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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero testimonio y valentía lo da el sentirse plenamente cautivados por el amor de Jesús, ese amor de Aquel que lo dio todo por salvarnos.
Homilía p023023a, predicada en 20250430, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Hay algo que llamó mucho la atención en el siglo primero, cuando empezó a propagarse seriamente la fe cristiana, y que, si lo pensamos bien, también es como un hermoso interrogante para nuestro tiempo. Yo quiero recordar la escena que nos presenta la primera lectura que está tomada del capítulo quinto de los Hechos de los Apóstoles. Ahí encontramos que habían apresado a algunos apóstoles, los habían metido en la cárcel, fueron liberados milagrosamente, pero en vez de huir, en vez de cuidar, como se dice popularmente, su pellejo, pues esta gente tomó la extraña decisión de quedarse en Jerusalén. Y no solo eso, sino que lejos de esconderse, están predicando abiertamente en el templo.
O sea, dime tú ¿qué sentido tiene eso? ¿Dime tú qué sentido tiene? Es decir, los están persiguiendo, obviamente pues para matarlos, para maltratarlos, para eso los están persiguiendo, no es para otra cosa. Tienen la oportunidad de ser liberados por el poder de Dios. Por el amor de Dios, son liberados. Y después de que son liberados, en vez de cuidarse, es decir, de poner en primer lugar su seguridad o su bienestar, siguen predicando y predican delante de todo el pueblo y predican donde está el centro del problema, es decir, donde peor puede ser su suerte, es decir, en Jerusalén. ¿Cómo es eso de que salen de una cárcel y siguen exponiéndose al peligro? Hay una explicación muy bonita que conocí hace unos años y tal vez hoy es el día para compartirla. Mira esta explicación tan bella, es que ellos, antes de ser prisioneros de las autoridades judías, por ejemplo, estaban aprisionados por el amor de Cristo. Estaban aprisionados por el amor de Cristo.
¿Qué queremos decir con esta expresión? Mira, depende de la relación que tú tengas con Cristo. Si tu relación con Cristo es simplemente una relación educada y diplomática, es decir, a ti te parece bien ser cristiano, te parece que te da una base ética para formar tu familia y para manejar las cosas en la sociedad, ese tipo de cristianismo pues tiene grandes límites, porque ese tipo de cristianismo, cuando llega el tiempo de los insultos y de las amenazas y de la persecución, ese tipo de cristianismo no tiene cómo defenderse. Porque si finalmente lo que yo quiero es una vida tranquila y quiero que me dejen hacer las cosas más o menos como a mí me gusta, pues una persona que tiene ese criterio, evidentemente cuando llegan los problemas, pues simplemente se va, desaparece. Esa persona tiene una relación, podríamos decir, educada con Cristo, una relación diplomática con Cristo.
Pero ¿qué pasa cuando una persona tiene una relación absoluta, apasionada, fervorosa, ardiente? Es que eso era lo que tenían los apóstoles, es que lo que ellos tenían era un nivel de amor, lo que ellos tenían era un nivel de entrega, lo que ellos tenían era un nivel de fuego en el alma que los mantenía en posesión de Cristo. Cuando uno habla de posesión, casi siempre piensa de posesión diabólica. No, aquí es el amor de Cristo, nos posee el amor de Cristo, nos urge. Por eso decía, por ejemplo, San Pablo decía: «Ay de mí si yo no evangelizara», como quien dice, es que yo no puedo dejar de hacerlo. Y los mismos apóstoles dicen en el libro de los Hechos de los Apóstoles, los mismos apóstoles dicen: «Nosotros no podemos, no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído».
Estaban aprisionados, estaban poseídos, pero poseídos por un amor, por un amor santo. Estaban poseídos por esa alegría, por ese fervor, por ese fuego. Y como ya estaban en la prisión de Cristo, me entiendes en qué sentido metafórico lo estoy diciendo, como ya estaban aprisionados en el amor de Cristo y de esa prisión, nadie podía sacarlos, y ellos no querían salir, como ya estaban en esa prisión, pues por supuesto, ninguna prisión de este mundo podía cambiar la prisión en la que ya estaban.
No sé si me explico, es una idea un poco rara, pero es una idea supremamente bella. El que ha sido, por decirlo así, cautivo del amor de Dios, el que ha sido cautivado y por eso es cautivo del amor de Dios, esa persona no tienes como encerrarla porque ya está encerrada, no tienes como aprisionarla porque ya está aprisionada. Su primera prisión y su prisión fundamental es que está en el amor de Jesús, pero no con una relación educada y diplomática de, qué bueno cultivar unos valores. Unos valores, unos valores, por favor, no es unos valores. El tema no son unos valores, el tema es una persona, una persona que lo dio todo por mí y una persona a la que yo quiero darle todo. Eso era lo que tenían los apóstoles y eso es lo que da un testimonio diferente, es lo que da una valentía diferente, es lo que da un fuego y una convicción al hablar. Eso es lo que ellos tenían y es lo que nosotros podemos pedir, porque el mundo, aunque lo rechace, necesita esa clase de amor.

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