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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El verdadero triunfo del sistema de justicia es que no haya criminales que encarcelar. Recordemos que no importa que se haga contra la Palabra de Dios, nunca estará encadenada.

Homilía p023015a, predicada en 20190501, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo quinto de los Hechos de los Apóstoles. Nos ayuda a responder la pregunta ¿cómo se vence a la cárcel? Recordemos que en Lucas 4, nuestro Señor Jesucristo describe su propia misión como una misión de liberación, es un abrir, abrir las prisiones, pero no de cualquier manera. Por eso nos preguntamos ¿cómo se vence la cárcel? La respuesta más obvia es que la cárcel se vence o queda vencida cuando alguien se escapa, es algo que parece apenas natural. Se tiene todo un sistema de seguridad, se tiene toda una cárcel y resulta que alguien logró fugarse. Entonces la cárcel quedó vencida por el prófugo aquel que se fugó, pero en realidad, eso no vence a la cárcel.

En primer lugar, porque el porcentaje de personas que escapan de la cárcel y son recapturadas es muy grande, muy, muy grande. En todos los países, en unos más que otros, esa no es una verdadera victoria sobre la cárcel. Y, en segundo lugar, tampoco es una victoria sobre la cárcel, porque muy a menudo la persona que se escapa es una persona que tiene una responsabilidad, tiene una deuda con la justicia. En nuestro tiempo recordamos personas muy famosas, incluso grandes criminales, que se han escapado y sabemos que, pues realmente tenían mucho, mucho que pagar. Así que esa no es una buena noticia, esa no es una verdadera victoria.

La lectura de hoy nos muestra que una cárcel se vence cuando se vuelve inútil, cuando no es necesaria. Es lo mismo que sucede con el aborto. La victoria sobre el aborto, claro, por una parte, puede ser legal, estamos de acuerdo, y es absurdo y es asqueroso, voy a ser más fuerte, que en muchos países, como por ejemplo, en Estados Unidos los abortos se paguen, muchos abortos se paguen con dinero de contribuyentes, es decir, todo el mundo da impuestos y una parte de esos impuestos se va en asesinar bebés inocentes, eso es asqueroso, esas leyes son asquerosas. Pero eso no significa que otras leyes sean la solución completa con respecto al aborto, la verdadera solución con respecto al aborto es que nadie piensa en abortar.

Hay un amigo que tiene síndrome de Down y él daba unas declaraciones a la prensa y él decía que: Yo no quiero que el aborto esté prohibido, yo quiero que el aborto sea impensable. Una frase muy sabia, y lo decía porque precisamente muchas personas con síndrome de Down son asesinadas, solamente por eso, no se les dejan nacer. Lo mismo que decimos del aborto, queremos decir aquí de las cárceles, la verdadera victoria sobre la cárcel es que no se necesite la cárcel, la verdadera victoria sobre la cárcel es que no haya que tener cárceles.

Y eso lo muestra de una manera muy sutil, pero muy bella el texto de hoy, porque lo que han hecho con los apóstoles es encarcelarlos. Y ellos, que son liberados milagrosamente de la cárcel, podríamos decir que se convierten en prófugos, no salen a esconderse por allá en otros países, no. Se van al templo a enseñar donde por supuesto que los van a encontrar, pero es que el gran mensaje que ellos quieren dar es que esa cárcel es inútil, que la Palabra de Dios, como dirá San Pablo, no está encadenada, que la cárcel no puede nada contra la Palabra.

Así que sacamos dos enseñanzas el día de hoy. El verdadero triunfo del sistema de justicia no es tener muchos criminales en la cárcel, sino es, no tener criminales en la cárcel porque no hay criminales, esa es la verdadera justicia. Y, en segundo lugar, aprendemos y recordamos que no importa lo que se haga contra la Palabra de Dios, y no importa lo que se haga contra los testigos del Evangelio, la Palabra no está encadenada. Y finalmente la victoria es del Señor.

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