Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Acepta a Jesucristo en tu corazón, Él viene a sacarte de tus crisis; pero si rechazas su salvación retomas lo peor de ti y sigues por el camino de tus malas decisiones.

Homilía p023013a, predicada en 20170426, con 6 min. y 16 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo tercero de San Juan y es continuación del diálogo entre Jesús y Nicodemo. Aunque si nos damos cuenta, lo que había empezado como un diálogo, se convierte aquí en una predicación. La palabra de nuestro Señor Jesucristo nos ilustra sobre cuál es el propósito de su venida y cuál es el efecto de su presencia. El propósito de su venida está bien resumido en aquel versículo que creo que todos conocemos de memoria: «Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna». Ese versículo hay que conocerlo muy bien de memoria, es el versículo número 16 del capítulo tercero de San Juan, Juan 3, 16.

Pero además, Cristo comenta cuál es el efecto de su presencia en esta tierra y describe esa presencia, el fruto de su presencia, utilizando una palabra que es muy difícil de traducir, la palabra juicio. Por una parte, nos dice que «Él no ha venido para juzgar», pero por otro lado dice, «el que no cree en el Hijo del Hombre ya está juzgado». Es muy difícil entender estas palabras en el sentido usual que tienen en nuestro diccionario en español, porque cuando Cristo dice: «No he venido para juzgar», pues digamos que uno lo puede comprender, uno dice: -Eso quiere decir que Cristo es ante todo una oferta de perdón, de misericordia, de salvación, parece que esa parte la entendemos bien. Pero cuando Cristo dice que, «el que no cree en Él ya está juzgado», ¿qué es exactamente lo que quiere decirnos?

Da la impresión de que puede servirnos recordar la cercanía que tiene la palabra juicio con la palabra crisis. Porque resulta que, en la lengua griega, juicio y crisis se dicen con la misma palabra. Es decir, traer juicio a una vida, es traer crisis a esa vida, ¿en qué sentido? Pues en el sentido de que una crisis es el momento en el que aparece la verdad de una situación o la verdad de una persona y hay que tomar decisiones. La revelación de la verdad y la necesidad de la decisión son las dos características de una crisis. Así, por ejemplo, si una empresa está en una crisis económica, pues ahí van a aparecer los manejos de dinero que se hicieron, si fueron acertados o si probablemente fueron equivocados. Pero además, esa crisis económica obliga a tomar algunas decisiones. En el caso extremo, pues tal vez la empresa tendrá que declararse en bancarrota. Eso quiere decir que la crisis revela una verdad y al mismo tiempo, la crisis invita a una decisión.

Si tomamos este sentido de la palabra crisis y lo aplicamos a la presencia de Cristo en la tierra, nos damos cuenta de qué es lo que significa rechazar la salvación que Dios nos ofrece en Cristo. Porque Dios Padre ha enviado a su Hijo fundamentalmente para que nosotros tengamos salvación, es una oferta de salvación. Y en ese sentido, Cristo, más que traer una crisis, lo que hace es invitarnos a aceptar esa posibilidad de salvación que nos saca de nuestras crisis. Cuando uno está dividido interiormente, cuando uno está inseguro sobre qué camino tomar, encontrarse con Cristo es encontrarse con esa salvación.

En ese sentido, Cristo me saca de la crisis y esto es bellísimo y este es el primer sentido que está en las palabras del Señor: «No he venido a juzgar al mundo», quiere decir, no he venido para empeorar tu situación, sino para sacarte de tu crisis. Muchísimos millones de testimonios a lo largo de los siglos muestran que esto es así, muchas personas que han llegado a la peor crisis de su vida y dicen: -Yo he tocado fondo, encuentran en Cristo la verdadera salvación. Entonces esas personas han encontrado en Cristo cómo salir de su crisis, ese parece que sería el sentido de la primera frase, no he venido para juzgar, es decir, no he venido para meterte en crisis, sino para sacarte de tu crisis.

Pero ¿qué pasa? ¿Qué pasa si la persona rechaza esa oferta absolutamente única, pura, luminosa, generosa, de Dios? ¿Qué pasa si esa oferta de amor, si esa propuesta de amor que es el mismo Cristo, es rechazada por nosotros? Pues entonces ahí sí vas a encontrar tu verdadera crisis, porque ahí sí vas a encontrar tu verdad más espantosa y porque ahí te vas a dar cuenta de que has tomado las peores decisiones. O sea que Cristo, con su venida, no quiere ponernos en crisis, sino sacarnos de nuestras dificultades. Pero si nosotros rechazamos su salvación, entonces estamos volviendo, estamos retomando lo peor de nuestras dificultades, lo peor de nuestros problemas, sin la ayuda que Dios nos ha dado.

O sea que ¿cuál es el mensaje para el día de hoy? Primero, aceptar a Jesucristo, aceptarlo con todo el corazón, aceptarlo con gratitud y con gozo. Y segundo, entender que rechazar a Jesucristo es retomar lo peor de nosotros y es indudablemente seguir el camino de la peor de las decisiones. De ello nos libre Dios por su misericordia, la misma misericordia que hizo posible la presencia de Jesús en esta tierra.

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