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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Un recuento de cómo el libro de los Hechos de los Apóstoles va mostrando la acción poderosa e invencible del Espíritu Santo de Dios. Ejemplo insigne es Esteban, que será el primero en los mártires de la Iglesia.
Homilía p031006a, predicada en 20110509, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
El tiempo más apropiado del año para leer el libro de los Hechos de los Apóstoles es sin duda la Pascua. Todo este libro que se encuentra en tu Biblia describe la maravillosa acción del Espíritu. Casi que el título del libro podría ser los hechos del Espíritu Santo. Pero es tanto el énfasis que San Lucas, autor de esta obra, pone en la acción del Espíritu, que los dos tomos, las dos obras, los dos libros que él nos ha dejado, podrían titularse Hechos del Espíritu Santo en Jesús. Y esto sería el Evangelio. Hechos del Espíritu Santo en los discípulos de Jesús. Y esto sería lo que nosotros solemos llamar el libro de los Hechos de los Apóstoles. Indudablemente, para Lucas, este Espíritu Santo de Dios es protagonista de la vida de la Iglesia. La Iglesia nace del Espíritu. Esto es lo que se nos cuenta en el capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles. Y luego la Iglesia es sostenida por el poder de Dios, es guiada por el poder de Dios, es defendida por el poder de Dios, es sanada por el poder de Dios, hasta el punto que se dice con toda razón El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Así como decimos que un cuerpo sin alma no tiene vida y es un cadáver, así también la Iglesia, si careciera del Espíritu, sería cadáver, no sería el cuerpo vivo y cuerpo vivificante de Cristo. El caminar de la Iglesia, entonces, de esta Iglesia naciente, bajo la acción vigorosa del Espíritu. Eso es lo que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles y hemos encontrado distintas escenas en estos días de Pascua. Hemos visto aquella curación que Pedro y Juan realizan en la persona de un hombre lisiado de nacimiento que pedía limosna a la puerta del templo y luego de ahí se siguieron unas discusiones con las autoridades judías, porque los mismos que mataron a Cristo quieren matar el mensaje de Cristo. Los mismos que encarcelaron a Cristo quieren encarcelar a los discípulos de Cristo. Todo aquel que es enemigo de Jesús se convierte en enemigo también de los discípulos de Jesús. Y de esta manera el libro nos está enseñando que debemos esperar una dosis de persecución si de veras somos discípulos del Señor. Luego nos damos cuenta que las dificultades no están únicamente afuera, también adentro hay dificultades. En efecto, esta discusión entre los discípulos venidos de lengua hebrea y los discípulos venidos de lengua griega y las acusaciones mutuas. Y entonces es necesario que intervenga Pedro, y es necesario que la autoridad de los apóstoles cree una figura nueva, que es lo que se llaman los diáconos. Hacen su aparición en el capítulo sexto y en este mismo capítulo seis donde nos encontramos, vemos como una segunda ola de persecución mucho más fuerte. Y aquí asoma el nombre de Esteban, discípulo de Cristo, verdadero creyente, verdadero testigo y verdadero hombre lleno de espíritu. Y este Esteban, poseído, guiado por el Espíritu, tiene una fuerza en su testimonio, tiene una fuerza en la Palabra que nadie lo puede vencer. Y entonces, cuando se hace tan presente la acción de Dios, se hace también muy, muy presente la oposición a Dios. Y es así como se llega o se llegará en la próxima lectura que hagamos al martirio de Esteban. Es importante ir llevando esta secuencia a mis hermanos para sentirnos parte de esta misma familia. Estos son los recuerdos de familia. Esto es lo que nosotros somos. Esto es lo que hace posible que nosotros pronunciemos con amor el nombre de Cristo. Estuvo contigo, Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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