Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El martirio es el punto de referencia para toda forma de santidad en la Iglesia.

Homilía p031010a, predicada en 20140505, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

La historia de Esteban, el primer mártir de nuestra Iglesia católica. Nos interesa porque es el modelo del verdadero testigo. Recordemos que la palabra mártir significa precisamente eso, testigo. Y Esteban da el supremo testimonio del amor y da el supremo testimonio del discipulado, y da el supremo testimonio de la coherencia. En ese sentido, todos nosotros, discípulos de Cristo, como Esteban, somos llamados a crecer en esa caridad, en esa coherencia, en esa generosidad. Desde sus comienzos, la Iglesia ha entendido bien que la vida de los mártires tiene un lugar completamente único en el peregrinar del pueblo de Dios. Ellos son como ecos en distintas épocas de la historia humana, ecos que van haciendo resonar la voz misma de Cristo. El lamento de Cristo por el pecado del mundo y a la vez el glorioso triunfo de Cristo sobre las fuerzas del mal.

Los mártires son los santos por excelencia, y toda santidad dentro de la Iglesia tiene de alguna manera una referencia privilegiada en los mártires. Así, por ejemplo, si nosotros admiramos a aquellos que han realizado obras de misericordia, es porque a través de esa bondad han dado testimonio, han mostrado la caridad que Cristo tiene con nosotros. Si un santo. Pensemos, por ejemplo, en el sacerdote Don Bosco, el fundador de la familia Salesiana. Si un santo se gasta en la labor de la educación, lo que admiramos es que en ese entregar la vida hay un eco, hay una referencia a la vida que Cristo entregó. Por supuesto, la entrega de Cristo fue mucho más agresiva, fue mucho más violenta. En ese sentido más elocuente. Pero en la medida en que un educador entrega la vida sin pedir nada a cambio, sino por el solo deseo de ver el Evangelio realizado en esos niños y jóvenes en la medida en que un educador vive eso. Y eso significa, en la medida en que un educador se parece a los mártires que entregan su vida. En esa medida descubrimos santidad.

No es el solo hecho de educar, es el dar la vida. Consideremos otro ejemplo. Aquellas personas. Y la Iglesia celebra singularmente mujeres que guardaron plena castidad, perfecta castidad por el reino de los cielos. No es que la Iglesia esté en contra de la sexualidad humana. No es que la Iglesia esté reprobando el matrimonio, sino más bien lo que encuentra en estas vírgenes consagradas es un exceso de amor, un reservarse para Dios y por consiguiente, una manera de manifestar a todos que Dios debe tener el primer lugar. De ese modo, la caridad de las vírgenes está mostrando a la vez el amor que se le tiene a Dios y el amor que da testimonio ante el pueblo. Porque ese es un servicio que se presta. Mostrar en dónde está el verdadero amor. Mostrar en dónde está el amor de Cristo. Es un gran servicio, una gran evangelización.

Y así podríamos hablar de otras formas de santidad. Todas tienen que ver con dar la vida. Todas tienen que ver con entregarse en obediencia filial a nuestro Padre Dios y en caridad fraterna por todos nosotros, prójimos de esas almas benditas. Así que volvamos nuestros ojos a San Esteban y descubramos en la santidad de este hombre y en la santidad de los mártires, una página imborrable de Evangelio que no cesa de hablar a nuestro corazón.

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