Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las preguntas que nos mueven a conversión nos hacen pensar en qué debe irse de nuestras vidas, en cuáles son nuestras costumbres y actitudes que están en guerra con Dios.

Homilía p023016a, predicada en 20200422, con 5 min. y 44 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy es una oportunidad magnífica para hacer una de esas, que he llamado, preguntas de niño. Ya sabes que los niños muchas veces salen con cada pregunta y uno se queda como pensando ¿y ahora qué digo? Tratemos de hacer una pregunta de niño. A ver, la situación es esta, los apóstoles habían sido encarcelados. El motivo de la cárcel era que ellos predicaban la Resurrección. Los sumos sacerdotes tenían mucho miedo de que se predicara la Resurrección, porque, como hemos dicho en otras ocasiones, cuando una persona cree de corazón en la resurrección, en su resurrección, es decir que Dios es el verdadero dueño de su vida, y que los que me torturen o me maten solo tendrán poder hasta mi muerte. Pero Dios está más allá de la muerte y Dios me dará lo que he perdido por Él y más. Quién tiene esa clase de fe, es una persona muy difícil de gobernar a base de miedo, que era una de las estrategias de los sumos sacerdotes. Una persona que realmente cree en la Resurrección, no va a ser dominada fácilmente ni por el miedo ni por las seducciones, qué sé yo, del placer o del dinero, o de la fama, porque sencillamente está esperando algo mejor, como dice el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos.

Entonces metieron a los apóstoles a la cárcel. Un ángel los sacó de la cárcel, ¡benditos sean los santos ángeles! Un ángel los sacó de la cárcel. Y la pregunta de niño es ¿por qué no aprovecharon para huir? Ese era el momento para salirse de Jerusalén, para irse, qué sé yo, a cualquier parte. Hubieran podido irse a la Decápolis, hubieran podido irse a la región de Siria y Fenicia, o por lo menos a Galilea, alguna cosa así. ¿Por qué no se fueron? ¿Por qué no aprovecharon esa oportunidad magnífica? Los meten a la cárcel, el ángel los libera y a éstos no se les ocurre mejor idea que ponerse a predicar en el templo a la vista de toda la gente. ¿Por qué no se fueron? ¿Por qué no huyeron? Es una muy buena pregunta, ¿por qué no huyeron?

Esa pregunta me hace recordar la historia del templo y me hace recordar una gran inquietud que a uno le surge cuando uno mira la historia del Antiguo Testamento. Y esa gran pregunta es ¿realmente quiénes administraban el templo de Jerusalén, quienes poseían el templo de Jerusalén eran sus legítimos administradores o dueños?, ¿realmente lo eran? La pregunta no es trivial, porque los sumos sacerdotes, como sabemos muy bien, eran personas que apoyaban el gobierno de Herodes, que era un rey falso, era un impostor y además una marioneta. Pero tal vez por eso lo querían, porque era una marioneta, lo podían manejar. Los sumos sacerdotes manejaban la situación política con Pilato, es decir, aunque había una gran promesa de Dios sobre la tierra en la que ellos estaban habitando, y en esa tierra se suponía que no deberían estar los incircuncisos, los paganos como los romanos, sin embargo, ellos, en vez de hacer algún movimiento, aunque fuera pequeño para solucionar esa situación, habían manejado con buena política, habían manejado la situación.

Entonces, ya que fue pronunciada, fue enunciada una pregunta de niño, yo me permito hacer otra. La pregunta original era ¿por qué los apóstoles no se fueron? Y la pregunta que yo hago es ¿y es que no tenían que haberse ido los otros? Es decir, Dios está cumpliendo las promesas que hizo a Israel en el Señor Jesucristo vivo y resucitado, cuyos testigos acreditados por Dios son los apóstoles. Entonces, ¿quién era el que tenía que irse? Sí, humanamente hablando, ellos se exponían a todos los peligros y por algo va a venir el martirio del apóstol Santiago. Sí, eso es verdad. Pero la pregunta sigue siendo válida ¿quién era el que tenía que irse?

Esta pregunta nos pone a pensar en muchas cosas. Nos pone a pensar en qué es lo que tiene que irse de nuestras vidas. Nos pone a pensar en cuáles son las costumbres nuestras, las actitudes nuestras que están en guerra contra Dios y nos pone a pensar si nosotros somos legítimos dueños de las cosas que usamos o, si tal vez, con esas mismas cosas estamos ofendiendo a Dios. Son preguntas, son preguntas, yo no empecé, yo no empecé. A mí me lanzaron una pregunta, entonces yo desarrollé un poco el tema. Son preguntas válidas y son preguntas que nos mueven a conversión. Y de qué se trata la Pascua si no es precisamente de eso, de avanzar en nuestra conversión.

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