzará a ver. Cuando uno mira a Jesucristo pensando en que él me puede dar. Ahi empieza un alboroto. Ellos me estaban atacando. ¿Qué signo vemos que haces para que creamos en ti? Y la respuesta de Jesús los desarma. Como Jesús nos desarma muchas veces. Jesús tiene una capacidad tan grande de volvernos mansos.

Después de que Juan describe ese acto brutal por excelencia. Fíjate, el soldado ya vio que Cristo estaba muerto, pero como ensañándose con un cadáver. Sí, es el absurdo de la sevicia humano ensañándose con un cadáver le da todavía otro lanzado después de que describe la brutalidad, la suma crueldad humana, dice: Y el que dio su testimonio, y su testimonio es verdadero. El que vio da testimonio. Esa crueldad humana y esa ternura divina tan juntas. Es un misterio de la carne llegada de Jesucristo. Como es una carne tan cercana a nuestra crueldad, a nuestra verdad, es una carne que cabe por nuestra boca, es un alimento que cabe en nuestra boca. Pero, como es una ofrenda, como es una oferta, como es un regalo de su amor, es Dios dándose. Porque está cerca a nosotros España y porque está cerca Dios es pan de vida. Jesús les contestó, Yo soy el pan de vida, el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí nunca pasará a sed. Para no tener hambre nunca más tener sed.

Sabemos que esta realidad se dará plenamente en los cielos. ¿Sabe una cosa? En los cielos los santos son libres, no es que los santos tengan menos libertad o menos voluntad allá que acá. La libertad, que es propia del alma humana, no se pierde por llegar al cielo. Eso no se pierde. Pero están tan felices que pudiendo rebelarse teóricamente llamémoslo así, que pudiendo cambiar, que pudiendo alejarse ni por un instante ni en la más mínima medida, se apartan. Están ahí con él, con el Señor, con Dios. Eso que viven los santos en el cielo es lo que nosotros estamos llamados a vivir ya aquí en la tierra. Alimentarse de Cristo, de manera que toda mi libertad sea para ser su esclavo. Alimentarme de Jesucristo, de manera que todo mi ser sea para hacer suyo. Que venga el Señor Jesús en este día a alimentarnos.

Yo me alegro de que estemos celebrando la Eucaristía. La Eucaristía es una oración de petición, es muchas cosas, es de alabanza, de acción de gracias, Pero es, entre otras cosas, una oración de petición donde le decimos nosotros lo que dijo esta gente danos siempre de ese pan. Y eso es la oración que él la cumple, que él la escucha, que él le responde. Nosotros le decimos danos de ese pan y verdaderamente él nos da ese pan, nos alimenta de ese pan. Es la oración eficaz por excelencia, la Eucaristía. Felices nosotros de celebrar la Eucaristía.

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