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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los cristianos estamos entre la Pasión y la Resurrección del Señor.

Homilía p023001a, predicada en 19960417, con 7 min. y 59 seg.

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Transcripción:

La escena que nos ha descrito el libro de los Hechos de los Apóstoles tiene su gracia. El sumo sacerdote Caifás y los demás sumos sacerdotes, la gente importante, prestante, influyente, los mismos responsables también de la muerte de Jesús, los que sienten que tienen a Dios y al pueblo, y a la ley y a los romanos, todos metidos dentro de su bolsillo, esta gente agarra a los apóstoles, los mete en la cárcel y los va a someter a juicio. A la mañana siguiente se reúnen todos, uno se puede imaginar esa reunión solemne en que van entrando con sus largas vestiduras blancas, todos serios, todos circunspectos: -Vamos a juzgar este caso difícil que se nos ha presentado. Todos somos muy ocupados, pero hemos atendido al llamado de Caifás para este juicio. Y cuando ya está todo el mundo reunido, ahora sí traigan a los presos. No hay presos, ahora sí se complicó, entonces.

Ese chasco manifiesta algo de lo que podríamos llamar, el sentido del humor que Dios tiene. Realmente, ahí se cumple lo que dice el Salmo segundo: «El que los mira desde el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos, luego los espanta con su cólera». ¡Qué escena tan, tan ridícula! Qué contratiempo, qué impase para esta gente. Pero bueno, más allá de lo ridículo y de lo humorístico de la escena, alguna enseñanza necesitamos para nosotros, porque el cristiano asiste siempre a la Eucaristía con hambre de la Palabra y con hambre del sacramento. Y porque tenemos hambre de la Palabra, alguna enseñanza esperamos, y porque tenemos hambre del sacramento, más allá de toda enseñanza, esperamos a ese Maestro, para que Él diga en lo profundo de nuestro corazón lo que el amor dicta a nuestro amor.

¿Qué podemos decir? Que los apóstoles, después de la Resurrección del Señor, algo tienen de lo que tenía Cristo antes de la Pascua, y algo tienen de lo que tiene Cristo después de la Pascua. Algo tienen de lo que tiene Cristo antes de la Pascua, porque igual que Él, sufren el desprecio, sufren el castigo, sufren la cárcel. Lo mismo que Cristo fue apresado, fue conducido a la cárcel, fue juzgado, estos apóstoles, en parte, sufren el mismo proceso, igual que los demás mortales pueden ser apresados y conducidos a la cárcel. Pero así como el Resucitado, según escuchábamos el domingo pasado, el domingo segundo de Pascua, así como el Resucitado puede atravesar paredes para entrar hasta donde están los apóstoles encarcelados por ellos mismos, encarcelados por su propio miedo, así como Jesús puede atravesar estas paredes y no hay cerrojo que le detenga y puede llegar hasta donde está el miedo de ellos, así también puede sacarlos a ellos desde donde los tiene la opresión y la injusticia de los sumos sacerdotes.

De manera que estos apóstoles, como testigos del Resucitado, tienen algo de Cristo en su Pasión y tienen algo de Cristo en su Resurrección. Y esta es, me parece a mí, la hermosa enseñanza que nos ofrece ese texto. Nosotros como testigos, como oyentes de ese mensaje de salvación, Cristo ha resucitado, participamos de la Pasión de Cristo y por eso también nosotros podemos ser encarcelados, por eso estamos sujetos al hambre, a la enfermedad, al cansancio, incluso digo más, a la desilusión, a la tentación.

Participamos de la Pasión de Cristo, pero también participamos de la Resurrección de Cristo. Y el pan que compartimos en el Santo Sacrificio es pan vivo, es pan de vida, es realmente una participación en el Resucitado. Y en más de una ocasión Dios deja sentir los milagros de su Pascua en nosotros. El perdón de los pecados es un milagro de Pascua, aunque suceda durante nuestra vida mortal. Y también obras extraordinarias, incluso simpáticas, como la del senado israelita, que se reunió con gran solemnidad esa mañana para luego saber que no tenían de qué deliberar, porque el ángel del Señor había librado a los suyos.

De manera que la Iglesia, si lo pensamos bien, la Iglesia entera, que es santa, católica y apostólica, apostólica, nacida de los apóstoles, la Iglesia entera participa mientras va en esta tierra, participa de la Pasión y de la Resurrección. Por eso a la Iglesia le pueden suceder las opresiones, los encarcelamientos, las tentaciones, las desilusiones, el cansancio y todo aquello que rodeó la Pasión de Cristo. Pero como participa de la Resurrección, también la Iglesia hace oír su voz y su alabanza en el cielo, También la Iglesia tiene una promesa que está más allá de este tiempo. También la Iglesia lleva en sí un germen firmísimo de santidad que no puede ser destruido por ninguno de los poderes de este mundo.

Sintámonos como bautizados y como Iglesia, cada uno individualmente y también, juntos como Iglesia, sintámonos llamados a participar al mismo tiempo de la Pasión y de la Resurrección, no simplemente de la Pasión, como si tuviéramos que sufrir nosotros solos y por nuestra cuenta, y como para adquirir la propia salvación. Tampoco solo en la Resurrección, como si ya hubiéramos escapado de las manos de todo perseguidor, sintamos que estamos realmente entre la Pasión y la Resurrección. Así es la Iglesia que peregrina hasta que llegue finalmente a la patria, y entonces todo sea resurrección, todo Pascua y todo alabanza. Así nos lo conceda Dios, que vive por los siglos. Amén.

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