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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo nos dice que trabajemos por un sueldo que no muera, que busquemos una ganancia que no termine.
Homilía p031018a, predicada en 20200427, con 6 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Desde la semana pasada para el Evangelio hemos empezado a leer algunos textos del capítulo sexto de San Juan. Es un capítulo absolutamente precioso que empieza con el pan de la tierra, pan que Cristo multiplica y que termina hablándonos del pan del cielo, el pan que Cristo mismo es. Podemos decir que este capítulo nos lleva de lo que Cristo hace a lo que Cristo es. Y en ese camino, en ese itinerario que vamos a ir recorriendo poco a poco, en las lecturas de estos días, hay como unos momentos luminosos.
Por ejemplo, hay una frase completamente clave en el texto de hoy. Dice Nuestro Señor Jesucristo trabajad, no por el alimento que perece. No trabajen por lo que se muere. Es como si Cristo nos dijera, trabajen por un sueldo que no muera, busquen una ganancia que no termine. Estas palabras del Señor al principio nos pueden parecer un poco abstractas, un poco lejanas. ¿Qué quiere decir trabajar para la eternidad?
Siguiendo la estrategia pedagógica de Santa Catalina de Siena, que dice que muchas veces entendemos mejor los contrarios por sus contrarios y por esa razón uno aprecia más la luz. Si ha conocido lo que es carecer de claridad, y uno aprecia más la salud si ha pasado por la enfermedad. Con ese mismo criterio, preguntémonos ¿qué es trabajar por un alimento que perece? Y aquí me voy a apoyar yo en un mensaje que ha circulado ampliamente en redes sociales. Hasta donde yo entiendo, es lo que dice el mensaje. Se trata de una persona que escribe desde Argentina.
Dice que su familia ha sido siempre muy bien acomodada en términos de dinero, pero que lamentablemente el papá de esa familia ha sido contagiado de este virus que en realidad tiene en jaque al mundo entero, el COVID diecinueve. Y el hecho de que ese virus haya llegado a este hombre ha tenido consecuencias devastadoras, pues es muy triste decirlo y oramos por él y por todas las víctimas. Murió, este hombre murió. Y la reflexión que trae el texto que llegó hasta mis manos dice algo así como esto.
Lo último que estaba buscando mi papá, lo que buscó finalmente era un poco de aire que se supone que es gratis. Buscaba aire. Todo lo demás, todo lo demás no le servía. Podía tener todo el dinero que quisiera, podía tener mucho poder, muchos amigos, gran prestancia social. Pero lo que realmente necesitaba era aire. Lamentablemente sus pulmones estaban muy afectados. Y esa reflexión termina con esta frase. Murió solo en un hospital. El dinero se quedó en la casa. No es que sea malo obtener el dinero lícitamente con un trabajo, con un empleo que muchas veces puede servir también a otras personas. No estamos haciendo esa clase de crítica. Por favor, nadie lo interprete de esa manera.
Pero sí estamos diciendo que a veces uno tiene que preguntarse qué es lo que uno está ganando. Y uno tiene que preguntarse si eso que está ganando quizás es de aquello que tiene que dejar en la casa mientras se muere en el hospital o tiene que dejar en el banco mientras uno termina sus días en su propia casa o donde sea. Entonces la pregunta que viene es ¿cómo podemos nosotros trabajar de manera que no se pierda lo que hacemos? ¿Será que es malo tener una empresa? ¿Será que es malo ser, por ejemplo, un funcionario o un profesor, o un artesano o un campesino?.
Mira, el Papa Juan Pablo Segundo nos da unas hermosas explicaciones sobre lo que es el trabajo humano. En una encíclica suya que se llama Laborem Exercens. En esa encíclica, una cosa muy buena que dice el Papa es que en todo trabajo hay algo que es simplemente material. Por ejemplo, si estoy cultivando el campo, entonces produzco, qué sé yo, zanahorias o papas o lo que sea. Eso es simplemente material. Pero yo puedo darle un propósito, un sentido a eso que es material. Y ese sentido muchas veces trasciende la sola materia.
Por ejemplo, pensemos en esto. Pensemos en un hombre que tiene una empresa. Por seguir con el caso de aquel tristemente fallecido, tiene una empresa y tiene cuarenta empleados y él sabe que lo más importante de su empresa son sus cuarenta empleados, porque son cuarenta familias, porque son muchas personas. Ahí puede haber ciento cincuenta o doscientas personas que están teniendo una vida mejor, una vida más digna. Si el propósito que él tiene en su corazón, propósito que nace del amor, es ¿qué hago yo para que estas familias estén mejor? Por supuesto, manteniendo a flote la empresa y manteniendo el propósito de la empresa. No estoy hablando aquí de otras cosas que también tienen muchísimo sentido y que son muy bellas, como son todas las obras de caridad y todo eso. Estoy hablando de un empresario simplemente.
Si este hombre mira su empresa así, es verdad que el dinero se quedará en la tierra, pero el amor que él dio, el tiempo que dedicó a sus empleados, su vivo interés por esas familias, es algo que queda en el alma de él. Y por eso, aunque él muera, ese tesoro, esa riqueza no se queda en la tierra. Esa riqueza tiene ya un principio de eternidad.

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