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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Iglesia necesita santidad, testimonio de personas santas. El cristiano debe ser consciente de que el mundo va a detestar el Evangelio porque ama demasiado sus ídolos.
Homilía p031023a, predicada en 20240415, con 6 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Indudablemente el mejor tiempo del año para leer el libro de los Hechos de los Apóstoles. Es este, el tiempo pascual. No solamente porque después de los evangelios lo que sigue es el libro de los Hechos de los Apóstoles. No es solamente por eso. Es porque este libro absolutamente único nos muestra el poder del Espíritu Santo. Y ese Espíritu Santo, según nos enseña San Pablo, es el que levantó a Cristo de la muerte. Y por eso, al acercarnos al libro de los Hechos de los Apóstoles, estamos también aprendiendo cómo Dios nos levanta a nosotros de la muerte.
O sea que si te sientes muerto, te sientes muerto en tus esperanzas, te sientes muerto en tus proyectos, te sientes muerto en tus afectos. Pues el Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos es el Espíritu que puede darte nueva vida. Siempre recordemos un detalle, sin embargo, y es que el Espíritu Santo no devolvió a Cristo a esta vida. Y por eso cuando nosotros invocamos al Espíritu Santo, no le estamos pidiendo que nos devuelva a donde estábamos, sino que haga en nosotros una obra nueva.
Por ejemplo, estás pasando por una situación afectiva muy compleja, de soledad, de decepción, de tristeza. No le pidas al Espíritu Santo que te devuelva a donde tú estabas. No le pidas al Espíritu Santo que tú vuelvas a ser la persona que eras. Pídele al Espíritu que haga en ti una obra diferente. Pídele al Espíritu que te lleve al siguiente nivel. Ese es el sentido de leer el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Y yo creo que un ejemplo perfecto de lo que es una persona a la que el Espíritu llevó al siguiente nivel es San Esteban, el primer mártir del cual nos habla la primera lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles. Observa un detalle. Tiene muchos enemigos. Lo llevan al Sanedrín. Ya nosotros sabemos que el Sanedrín es como el Senado de los judíos de aquel tiempo. Ya nosotros sabemos que el Sanedrín fue el lugar donde se condenó a Cristo. Ya nosotros sabemos que el Sanedrín fue el lugar donde fueron acusados y maltratados los apóstoles Pedro y Juan. Es decir, ya sabemos cuál es la línea que lleva el Sanedrín. Y lo llevan ahí, es un acusado y su rostro resplandece como el de un ángel.
Toma esas palabras. Odiado e inocente. Odiado y por eso está acusado. Inocente y por eso su rostro brilla con resplandor de cielo. Odiado e inocente. Ese es el siguiente nivel. O para decirlo más sencillo, eso es lo propio de la vida cristiana.
Hay varios pasajes de la Biblia que nos recuerdan que esto es así. Por ejemplo, en la segunda carta a los Corintios, San Pablo describe su propia situación. Y él dice todo lo que tiene que sufrir como apóstol. Pero al mismo tiempo dice en todo damos pruebas de ser servidores de Dios. Odiado, pero inocente. El apóstol San Pedro también dice que ninguno de ustedes sea conocido por ser un criminal, un mentiroso, un traidor. Que ninguno sea conocido por eso. Pero si te persiguen, alégrate. ¿Qué es lo que quiere Pedro ahí? Que seamos inocentes. Es decir, que llevemos una vida pura, una vida limpia. Pero a la vez nos advierte que vamos a ser rechazados, que vamos a ser odiados. Esa es la vida del cristiano, convenzámonos de eso. El cristiano es odiado, pero inocente.
Y esa combinación tan extraña que es la que encontramos en Esteban en el pasaje de hoy, describe también lo que tiene que ser la Iglesia. La Iglesia necesita santidad. La Iglesia necesita el testimonio de matrimonios santos, jóvenes santos, niños santos y sobre todo, sacerdotes, obispos, papas santos. La necesidad más urgente de la Iglesia hoy es la santidad. Esa inocencia. Pero al mismo tiempo tenemos que ser conscientes de que el mundo va a detestar al Evangelio. Y el mundo va a detestar el Evangelio porque ama demasiado sus ídolos, porque ama demasiado su corrupción, sus mentiras, sus negocios turbios, sus placeres ilícitos.
Así que ya sabes el nivel al que nos quiere llevar el libro de los Hechos de los Apóstoles, ese nivel que ya vivió Esteban. Es odiados, pero inocentes. Así nos lo conceda el Señor. Sobre todo la inocencia, porque a nosotros no nos corresponde buscar ser odiados, nos corresponde buscar inocencia, buscar santidad. Lo demás sabemos que vendrá y sabemos que el Señor se glorificará, como dice San Martín de Tours o como decía San Martín de Tours. Sea por mi vida o por mi muerte, el Señor se glorificará.

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