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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Descubrir el significado, más allá de las señales prodigiosas o milagrosas, es salir al encuentro del Autor de que a todos supera.
Homilía p031012a, predicada en 20150420, con 6 min. y 10 seg. 
Transcripción:
Los Evangelios. Los pasajes del Evangelio que encontramos en estos días continúan aquella historia de la multiplicación de los panes con la que terminábamos la semana pasada. Es un milagro que cuentan los cuatro evangelistas, pero que tiene, yo diría, un aspecto muy particular en el caso de San Juan. Y es porque a partir del hecho en sí mismo prodigioso, el hecho maravilloso de la resurrección, perdón, de la multiplicación de los panes. San Juan nos va llevando a descubrir el significado. En cierto sentido, todo el Evangelio de Juan es una invitación a eso, a que no nos quedemos con las señales que Dios nos da, sino que busquemos el significado, porque en esos significados lo vamos a encontrar a él mismo. Disfrutar un día agradable es cosa lícita y es cosa placentera. Pero descubrir que toda la alegría de mi día proviene de Dios, que los suaves rayos del sol, la fresca brisa, el canto de las aves, es un mensaje que viene de mi Creador. Hace que eso que es agradable ya no sea solamente placentero, sino que me lleve hasta él. Algo así es lo que quiere San Juan con esto de la multiplicación de los panes. Que no nos vayamos a quedar solamente con la barriga llena, que no nos quedemos simplemente con el asombro, casi diríamos con el espectáculo que vayamos más allá y que empecemos a descubrir que es Dios mismo el que quiere tocar nuestra vida, el que quiere reformarla. Yo creo que el texto de hoy es muy útil porque hay una pregunta fundamental y es ¿Cuál es el trabajo que Dios quiere que nosotros hagamos? Eso le preguntan a Jesús, Capítulo seis de San Juan. ¿Cuál es el trabajo que Dios quiere para nosotros? Y la respuesta que da el Señor introduce a esta gente y también a nosotros en el ámbito de la fe. Porque es que resulta que el trabajo se convierte a veces como en una especie de noria, una rueda que da vueltas sobre sí misma y esa rueda que no se cansa pero que sí nos cansa. Básicamente lo que contiene es producir, consumir y entretenerse. Y a mucha gente se le va la vida en eso. Y esa es la prisión de lo puramente mundano. Es la prisión del inmanentismo. Es decir, quedarnos únicamente con lo que está tierra y con lo que esta vida puede ofrecernos. Pero Cristo quiere que vayamos más allá, y por eso dice realmente de lo que se trata es de entrar en el lenguaje de Dios. Y entramos en ese lenguaje a través de la fe, es decir, en la medida en que nosotros contemplamos con ojos de fe estas obras que Dios ha hecho. Entonces vamos descubriendo su amor. Pero los ojos de la fe no son los ojos de la fantasía. Si hay algo que es evidente en el caso de San Juan, es que la fe y la fantasía solo se parecen en que ambas empiezan por F en nuestra lengua castellana. No, no es fantasía, es el tomar verdadero aprecio, es el descubrir que hay una respuesta que nosotros hemos de dar a la propuesta. Si Dios me ha amado, si Dios me ha sanado, ¿eso qué significa?. Entonces tendrá que haber una respuesta de gratitud, de proclamación, de profesión, de fe, también de evangelización. Eso es lo que quiere este evangelio, que nosotros no limitemos nuestra vida simplemente al producir, consumir y entretenerse, sino que empecemos a hacer verdadero acopio de esas riquezas trascendentes, perdurables, las que no se marchitan, las que no se corrompen. Lo mismo que dice Jesús en algún texto de los sinópticos atesorad tesoros en el cielo. Que no todas tus riquezas estén en un banco, que no todas tus riquezas estén debajo del colchón, que no todas tus riquezas estén en un cofre, tal vez llenándose de herrumbre, que tus verdaderas riquezas estén siempre allí donde está el que no destruye y el que puede conservar lo mejor de ti. No se te olvide. Cuando morimos dejamos lo que tenemos y nos llevamos lo que hemos entregado. Ese es el camino. Pero claro, uno no va a llegar a ese camino de amor, uno no va a llegar a esa resolución de amor por sí mismo. Uno necesita para esa resolución. Uno necesita sentirse primero amado y eso es lo que da la fe que Dios nos permita sabernos amados, reconocer al Dios de amor en nuestras vidas y empezar a dar pasos serios como verdaderos cristianos.

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