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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Profundizar en lo que nos muestra Dios a través de los signos de Jesús, para descubrir que Cristo mismo es el Pan del Cielo.
Homilía p031005a, predicada en 20100419, con 6 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Como hemos comentado en otras ocasiones, el milagro de la multiplicación de los panes es el único milagro que cuentan los cuatro evangelistas. Me refiero a los milagros realizados en vida de Cristo sobre esta tierra. Pero hay una diferencia entre la presentación que nos hace San Juan y la que hacen los demás evangelistas. Los demás cuentan el milagro de la multiplicación de los panes y no añaden mucho más. En cambio, en el Evangelio según San Juan, este milagro de la multiplicación de los panes es el comienzo de todo un relato que venimos escuchando aquí en la misa desde la semana pasada. En los días entre semana empezamos el viernes a oír sobre esta multiplicación de los panes. Y lo más interesante en San Juan es que el milagro mismo no es el que tiene toda la atención. Por el contrario, el capítulo seis de San Juan, que es el que nos cuenta estos hechos, nos viene a decir que la multiplicación es el comienzo de una revelación mucho más profunda de algo que Dios quiere darnos y que es mucho más permanente que unos panes que saciaron a una multitud en una sola ocasión. Así que este capítulo sexto de San Juan tenemos que mirarlo como un itinerario, como un caminito que nos lleva desde la parte física la multiplicación de panes que llenaron el estómago de más de cinco mil hacia algo mucho más profundo, hacia una realidad más permanente, espiritual y fecunda. Porque lo que vamos a encontrar en este capítulo sexto de San Juan es que Cristo no solo es el que multiplica el pan material, sino que Él mismo es el pan del cielo. Él es el alimento que Dios nos quiere dar. Entonces, el capítulo sexto de San Juan es un caminito que va desde el pan material hacia el pan espiritual, desde el pan que llena la barriga hasta el pan que llena la vida. Desde ese pan que sacia el hambre por un momento hacia ese otro pan que es el que nos llena para siempre. Ese pan que es el mismo Cristo. Pero ¿cuál es como el punto de conexión entre estos dos panes? Es decir, entre el pan material y el pan espiritual que es Cristo. Pues el punto de conexión es el que aparece en el Evangelio de hoy. La crítica que hace Jesús a esta gente, a esta multitud que lo busca, es que ellos no han leído la señal. Ellos no han visto el signo. Hay que observar, hermanos, que en el Evangelio según San Juan, el verbo ver es mucho más profundo que darle una mirada. Ver en San Juan es como profundizar, captar el significado que está detrás de un signo y esa misma palabra signo es supremamente importante en este evangelio. Los signos de Jesús son las revelaciones de Jesús. Son como rendijas a las que debemos asomarnos, por las que debemos mirar para descubrir un poco más de la riqueza que Cristo mismo es y que Cristo viene a traernos. Entonces la palabra signo es muy importante. De hecho, fíjate que San Juan ni siquiera utiliza la palabra milagro, sino utiliza la palabra signo, porque lo importante para él no es simplemente que una persona que era paralítica pudo andar, o que uno que tenía hambre se pudo saciar el estómago. Porque fíjate que esos milagros, si nos quedamos únicamente en la materialidad de las cosas, son milagros que tienen muy poco alcance. Por ejemplo, si una persona que era paralítica puede caminar, pues eso es maravilloso para esa persona, pero digamos que por unos años, porque luego la persona o se enferma o envejece o simplemente muere. Así que la parte física no tiene mucho alcance. Lo mismo sucede con el alimento que llena el estómago. Toda esta gente que había comido hasta saciarse un día después o dos días después están muertos de hambre otra vez. Así que el milagro como tal no va muy lejos. En cambio, el significado, la revelación, eso que nos muestra Dios a través de los signos de Jesús, eso es lo que permanece. Entonces, la invitación de hoy ¿cuál es? Mirar las obras de Dios, pero mirarlas con la profundidad que tiene el Verbo ver en el Evangelio según San Juan. Mirar con esa profundidad. Leer nuestra historia reconociendo el paso de Dios y encontrando cada vez mejor qué es lo que el Señor nos quiere decir desde esa mirada más profunda, más atenta. Vamos a encontrar que en realidad Dios es el Señor de nuestra existencia. Es Padre amoroso y providente que ha acompañado nuestro camino y que quiere llevarnos hasta el final, hasta su casa, hasta su morada celestial.

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