Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Impactante paralelo entre el final de la vida de esteban y el final de Cristo, su Señor.

Homilía p031013a, predicada en 20150420, con 7 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Hermanos míos, la primera lectura nos está recordando la historia de Esteban. Esteban es el primer mártir de nuestra fe cristiana, el primero que después de Cristo derramó su sangre por dar testimonio de la llegada del Reino de Dios. La fiesta de San Esteban es el día veintiséis de Diciembre. Esteban muere de un modo muy semejante al de Cristo. Y esto es tal vez lo que debe llamar más nuestra atención. Observemos los pasos que se dan, lo que sucede y así la historia que hemos oído en la primera lectura de hoy y que se va a completar en la primera lectura del día de mañana, nos va a mostrar cómo el que sigue a Cristo, el que vive como Cristo, seguramente le va a pasar lo mismo que a Cristo.

Fíjate lo que se dice aquí. Realizaba prodigios y signos en medio del pueblo. Cristo hacía grandes milagros. Esteban hace grandes prodigios y signos. Cristo predica con poder. Esteban tiene una palabra poderosa. La gente no podía argumentar con él. No eran capaces de ganarle una discusión. Tenía una fuerza tremenda en la palabra, una luz que dejaba encandilados, que dejaba perplejos a sus oponentes. Vas viendo el paralelo entre Esteban y Cristo. Luego lo acusan diciendo mentiras, lo mismo que a Cristo. A Cristo lo acusaron diciendo que Él iba a destruir el templo y a Esteban también lo van a acusar de que está hablando contra el templo y contra la ley. A Cristo lo llevan ante el Sanedrín, es decir, el Senado de los judíos, que era el órgano máximo de la ley y del juicio, algo así como Congreso y Corte Suprema al mismo tiempo. A Cristo lo llevaron ante el Sanedrín. A Esteban lo llevan ante el Sanedrín.

¿Y qué nos están diciendo todos esos paralelos? Nos están diciendo que el camino del cristiano es el mismo camino de Cristo. Inmediatamente vienen a nuestra memoria las palabras del Señor cuando dice, por ejemplo, en el Evangelio de Juan. A mí me odiaron, a ustedes los van a odiar. A mí me rechazaron, a ustedes los van a rechazar. O también donde Cristo dice: Si ustedes fueran del mundo, el mundo los aceptaría como cosa suya, pero como yo al elegirlos, los he sacado del mundo. El mundo los odia. Y esas son las palabras que se cumplen en el caso de Esteban.

Luego tenemos la manera como muere Esteban. Esto ya pertenece a la lectura de mañana. Pero ustedes me van a permitir que yo me adelante la lectura de mañana. Porque entonces, cuando condenan a Esteban. Él dice, Jesús recibe mi espíritu. Muy parecido a como Cristo dijo Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Y las últimas palabras de Esteban son: Señor, no les tengas en cuenta este pecado. Así como Cristo, cuando lo estaban crucificando, dijo Perdónalos porque no saben lo que hacen. Es bello y también es dramático.

El que sigue a Cristo de alguna manera tiene que ser otro Cristo. Y seguramente muchas de estas cosas les van a suceder a los seguidores de Cristo. Decíamos al comienzo de esta Santa Misa en las intenciones que estamos recordando a los mártires. Hoy hay mártires. Hace unas pocas horas el estado Islámico ha ejecutado a más de veinte personas y su único crimen es ser cristianos. Esos son los Esteban del día de hoy. Esto no se queda en letras. Esta es la realidad de esas personas. Y por eso nosotros tenemos que pedir al Señor que tengamos una fe viva.

Recordemos lo que sucedió no hace mucho, hace unas pocas semanas en Kenia, otro atentado contra cristianos. Casi ciento cincuenta jóvenes fueron asesinados. ¿Y ustedes saben lo que sucedió?. Iba gente con ametralladoras. Iban preguntando ¿tú eres musulmán o cristiano? Y el que dijera Soy cristiano, inmediatamente lo barren con la ametralladora. Cae al suelo en un charco de sangre. Se acabó tu vida porque eres cristiano.

Entonces las enseñanzas son dos. Primero, saber que el cristiano, como dice hermosamente la oración del comienzo de la Misa, la oración colecta. El cristiano vive la vida de Cristo, el misterio de Cristo, y tiene por eso que adherirse, que apegarse a Cristo. Hay momentos bellos como el Domingo de Ramos en que la gente aclama y aplaude, y es fácil estar ahí. Pero hay momentos duros, como la soledad de Getsemaní o como el momento del Calvario. Y el verdadero cristiano sabe estar en la entrada gozosa de Jerusalén y en la noche espantosa de Getsemaní. Esa es la primera lección pedirle a Dios que nos dé verdadera coherencia como discípulos en las buenas y en las malas, como dice la canción. Vaya bien o vaya mal.

Y la segunda lección es darnos cuenta de que esto está sucediendo hoy. Que esta palabra se sigue cumpliendo. En algunas personas se cumple literalmente porque los están asesinando, como estos cristianos etíopes, por ejemplo, o cristianos iraquíes, cristianos, sirios a los que están matando. Pero nosotros también tenemos que esperar que haya oposición. No nos debe extrañar. No debemos confundirnos. No debemos dudar, no, ninguna duda. Tenemos que tener esa claridad. Es necesario que se dé esa oposición.

En cierto sentido, esa oposición es el sello de nuestra pertenencia a Cristo. Y si no hay ninguna oposición, probablemente es porque el mundo nos tragó vivos y por eso el mundo no se opone a nosotros, porque nosotros no nos opusimos a él. Así que esta palabra se sigue cumpliendo. Hay mártires también en nuestro tiempo y tenemos que pedir al Señor que llevemos una auténtica vida cristiana. Amén.

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