Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando nos humillamos delante de Jesús y reconocemos nuestro pecado acogiéndonos a Él se abre la puerta de la vida nueva, desapareciendo el juicio.

Homilía p023020a, predicada en 20220427, con 7 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Hay frases de Cristo que uno puede pasar por alto como sin darse cuenta. En el pasaje del Evangelio de hoy encontramos esa frase hermosísima que es de las más populares o la más popular de toda la Escritura: «Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna». Esta es una frase muy bella, es una frase maravillosa. Pero junto a esa frase hay otras frases en el Evangelio de hoy, y una de las que más me llama la atención es lo que dice Cristo: «El que cree en Cristo no será juzgado». Hemos dicho en otras ocasiones que una buena manera de tratar de entender un poquito la Escritura es hacer preguntas, desde la fe, desde la humildad, pero hacer preguntas. Dios nos dio una inteligencia para que buscáramos su sabiduría. Y si aprendemos a utilizar esa inteligencia, estamos prestando un servicio a Dios.

Entonces, por ejemplo, preguntémonos ¿de qué juicio está hablando aquí Cristo? ¿Cómo así que hay un juicio? Entonces, ¿quién es ese juez, cuál es ese juicio? ¿Por qué es malo que lo juzguen a uno, por qué la fe evita ese juicio? Estas son las preguntas que podemos hacernos cuando escuchamos la frase de Cristo que dice que el que cree en Él no será juzgado. Y en realidad, esto nos lleva a unas consideraciones muy profundas, pero también muy bonitas. Por ejemplo, preguntarnos por la justicia, preguntarnos si se puede vivir de cualquier manera.

Hace unos años murió un presentador de televisión que trabajó durante muchos años para la BBC, esta gran cadena de transmisión en radio y televisión en el Reino Unido. Y bueno, este hombre murió y solo después de que murió, empezaron a salir a la luz una cantidad de barbaridades y de abusos y de escándalos, situaciones completamente aberrantes que tenían que ver con este personaje. Sobre todo, porque una gran cantidad de sus presentaciones y de sus programas tenían que ver con menores de edad. O sea, un tema muy delicado. Pero él murió y en vida muchas cosas nunca se supieron y, por consiguiente, podríamos decir que se salió con la suya. Yo creo que esa es la expresión que uno utilizaría: El hombre se salió con la suya porque, finalmente, pues en vida no le hicieron nada. Después fue que se vinieron a saber una cantidad de cosas.

Y como esta historia hay muchísimas más. Es decir, hay muchas personas que han tenido crueldad, que han tenido soberbia, que han humillado a otros, que se han aprovechado de otros y después simplemente se mueren y aparentemente todo se acabó. Pensemos, por ejemplo, en el caso de esas historias que se están volviendo como más frecuentes, esas historias de personas que llegan y empiezan a matar, se arman de una metralleta, se arman de una pistola y una masacre. Esto sucede en varias partes, pero numéricamente, sobre todo en Estados Unidos, y entonces, llega y asesina una cantidad de personas y después de eso se pega un tiro y se acabó, como quien dice, se salió con la suya. Y entonces uno se pregunta ¿hay justicia o no hay justicia? Y es evidente que si nos quedamos únicamente mirando a lo que sucede en esta tierra y lo que sucede en esta vida, la respuesta es que muchas veces no hay justicia, porque hay mucho bien que no es premiado y hay mucho mal que no es castigado.

Pero lo que nos está diciendo Cristo es que la última palabra no la tiene el ser humano. Lo que nos está diciendo Cristo es que sí hay una justicia que trasciende lo que alcanzan a ver nuestros ojos, y esa justicia, es la justicia de Dios. Y seguramente, si nos examinamos delante de Dios, nos descubrimos cortos frente a esa justicia. Y por eso, conviene tener un sano temor de cuáles son las cuentas que nosotros vamos a presentar cuando salgamos de esta vida. Esa es la doctrina clásica católica perfectamente razonable, que nos habla del juicio particular y que nos habla después del juicio universal. Siendo así las cosas, entonces ahora entendemos un poco qué quiere decir esto de que, el que cree en Cristo no será juzgado. Porque cuando nosotros nos humillamos delante de Cristo y reconocemos delante de Cristo lo que somos y, por consiguiente, reconocemos nuestro pecado y nos acogemos a Él con fe y con amor, entonces se abre la puerta de una vida nueva para nosotros. Pero además, al recibir el amor perdonador de Jesucristo, entonces el juicio desaparece.

Esa es la profunda enseñanza que Cristo nos regala hoy, el juicio desaparece cuando nosotros tomamos esa actitud de auténtica sinceridad, de verdadera fe que se concreta de modo ordinario en el sacramento de la Confesión, ahí se concreta de manera ordinaria. Es verdad que hay ocasiones excepcionales en que la persona no se puede confesar, está bien, eso se entiende. Pero de modo ordinario, Tu arrepentimiento, tu sincero arrepentimiento, tiene que estar abierto al amor de Dios, al amor con el que Dios te recibe, al amor con el que Dios quiere darte una existencia nueva. Ese es el sentido precioso de lo que nos dice Cristo, cómo nosotros vamos a ser perdonados, cómo nosotros vamos a ser renovados por este Cristo, por este amor de Dios que se ha hecho presente en nuestro Señor muerto y Resucitado.

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