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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Una mala interpretación del verbo juzgar está llevando a muchos a creer que todo comportamiento hay que tolerarlo. Pero esa mala interpretación se puede rebatir.

Homilía p023011a, predicada en 20150415, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

En esta segunda semana de Pascua los pasajes del Evangelio son tomados del capítulo tercero de San Juan. Todo parte de un diálogo entre un maestro de la ley llamado Nicodemo y nuestro Señor Jesucristo. Lo que encontramos en el pasaje de hoy es tal vez la frase más famosa de toda la Biblia: «Dios envió a su Hijo para salvar al mundo por medio de Él». Pero Cristo, en este pasaje, nos dice algo más: «Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para salvarlo». Quiero tomar unos minutos para que aclaremos algunas cosas sobre el verbo juzgar, porque seguimos teniendo problemas en la iglesia con este Verbo.

Muchas personas están utilizando algunas expresiones del Papa Francisco para decir que uno no puede opinar de la vida de nadie, sobre todo cuando se trata de aquello que solemos asociar con la vida privada de las personas. Por ejemplo, si una persona cambió de pareja o si una persona es homosexual, o si una persona organizó su vida a su modo, se supone que yo no me debo meter. Es decir, la manera como la gente está interpretando hoy el verbo juzgar es, no se meta en la vida de otras personas. Y como Cristo nos dice: «No juzguéis si no queréis ser juzgados». Y como el pasaje de hoy en particular nos dice que Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para salvarlo. Entonces muchas personas se imaginan que el cristianismo consiste en que uno no opine de nada, en que uno no se meta en la vida de nadie, en que uno respete el modo de ser y las actitudes y comportamientos de todos, y uno simplemente se limite a ser buena persona, algo así como la religión del buenísimo.

Pero todo parte de un terrible malentendido y es necesario aclarar las cosas con el favor de Dios. Sobre todo, es necesario aclarar que el verbo juzgar en la Biblia tiene un sentido muy preciso, juzgar significa tomar el lugar del juez, y en la Biblia, si tú miras el lugar del juez, lo tiene Dios. El lugar del juez lo tiene el rey en cuanto está unido a Dios. Y te puedes dar cuenta de una cosa, que cuando la Biblia habla del juicio o de juzgar, se refiere a aquella palabra que Dios dice y que declara el destino de una persona o de un pueblo. Es decir, en la Biblia juzgar no es opinar, lo repito, en la Biblia juzgar no es opinar. En la Biblia, juzgar es definir, declarar el destino de una persona. Entonces, cuando Cristo dice que no juzguemos, lo que está diciendo es, tú no puedes estar seguro de cuál es el destino eterno, es decir, en dónde va a acabar la vida de esa persona. Cristo no nos está diciendo que nosotros no nos demos cuenta de lo que está mal.

Y, de hecho, las mismas personas que viven repitiendo que no hay que juzgar, esas personas también juzgan cuando dan una opinión sobre los que se supone que juzgamos. Parece un trabalenguas, ¿no? A ver, si yo veo un comportamiento que está mal. Y yo digo: -A mí me parece que tú no puedes vivir en adulterio. Y el otro me dice: -Oiga usted, no juzgue. El que me dice a mí que no juzgue, me está juzgando, porque si no, no me diría eso. Entonces date cuenta que es una, es una propuesta autocontradictoria eso de el no juzgar entendido como no opinar, eso es una contradicción, es imposible. Lo que Cristo nos está diciendo no es que nosotros carezcamos de una brújula, de un sentido moral, de un parecer, de una dirección. Sería estúpido que Cristo nos propusiera eso después de que todo el Antiguo Testamento, toda la ley y los profetas precisamente son para iluminar la conciencia del ser humano de manera que entienda en dónde está lo bueno y en dónde está lo malo. Después de que toda la ley y los profetas nos están enseñando eso, ahora tendría que venir Cristo o estaría viniendo Cristo a decirnos: -No, no, olvídense de todo eso, no piensen en lo bueno y en lo malo, eso es una tontería.

Entonces, ¿qué es lo que nos dice Cristo? Lo que nos dice es, no tomes el lugar de Dios y tomar el lugar de Dios, es decir, juzgar en el sentido bíblico, no en el sentido de la Real Academia de la Lengua, no en el sentido de los juzgados que encontramos en nuestros pueblos o ciudades. Juzgar en el sentido bíblico es pretender definir el destino de una persona y eso es lo que no debemos hacer. Entonces yo puedo darme cuenta de que una persona está obrando mal y yo puedo darme cuenta de que esa persona hay que corregirla, porque el mismo Cristo nos dijo que había que practicar la corrección fraterna y por Dios, ¿cómo se puede practicar la corrección fraterna si no estoy afirmándole a la persona que ha obrado mal? O sea que uno sí tiene que darse cuenta de las cosas y uno sí tiene que hablar.

Lo que Cristo está diciendo es que, en nuestras correcciones, en aquellas palabras que decimos a los otros, en aquellas cosas que nosotros hablamos, no debemos presumir que tenemos el conocimiento del desenlace de la vida de esa persona, el destino eterno. Entonces yo me puedo dar cuenta de que una persona está en adulterio y le tengo que decir que está obrando mal, como Juan el Bautista hizo con Herodes. Pero el hecho de que esa persona esté en adulterio no significa que yo tenga, yo me arrogue el derecho de pensar que yo sé que esa persona se tiene que condenar, solo Dios lo sabe, solo Dios lo sabe. Qué hay en el fondo de esa persona y cómo va a terminar esa persona, son cosas que yo no conozco, pero yo sí conozco que adulterar es malo. Y si conozco que, como Juan el Bautista, yo tengo que hablar del adulterio. Así que no nos equivoquemos con el verbo juzgar.

Resumiendo, Cristo sí quiere que tengamos una brújula moral clara. Cristo sí quiere que nosotros indiquemos a nuestros hermanos cuando su comportamiento está errado, pero Cristo no quiere que nosotros pretendamos saber cuál es el destino eterno de las personas. Espero que con el favor de Dios estas palabras nos ayuden a entender este verbo que, ciertamente, es difícil por sus raíces hebreas y por la interpretación que tienen los Evangelios, que el Señor así lo conceda. Amén.

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