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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nosotros con la oración, el testimonio y la predicación debemos ayudar a recuperar lo que está secuestrado en nuestra Iglesia.
Homilía p023018a, predicada en 20210414, con 4 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Cuando uno ha visto algunas películas de aventuras tipo Misión Imposible o cosas parecidas, uno sabe que cuando una persona la tienen recluida, presa, secuestrada y la liberan, lo primero que se hace es llevarla lejos, eso es lo primero, pues es una manera de asegurar la libertad, podríamos decir. Comento esto porque en la primera lectura de hoy del libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo quinto, aparece un momento de liberación de unos presos y son presos muy eminentes, son los apóstoles de Jesucristo que han sido llevados a la cárcel por predicar la Resurrección. Claro, predicar la verdad de la Resurrección, es predicar que los dueños de la muerte no son los dueños de la vida. Escribe esa frase que te conviene, predicar la Resurrección, es predicar que los dueños de la muerte no son los dueños de la vida. Y dueños de la muerte se consideran todos aquellos que tienen la supuesta autoridad para encarcelar, para desaparecer la gente, para torturarla, para matarla.
Entonces los dueños de la muerte se consideran dueños de la vida, consideran que pueden decirle a todo el mundo cómo tiene que vivir. Y esa es la razón por la que tienen encarcelados a los apóstoles, pero un ángel del Señor los libera, los saca de la cárcel. Y ¿qué sucede cuando ellos salen de la cárcel? En las películas de acción tipo Hollywood, lo que tenía que haber sucedido es que se los llevará muy lejos, donde estuvieran, entre comillas, a salvo. Pero el gran propósito de la liberación no es que ellos estén a salvo, sino que el Evangelio esté a salvo. Me explico, se los lleva, es decir, les manda que sigan predicando y no salen a esconderse, no salen a los últimos rincones de Samaría o de Galilea, en el corazón mismo de Jerusalén, en el templo, predicando, en el templo, predicando, te imaginas eso, ahí estaban ellos predicando.
¿Qué nos enseña esto? Nos enseña en primer lugar, a vencer el miedo. Nos enseña que lo más importante no era, como se dice popularmente, salvar el pellejo. Y, sobre todo, nos enseña que el templo mismo estaba secuestrado. Ese templo estaba secuestrado porque los que estaban a cargo del templo, los saduceos, eran gente que no creía ni siquiera en la Resurrección, eso es bien sabido y aparece en los Evangelios. El templo de Dios estaba secuestrado y no cabía simplemente huir y dejar las cosas como si nada sucediera, había que recuperar ese templo, había que recuperarlo para la predicación del Dios verdadero.
Esta es una gran lección para nosotros, porque tenemos que preguntarnos cuántas cosas están secuestradas, en la Iglesia me refiero, estoy pensando, por ejemplo, cuando uno oye que cientos de sacerdotes, principalmente en Alemania, pero también en otros sitios, cientos de sacerdotes, están dispuestos a desobedecer al Vaticano, en cuanto a la bendición de las parejas del mismo sexo. Uno dice esas parroquias, incluso esas diócesis, porque hay casos de obispos y de algún cardenal que yo sepa, esas parroquias, esas diócesis, están secuestradas y por eso nosotros con las armas que tenemos, que son ante todo las de la oración, el testimonio, la predicación y la valentía, tenemos que ayudar a recuperar lo que está secuestrado. Es tu tarea, si amas a Cristo y es también la mía.

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