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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hoy necesitamos ser como San Esteban: tener capacidad de servicio a los más necesitados, docilidad a la autoridad de la Iglesia, acción y unción del Espíritu Santo y capacidad de coherencia hasta ser capaces de morir por el Evangelio.
Homilía p031021a, predicada en 20220502, con 5 min. y 5 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. Hace unos días, cuando empezó el Tiempo Pascual, comentábamos que la primera lectura durante este tiempo litúrgico está tomada mayormente de los Hechos de los Apóstoles. El libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero la verdad es que hemos hablado muy poco en estas reflexiones de la gracia. Hemos hablado muy poco sobre este libro que es absolutamente precioso, porque nos muestra el poder del Espíritu Santo, porque nos muestra cómo nació la Iglesia, porque nos da esa referencia permanente de cómo es una comunidad cristiana. Todo eso nos da el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Hoy, por ejemplo, nos encontramos con un personaje que para siempre será significativo si hablamos de los cristianos. Estoy refiriéndome a San Esteban. San Esteban, el primer mártir, se le llama por eso Protomártir. Que en griego quiere decir el primer testigo. Primer testigo de la gloria de Cristo. Primer testigo con su propia sangre de lo que significa ser cristiano. La palabra mártir viene del griego y quiere decir el que da testimonio, el que es testigo. Entonces San Esteban es el primer mártir, es el primer testigo.
Y hoy, en el pasaje de la primera lectura de la Misa, se nos dice algo muy interesante y es que era un hombre que tenía una potencia del Espíritu Santo en su Palabra. De tal manera que nadie podía hacerle frente. Cuando Él hablaba, tenía una autoridad, tenía una sabiduría, tenía una fuerza, una gracia particular cuando Él hablaba. Y esto me llama todavía más la atención, porque si nosotros miramos el libro de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos con que Esteban fue elegido por los apóstoles para una misión que parece muy diferente. Es la misión de ser diácono, de ser servidor, básicamente para atender las necesidades materiales de las personas más pobres, típicamente las viudas, por ejemplo, las viudas de lengua griega. Porque sabemos que aquella primera comunidad cristiana recibió gente de lengua hebrea que fueron al principio la mayor parte. Pero también recibió muchos que eran de lengua griega. Eran simpatizantes del judaísmo. Y de hecho, el nombre Esteban proviene del griego y nos indica, nos sugiere que Esteban estaba próximo a esa comunidad cristiana que hablaba en griego, que muy pronto va a ser la comunidad mayoritaria.
Pero lo que quiero destacar de todo esto es que él fue elegido básicamente para ser servidor en las necesidades materiales. Y fíjate cómo se dieron las cosas. Este diácono luego resulta sirviendo, sirviendo no solo a los de lengua griega, sino sirviendo a todos los cristianos de ese tiempo y a todos los cristianos de todos los tiempos, y sirviendo mucho más allá de la simple atención a, por ejemplo, la falta de alimentos o cosas parecidas. Este es un diácono, este es un servidor que ofreció alimento material, pero que sobre todo ofreció el alimento espiritual de la Palabra con una potencia muy grande del Espíritu Santo, una potencia del Espíritu que necesitamos hoy.
Hoy necesitamos muchos Esteban que tengan estas características. Que tengan capacidad de servicio a los más necesitados, que tengan docilidad a la autoridad de la Iglesia. Porque Esteban no se nombró él solo. Él fue nombrado por los apóstoles. Entonces, capacidad de servicio, docilidad a la autoridad de la Iglesia. Unción del Espíritu Santo y capacidad de coherencia hasta las últimas consecuencias. Que en el caso de Esteban, pues llegó a significar su muerte. Primer mártir de la Iglesia. Necesitamos muchos Esteban.
Necesitamos pedirle al Señor que renueve la gracia de su Espíritu en la Iglesia, para que tengamos muchos con capacidad de servicio. Docilidad a la autoridad de la Iglesia, unción profunda del Espíritu y una vida coherente. Una vida en la que se pueda leer el Evangelio. Amén.

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