Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El nuevo nacimiento es la esencia de la vida cristiana que requiere nuevos aprendizajes; al nacer de nuevo mi palabra, caminar, mirar y obrar tienen un propósito distinto, glorificar a Dios.

Homilía p022017a, predicada en 20240409, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio de hoy, mis hermanos, encontramos una expresión que es muy, pero muy propia de la Pascua y que además describe perfectamente lo que es nuestra vida como bautizados. Se trata del nuevo nacimiento. Se trata de nacer de nuevo. Efectivamente, la lectura del Evangelio en estos días nos presenta el encuentro entre un joven rabino llamado Jesús de Nazaret y un rabino anciano llamado Nicodemo. Utilizo la palabra rabino en el sentido más típico que tiene esta expresión, es decir, aquel que es un maestro entre los judíos y la gente llamaba así a Jesús. De manera que aquel encuentro entre Nicodemo y Jesús puede ser visto como el encuentro de dos maestros, un maestro anciano experimentado, muy respetado por la gente de aquella época. Y un profeta que impacta, un profeta llamado Jesús.

Bueno, en ese encuentro Jesús muy pronto lleva el diálogo a esta afirmación. Hay que nacer de nuevo. ¿Qué significa eso? ¿Qué significa nacer de nuevo? Por qué eso es, en cierto sentido, la esencia de la vida cristiana. Yo creo que nacer de nuevo es una muy buena expresión, porque cuando una persona nace, todo empieza para ella. Esa persona nace y no nace. Digamos algo casi elemental, la persona no nace hablando francés o hablando coreano o hablando noruego. La persona nace y tiene un idioma por aprender. La persona nace y tiene todo por aprender. Es necesario que aprenda a comer, a vestirse. Es necesario que aprenda dónde realizar sus necesidades fisiológicas. Es necesario que aprenda a respetar, a amar, a perdonar. Nacer. Y esto creo que lo sintetiza todo. Nacer es iniciar un camino, un camino de largo aprendizaje.

Algunos de los aquí presentes, empezando por este servidor, ya nacimos hace tiempo. Correcto. Soy del siglo pasado, pero mi vida ha sido un aprendizaje y por supuesto que todos los días seguimos aprendiendo. Pero ese aprendizaje se inició con el nacimiento. Ahora Cristo nos habla de un nuevo nacimiento que por lo tanto requiere también de nuevos aprendizajes. Este nuevo nacimiento al que nos invita a Cristo implica que ahora también necesito aprender a hablar. No tanto que dejé, por ejemplo, en mi caso, el idioma español, y empecé a hablar húngaro, por decir algo. No se trata de que en vez de caminar como normalmente lo hago ahora, voy a aprender a caminar de otro modo. No sé cuál sería ese estilo. No es en ese nivel el cambio.

Más bien el cambio lo que hace distinto es que ahora mi palabra tiene un propósito distinto. Ahora mi palabra tiene un propósito que lo describe muy bien. Por ejemplo, Santa Catalina. Catalina dice que las personas que han nacido de nuevo, las personas que son cristianas de verdad de Cristo, solo hablan por tres motivos, para darle la gloria a Dios, para acusar sus propios pecados o para edificar algún bien en el prójimo. Pero seamos sinceros, normalmente uno no habla así.

Normalmente uno dice muchas tonterías y a veces uno es agresivo y a veces uno ha dicho vulgaridades o ha dicho cosas obscenas. Entonces, aprender a hablar no significa aprender tanto un idioma como decir suajili o como decir francés. No, es más bien que ahora la dirección de tu palabra es diferente. Lo mismo pasa con el caminar. Por supuesto que tenemos que caminar bien. Ahora la pregunta es ¿a dónde te llevan tus pies? ¿a dónde vas? Si no tienes a Cristo en tu corazón. ¿A dónde vas? Es muy interesante ver un proceso de conversión y ver cómo la persona empieza a caminar de otro modo. No es que ahora sus rodillas se muevan de tal o cual forma. No, no, no, no es eso. Es que ahora esa persona va a otros lugares, tiene otros propósitos, acompaña a otras personas.

Yo he escuchado muchos y muy bellos testimonios de conversión y es hermosísimo ver cómo la gente dice antes mi lugar. Me acuerdo mucho en la conversión que contaba un hombre en un retiro y decía. Antes mi lugar preferido era la taberna, era el lugar donde yo me sentía a gusto. Y que pasen otra ronda de trago. Y yo ahí me sentía feliz, me sentía a gusto. Ahora ese no es mi lugar preferido. De hecho, no es un lugar al que yo vaya. Ahora mi lugar preferido es allí donde se celebra el nombre de Cristo. Mi lugar preferido es el Sagrario. Mi lugar preferido es un retiro espiritual. Le cambió el caminado. Ahora está yendo a otros lugares. Lo mismo pasa con nuestros ojos. Aprender a ver. Lo mismo pasa con nuestros oídos. Aprender a escuchar. Lo mismo pasa con nuestras manos. ¿Para quién estamos trabajando? Y tú, hermano querido, ¿ya conoces el nuevo nacimiento, lo estás viviendo, estás viviendo para gloria de Cristo, para bien tuyo y de tu prójimo?. Gran pregunta. Ahí te la dejo y que Dios te bendiga.

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