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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Qué quieres que sea Dios en tu vida? Quien te solucione problemas o que sea el Señor de tu vida, quien te enseña, guía y corrige. ¡Escoge!
Homilía p031020a, predicada en 20210419, con 5 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Es bueno recordar un poco cuál es la secuencia que se lleva en las lecturas del Evangelio durante el tiempo pascual. Durante la primera semana de Pascua, que es la octava de Pascua, los evangelios nos recordaban aquellos primeros testimonios de las apariciones del Resucitado. Es decir, lo primero es confirmar nuestra fe en la verdad de la Resurrección corporal de nuestro Señor. Eso es lo primero. No estamos hablando de una fantasía, no estamos hablando de una ilusión. Estamos hablando de algo tan real como lo que pudieron palpar con sus manos los apóstoles cuando convivieron con el Resucitado. Esa fue la primera semana.
Después, en la segunda semana, nos encontramos los diálogos de Jesús con Nicodemo. Es decir, todo aquel tema de la vida nueva que trae el Resucitado. Solamente Jesucristo trae esa vida nueva. Solo Él puede introducirnos en ese régimen nuevo de vida que es don de Dios a través de su Hijo Jesucristo. Esa fue la segunda semana, pero no toda, porque casi al final ya aparece el relato de la multiplicación de los panes, y cuando aparece la multiplicación de los panes, entonces entra un nuevo modo de ver al Resucitado. Él es el pan de vida.
En realidad, en los evangelios de todo el tiempo pascual estamos siempre contemplando a Cristo resucitado. Pero los ángulos son diferentes. Primero las apariciones, después la vida nueva, después el pan vivo, que es en lo que estamos en esta semana, vamos a estar toda esta semana y después, en la siguiente semana, vamos a entrar a hablar de Cristo como el pastor, el pastor que nos alimenta, el pastor que nos cuida, el pastor que da la vida por sus ovejas. Si ves, son distintos ángulos, distintas miradas, pero que finalmente nos llevan siempre a ver a Cristo y a verle resucitado.
Ese es el contexto general. Ahora vamos con el elemento particular que trae este texto, este Evangelio de hoy. Yo creo que el Evangelio de hoy nos ayuda a descubrir la diferencia entre dos modos de ver a Cristo. Incluso diría dos modos de ver el misterio de Dios o ver a Dios en nuestra vida.
Un modo que es el más común, es ver a Dios como aquel que me soluciona problemas. Estoy enfermo. Entonces le pido a Dios que me cure. Estoy sin trabajo. Le pido a Dios que me ayude a encontrar un empleo. Tengo problemas en mi familia. Le pido a Dios que traiga su orden, que traiga su paz en mi hogar. Es natural, esta manera de ver las cosas, digamos, es muy explicable y además está dentro del modo de obrar de Cristo, porque su corazón compasivo derrama con abundancia esa ternura, esa luz, esas soluciones que nosotros buscamos. El peligro está en quedarse uno solamente con la barriga llena, como dice Cristo. Ese quedarse uno simplemente diciendo bueno, ya tengo quien me arregle el problema. Ese es el error que uno comete quedarse viendo a Dios solamente como el que soluciona problemas.
¿Qué es lo que propone Cristo? Aparece hacia el final. El trabajo que Dios quiere es que ustedes crean en Él enviado, en el Hijo, en el pan de vida, que crean en Él. Eso es lo que Cristo quiere. Bueno, y creer así en Cristo. Creer así en Cristo ¿qué implica? Si Él es el enviado de Dios, si Él es el Mesías, Él es el Señor de mi vida. Entonces aquí aparece la segunda forma de ver a Cristo, de ver a Dios en mi vida. Una cosa es ver a Cristo como el que me soluciona los problemas y otra cosa es ver a Cristo como el Señor de mi vida, aquel que ha sido enviado y que me guía y que me enseña y que me corrige y que es el piloto de mi barca.
Hoy es un buen día para escoger realmente qué quiero que sea Dios en mi vida. Quiero que sea ¿qué? Quiero que sea el que soluciona problemas, el que me pone los parches. O quiero que Él sea el Señor de mi vida. Esa es la gran pregunta.

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