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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cinco principales señales de aquel que ama, y todas están en Cristo: (1) Dedica tiempo; (2) Gasta con generosidad lo suyo; (3) Concede atención y acoge en el corazón; (4) Guarda recuerdo del camino recorrido con aquellos a los que ama; (5) Incluye en sus planes a futuro a quienes ama.
Homilía p023017a, predicada en 20200422, con 31 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Mis queridos hermanos, hoy es un día muy bello, porque en el Evangelio de hoy se proclama la frase que es más conocida, más repetida y posiblemente la frase más amada de toda la Biblia. Estamos en el capítulo tercero de San Juan y el primer versículo que se leyó en el Evangelio de hoy es exactamente esa frase. Repitámosla, saboreémosla: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna».
Esa frase ha recibido los mayores elogios que yo comparto. Por ejemplo, se ha dicho y con razón, que ese solo versículo resume todo el mensaje de la Biblia. Se ha dicho que ese versículo es como el eje en torno al cual giran todos los Evangelios. Se ha dicho que ese versículo es la fuente de nuestra fe, esperanza y amor. Porque en ese solo versículo, en esa sencilla, pero tan profunda, infinitamente profunda frase, está toda la buena noticia. Hoy no vas a escuchar una frase más hermosa que ésta, no la vas a escuchar, ninguna frase más bella que ésta que se acaba de decir. Pero te digo más, mañana tampoco vas a escuchar otra frase más bella. Y en lo que queda de este año, ninguna frase va a ser más hermosa. Y en lo que queda de tu vida y para toda la eternidad, posiblemente no hay frase más hermosa que sentir la declaración del amor de Dios.
Todavía hay otra razón por la que hay que ponderar este bellísimo versículo. Este versículo no tiene ninguna condición, ninguna. Cuando se habla aquí del exquisito y sobreabundante amor de Dios, se dice, así amó al mundo, al mundo entero. No dice así amó a los que se portan bien, así amó a los que no cometen ningún pecado, así amó a los inteligentes, o a los ricos, o a los nobles. Es una declaración sin condiciones, es una declaración irrefutable, irreversible, innegable, poderosa, permanente. ¿Qué más quieres que te diga? ¿Qué más puedo decirte para que confiemos más y más en esta declaración de amor? Este es Dios diciendo a cada corazón: Te amo, te amo. Aquí está Dios diciéndote: Te amo. Y el te amo de Dios, tiene la fuerza suficiente para reconstruir lo que el mundo destruyó en ti. El te amo de Dios, tiene la fuerza para reconstruir lo que faltó en tu infancia, lo que te decepcionó en tu juventud, la frustración que tuviste en tu edad adulta. Esta palabra es más poderosa que cualquier otra palabra, porque cualquier otra palabra fue dicha por ángeles o por hombres. Esta es una palabra que viene del corazón de Dios.
Y así como esta palabra es invencible, y como ninguna se le puede comparar, así también cada uno debe decir, esta palabra debe prevalecer en mi vida. Tal vez hubo amor que me faltó, amor de un papá, tal vez, amor de una mamá, amor de amigos, amor de hermanos. Tal vez algunos de quienes puedan escuchar este mensaje digan: A mí me faltó ser tratada, ser tratado con respeto. Di mucho, recibí poco. Sí, esa persona, hombre o mujer, tal vez frustró tu deseo de amar y de ser amado, tu deseo de amar y de ser amada. Pero eso que produjo esa persona que es solo una criatura, no puede competir con el poder de la Palabra que Dios te concede escuchar en este día. Yo te invito hermano querido, yo te invito a que te dejes arrasar, invadir, poseer, por la certeza de amor que trae el Evangelio de Cristo, esta Palabra prevalece, esta Palabra está por encima de cualquier otra palabra.
Cuando empezaba el ejercicio de mi ministerio sacerdotal, por supuesto, empecé a servir a veces con mayor acierto, a veces con equivocaciones, imperfectos somos. Empecé a servir a diverso tipo de personas, como le corresponde a todo sacerdote. Hombres, mujeres, familias, parejas religiosas, hermanos de comunidad, todo tipo de personas han de ser destinatarios del servicio de un sacerdote, y ese fue mi caso, ese es mi caso para la gloria de Dios. Una cosa que observé es que muchas personas sentían una profunda frustración, especialmente en el área emocional y afectiva. Muchas personas sentían una gran frustración, efectivamente, porque sentían que no habían sido amados, o lo que es peor, sentían que su amor no había sido aceptado o entendido. Y entonces, empecé a darme cuenta que muchas personas, particularmente mujeres, quizás más sensibles para este tema del amor, se daban cuenta y detectaban la falta de amor, por ejemplo, de un novio o del esposo. Lo detectaban ¿cómo? a través de aquello que no recibían.
Y entonces a lo largo de los años fui haciendo como un pequeño test, un test informal, una especie de test para preguntarse uno ¿cómo sé yo si realmente me quieren o no me quieren? Es una pregunta muy buena y me di cuenta que las personas perciben que son amadas en proporción a lo que la otra persona hace por ellas, y todavía más, lo que la otra persona sacrifica por ellas. Muy concretamente, este test tiene como cinco puntos. Para quienes quieran tomar sus apuntes, porque hay gente que tiene la saludable costumbre de oír la homilía y estar mentalmente o incluso con una libreta con un cuaderno apuntando, entonces este test tiene como cinco puntos.
Por ejemplo, un punto importante es el tiempo ¿me dedica tiempo?, pero cada vez que yo diga el verbo dedicar, tú puedes utilizar el verbo sacrificar. Por ejemplo, me dedica tiempo significa ¿sacrifica parte de su tiempo para darme tiempo a mí? Este es un punto del test. ¿Me dedica tiempo, sacrifica tiempo por mí? Si una persona de palabra dice: Sí, Sí, yo te quiero mucho. Te amo, te amo, te amo. Muy bien, muy bonito se oye. Sacrifica tiempo por mí. ¿Tiene tiempo para mí, sí o no? Es un test. Cuando una persona podría darme tiempo, pero no me lo da, me está dando un mensaje. En cambio, me está diciendo realmente: ¿Sabes una cosa? No eres tan importante para mí. Yo vivo diciendo que te quiero y que te amo, pero la verdad, no eres tan importante para mí. Eso es lo que significa cuando la persona no da de su tiempo.
Bueno, apliquemos este punto a Jesucristo. ¿Nos dio de su tiempo? Todo. Nos lo dio todo, todo. Dice el Salmo 40: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Y agrega la carta a los Hebreos: «Y según esa voluntad hemos quedado santificados». Todos los días de Cristo, según afirma el Credo, fueron por nosotros y por nuestra salvación, nos dio todo su tiempo. Entonces, primer punto del test, ¿me da tiempo?
Segundo punto del test. Alguien me dirá que soy muy materialista. A ver, no me lo tomen como cosa personal, por favor. Pero la verdad es que la gente es muy práctica y muy concreta en esto. Voy a hablar del dinero. ¿Gasta de su dinero conmigo? No se puede medir el amor simplemente por el tamaño de los regalos. Hay gente que tiene muchísimo dinero y que puede darse el lujo de dar un regalo costoso sin en realidad sacrificar gran cosa. Atención, volvió a aparecer la palabra sacrificar. No es lo mismo, no es lo mismo que una persona que tiene muchísimo dinero dé un regalo costoso, a una persona que tal vez no tiene tantos ingresos pero que, de alguna manera, quiere mostrar que esa otra persona es muy importante. Y por favor, no pensemos solamente en amor de pareja, esto también tiene que ver con el amor de padres a hijos, también tiene que ver con el cariño que debe haber entre amigos.
Una persona que todo el tiempo está midiendo sus gastos, que no gastemos mucho, que no se vaya mucho en esto, pues muestra con esa actitud que en realidad esa amistad no le importa mucho. El gasto económico tiene que ver también, una vez más, repito por aclarar, no es que el amor tenga simplemente el signo pesos, o dólares o soles, o la moneda que sea. No, no es que se mida únicamente de esa forma, pero aquella persona que pudiendo ayudarme, no me ayuda, pues como que cae bajo la denuncia que hizo el apóstol Santiago. Cuando alguien está en necesidad y otro le dice: Ay, pero qué cosa bueno, que te vaya bien, que te vaya, que te vaya bien. Está mostrando que no tiene amor, está mostrando que no es cristiano. Tiene que verse también el amor en esas cosas. Por ejemplo, el amor que tú tienes como cristiano, tiene que verse en el apoyo que tú das también económicamente.
Me acuerdo un amigo mío, que tuvo mucho que ver en mi proceso inicial de fortalecimiento en la vocación religiosa, un amigo que decía, él era predicador, no sé si sigue haciéndolo en la Renovación Carismática Católica. Y él decía en sus predicaciones: De lo último que se le renueva a la gente es el bolsillo, como ese movimiento se llama Renovación Carismática Católica. Entonces la gente decía: Yo he sido renovado en el Espíritu, he sido renovado por Cristo. Ah, ¡qué bonito! Pero de lo último que se le renueva a la gente es el bolsillo. Se ve el amor en eso también, ¿tu amor toca tu bolsillo o no? Amor cristiano, amor de amigos, amor de pareja, amor de papá y mamá. Entonces está el tema del dinero.
Apliquémoslo a Cristo, es que Cristo lo dio todo. Lo último que le quedaba era su vestido, fue arrebatado y Él lo entregó, repartieron sus ropas a suertes. Todo lo entregó, por eso él podía decir: «El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza», lo dio todo. Y nos enseñó también a admirar a aquellos que lo han dado todo. Te acuerdas cuando aquella viuda pobre echó apenas dos moneditas en la limosna del templo, y Cristo nos enseñó a admirar a esa viuda. Cristo nos enseñó a admirarla y decir: Ella, ella es la que ha dado todo, ella. Entonces, el tiempo, número uno. Punto número dos, el dinero.
Punto número tres, atención, ¿me da atención? Se parece mucho al tiempo, pero es que a veces hay personas que, por ejemplo, por dar un ejemplo solamente, están en una cuarentena y está todo el día en la casa. En ese sentido está todo el tiempo, pero ¿me da atención? La atención es fundamental. Alguien decía, escuchar, y es una frase que me gusta mucho: escuchar es acoger en el corazón. O sea que dar tiempo es eso, dar tiempo es acoger en el corazón. Y sentirse escuchado es una necesidad tan absolutamente vital, tan vital, que muchos adolescentes que saben que cuentan con el dinero del papá, y es mucho, con el dinero de la mamá, y es mucho, si no cuentan con la atención de ellos, si no sienten que son importantes para ellos, no se sienten amados. ¿De qué sirve que le des unos regalos costosísimos a tu hijo, si él no siente que tú le das tu atención, que cuando lo vas a escuchar realmente lo acoges con el corazón? Ahí está el punto, la atención.
Y Cristo, ¿Cristo me da su atención?, claro que sí, y lo muestra en los Evangelios. Cristo le dio su atención incluso a personas que no le hablaron, pero que necesitaban de Él. Recuerdas a aquella mujer que tenía un problema, un flujo de sangre, y esta mujer había gastado todo en médicos y se acercó sigilosamente y tocó el borde del manto de Jesús, diciéndole: «Aunque solo pueda tocar su manto, me va a curar». Y quedó curada la mujer y cuando ella quedó curada, Cristo le dio atención a esa mujer, no dejó pasar así la situación. Se detuvo y preguntó: «¿quién me ha tocado el manto?». Parece que los apóstoles estaban un poco de prisa, de afán, y le dicen: Pues ves que te estrujan por todas partes y preguntas que quién te ha tocado. Pero Jesús seguía esperando ese momento del encuentro personal con ella.
Cristo les dio tiempo a los 10 leprosos y les dio atención, Cristo le dio atención a un hombre que parece que no se la merecía, era cobrador de impuestos, era un explotador, es lo que muchos dirían con un lenguaje de insulto, era un desgraciado. Perdón que lo diga así en misa, pero eso era lo que sentía mucha gente. Y a ese Cristo, le dio su tiempo y le dio su atención, hasta el punto de quedarse en su casa. Ese es Cristo. Hay un poema muy bonito que se lee en Semana Santa que dice: Y ¿cómo digo que me esperes si estás para esperarme los pies clavados? Y ¿cómo digo que me esperes si estás para esperarme los pies clavados? Es un soneto que se dice frente a la cruz de Cristo. Y la idea de ese soneto es muy bella. La idea de ese soneto es que Cristo, en su cruz, a ver dónde está, dónde está mi cruz. Cristo en su cruz, en su cruz, está esperándonos con todo el tiempo del mundo para atendernos. Cristo en su Sagrario, está para esperarnos y para atendernos, y así muestra que nos ama.
Cuarto punto del test, la memoria, la memoria. Muchos disgustos, a veces incluso un poco graciosos, surgen entre las parejas, por aquello de que todos sabemos que las mujeres tienen mejor memoria para las fechas. Digamos que muchísimas mujeres tienen muy, pero muy buena memoria para las fechas y una mujer aprecia mucho que cuando llega una fecha, que cuando llega un aniversario y a veces no es aniversario, sino mes-niversario, se cumplieron meses, y eso gusta mucho a la mujer, estamos cumpliendo tantos meses, eso gusta mucho porque eso significa, me tiene en su recuerdo, en la memoria. En cambio, la persona que no se acuerda de nosotros, la persona que rápidamente nos olvida, pues es una persona que de alguna manera nos envía el mensaje de que no somos tan importantes. Mira lo que dice la Sagrada Escritura a través del profeta Isaías: «¿Puede una madre olvidarse del fruto de sus entrañas?» Y sigue diciendo, «Pues aunque ella se olvidara, Yo jamás te olvidaría». Y también habla en ese libro de Isaías, de la manera como Dios nos tiene tatuados, tatuados en su mano. Dios nos tiene tatuados como un recuerdo imborrable, un recuerdo imborrable, ahí está. Jesús nos invita también, a cultivar esa memoria del amor, esa memoria del corazón, y Él mismo la tuvo.
Hay un pasaje muy bello que se lee con el tiempo o en el tiempo de la Pasión de Cristo. Recuerdas que hubo una mujer que tenía un perfume, era María de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro. Esta mujer tenía un perfume muy costoso en un frasco, muy costoso. El solo frasco ya era muy costoso, el frasco era de alabastro y el perfume era de nardo. Y como hemos comentado en otra predicación, el precio de ese perfume era más o menos un año de trabajo, un año de sueldo de un trabajador, cada quien haga las cuentas, eso era lo que valía ese perfume. Y ese perfume, esta mujer lo entrega, rompe el frasco que de por sí era costoso, digo, y derrama este perfume sobre los pies de Cristo. Los apóstoles, sobre todo Judas, parece que no estaban muy de acuerdo, pero Jesús dice: «Déjenla tranquila. Les aseguro que donde se predique el Evangelio se recordará lo que ella hizo». Hablaba Jesús de un gesto que sería imborrable en la memoria del pueblo, porque iba a ser imborrable en su propio corazón, Cristo no se olvida de eso.
Sabes lo que ha dicho mucha gente cuando tiene un proceso de conversión, sabes lo que yo he escuchado muchas veces, y esto a mí me conmueve, me conmueve mucho, hay gente que dice: Yo de niño era muy piadoso. Hay mujeres que dicen: Yo de niña era muy piadosa, yo iba siempre donde la virgencita, le llevaba flores, le rezaba el rosario. Yo de niño era muy piadoso, yo iba a la capilla, yo entraba en las tardes en la capilla y aunque fuera de prisa, le decía una oración al Señor. ¡Oh! Pero después me aparté de Él. Y en un retiro espiritual, en un buen retiro espiritual, esta persona ha retornado a Dios. Y ¿sabes cuál es la sorpresa que se lleva mucha gente? Que es como si Dios, en el momento en el que tú vuelves a Él, reconectara con las obras que hiciste hace muchos años, a Dios no se le olvidó. A Dios no se le olvidó cuando tú eras niño y te postrabas ante el sagrario. A Dios no se le olvidó cuando tú eras niño o eras niña y mirabas con ternura una imagencita de la Virgen, a Dios no se le olvida nada.
Tú recuerdas en la parábola del hijo pródigo cómo este hombre vuelve a casa, y cuando vuelve a casa, ¿qué es lo primero que hace el papá? Le pone un anillo, anillo, símbolo de la pertenencia a la familia y dice: Quítenle esos harapos y pónganle ropa de la casa, la ropa de la casa, el ternero cebado de la casa, el anillo de la casa, como quien dice, aquí reconectamos. «Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida», a Dios no se le olvida. Tal vez tú olvidaste tu pasado, tal vez tú olvidaste las cosas buenas que hacías, pero a Dios no se le olvida, óyeme lo bien, a Dios no se le olvida ni una sola lágrima de la que tú derramaste, ni una sola. Por algo hay un salmo que dice: «Recoge mis lágrimas en tu odre Dios mío». A Dios no se le olvida que tú lloraste de arrepentimiento, de amor o de alegría, o de alabanza, a Dios no se le olvida. No se le olvida a Dios, cuando tú te confesaste, cuando tú dijiste esa oración, cuando tú le prometiste que le ibas a amar, así después a ti se te olvidara. Entonces, ese es el test de la memoria, el maravilloso test de la memoria. Llevamos cuatro puntos del test.
¿Cómo se conoce el amor? El amor se conoce porque me dan tiempo, se conoce porque gastan de lo suyo en mí. Se conoce el amor porque atienden cuando yo busco, se conoce el amor porque estoy en el recuerdo de esa persona. Nos falta el quinto punto. ¿Cuál es el quinto punto? Es hermoso, como todos estos. El quinto punto es se conoce el amor porque me tiene en sus planes. Si una persona me habla con cariño y bueno, tiene detalles conmigo y estoy en su recuerdo, pero no se oye por ninguna parte. ¿Cómo vamos a seguir para el futuro? Queda una duda, finalmente ¿quién soy para esta persona? Por eso hay un punto clave, por ejemplo, en una relación de pareja, cuando se empieza a hablar del futuro. Y esto en el fondo de su corazón lo saben en primer lugar las mujeres, y siempre las pondré como referencia en primer lugar, porque la capacidad afectiva y emocional de la mujer, no me avergüenzo de decirlo, en general es superior a la nuestra, la de los varones.
Y por eso una mujer sabe en el fondo de su corazón que si una persona tiene palabras bellas, pero por ningún lado, es que por ningún lado aparece el tema del futuro, entonces realmente ¿está jugando conmigo o qué? Incluso aquellas mujeres que cometen el error, porque es un error, y siempre será un error, el error de estar entregando su cuerpo y teniendo intimidad y todo eso. Después de un tiempo de intimidad, y me perdonan lo que voy a decir, por bueno que sea el sexo, después de un tiempo de intimidad y de un tiempo que pasen las cosas, llega el momento en el que la mujer dice: Bueno, pero, pero, pero, ¿esto para dónde va? O sea, ¿qué es lo que finalmente quieres conmigo? O sea, ¿vamos a tener vida o no vamos a tener vida, tú y yo?
Entonces el test completo incluye eso, y el test completo incluye tiempo, dinero, memoria, atención y los planes. ¿Me tiene en sus planes, sí o no? Pero más que tenerme él en sus planes, es ¿hay un plan para nosotros, sí o no? Precisamente, uno de los traumas que suceden en muchos países, y lo puedo decir pues porque lo he visto, porque mi labor en buena parte ha sido de misionero y lo he visto en muchos países, en los países de tradición anglosajona, este es un problema muy grave. ¿Cuál? Que muchos hijos sienten que más o menos sobre los 18 años de edad: -Bueno, bueno, a salir de casa, a independizarte. No es que eso en sí mismo sea lo más grave, lo más grave es que a veces el tono en el que se da esa conversación es, algo así como, ya no te tengo en mi futuro. No es extraño que después esos mismos hijos sientan algo parecido con los papás, es decir, en mi futuro tú no estás, papá, tú no estás en mi futuro. Y eso ¿qué quiere decir? Como no estás en mi futuro, quiero que sepas, papá, que tu dinero sí está en mi futuro, porque heredar sí quiero, tu dinero está en mi futuro. Pero tú, con tanto achaque, con tanto problema, tú no. Es gravísimo, cuando los hijos se sienten así, echados de casa, tristemente pagan con la misma moneda: Yo no te importé. Tú no me importas, qué grave.
Bueno, ¿y con respecto a Cristo qué diremos? ¿con respecto a nuestros planes y sus planes, qué diremos? Pues bendito Dios, Él nos tiene en sus planes, Él nos tiene en sus planes. De tantos ejemplos que podría dar, quiero resumir esta parte final y solo referirme a Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, la conversión de San Pablo. Cuando se da la conversión de San Pablo, el hombre enviado por Dios que va a ser la oración por Pablo para que se acabe el problema de la ceguera y que le va a otorgar la gracia del bautismo, es un hombre llamado Ananías, allá de la ciudad de Damasco. Y este hombre, Ananías, le pone una especie de objeción a Dios. Cuando Dios le dice: «Ve a tal casa y allí encontrarás a Pablo». Ananías le dice a Dios: Un momento, un momento, un momento. Yo he oído que ese es un perseguidor. Yo he oído que, pues que ese viene a acabar con nosotros. Y mira la frase de Dios que expresa el tamaño del amor: «Yo le mostraré lo que ha de sufrir por mí». Pablo estaba en los planes de Cristo.
Cristo no estaba en los planes de Pablo porque Pablo quería acabar con todo lo que se llamara Cristo. Cristo no estaba en los planes de Pablo, pero Pablo sí estaba en los planes de Cristo. Y termino diciéndote: ¿Te has puesto a pensar que tú y yo también estamos en los planes de Dios? ¿Te has puesto a pensar en eso? ¿Te has puesto a pensar que en el plan de Dios también estás tú? ¿Te has puesto a pensar en eso y te has puesto a pensar que fuera de ese plan no vas a encontrar tu plenitud?
Entonces el test del amor cinco puntos: ¿Me da tiempo? ¿Gasta de lo suyo en mí? ¿Se acuerda de mis cosas? ¿Le importa atenderme, es importante para él o para ella? ¿Estoy en sus planes? Cristo Jesús nos muestra con una claridad infinita que Él es, Él es la señal del amor de Dios. «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna». La gloria, el amor y la alabanza para Jesús por los siglos de los siglos. Amén.

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