Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La comunidad cristiana ha sido formada por la predicación, por la fe en torno a Cristo, por el don del Espíritu: a partir de ahí se llega a tener un mismo pensar y un mismo sentir, y luego a compartir los bienes materiales.

Homilía p022011a, predicada en 20200421, con 4 min. y 53 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy, tomada del capítulo cuarto de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta a una comunidad que comparte y como comparten sus bienes y no tienen necesidades. No ha faltado quien diga. Ahí tienes el verdadero ejemplo del auténtico comunismo. En la vida que tengo, que no es demasiado larga, pero tampoco demasiado corta. Ya he oído varias veces, incluso una vez, a un Sacerdote decir mira, es que el verdadero comunismo es hechos de los apóstoles. Como hay que salir de esos malos entendidos.

Tomemos unos pocos minutos para ver qué es lo que estaba sucediendo en esa comunidad y de ahí descubriremos si en realidad se trataba o no de comunismo. Como dicen ahora, spoiler. No se trataba de comunismo. ¿De qué estamos hablando? Estamos hablando de una comunidad. Comunidad. Hagámonos la pregunta obvia ¿Cómo se formó esta comunidad? Respuesta. Se formó a partir de la predicación de los apóstoles y a partir de una experiencia compartida del don del Espíritu Santo en ellos. Es exactamente lo que encontramos en Hechos capítulo dos. Predicación de los apóstoles, experiencia del Espíritu, y a partir de ahí se forma la comunidad.

Bien, entonces, ¿qué es lo primero que tiene en común esta comunidad? Porque cuando caemos en cuenta de que ellos compartían sus bienes, hay gente que pone eso en primer lugar, pero eso es darle la vuelta a las cosas. Lo primero que ellos tienen en común es una misma predicación, es decir, un mismo Cristo, un mismo don del Espíritu. ¿Cómo voy a compartir mis bienes contigo o tú conmigo si no sabes quién soy? ¿Tú harías eso? Ese es el sentido de comunidad que tú tienes. Te encuentras con la primera persona por la calle y le dices yo recibí una herencia de mis padres y he pensado en darte la mitad a ti. Eso no tiene sentido. Entonces el compartir de los bienes materiales es el fruto y consecuencia de un primer y originario compartir, una fe compartida, una experiencia compartida.

Cuando yo sé quién eres porque he escuchado tu testimonio, porque te he oído llorar de amor, porque he compartido contigo muchas cosas y precisamente porque hemos compartido. Sé quién eres y sabes quién soy. A partir de esa experiencia compartida, llega un momento en el que tú sabes que cuando yo digo que tengo necesidad de verdad la tengo, que no estoy tratando de estafarte ni de robarte, que no me voy a aprovechar de ti, que no soy un accidente, que llegó a tu vida y se va a ir mañana. Cuando pensemos en la comunidad cristiana, tenemos que pensar en una comunidad que ha sido formada por la predicación, por la fe en torno a Cristo, por el don del mismo Espíritu, y a partir de ahí entonces se llega a lo que dice el texto de hoy. Hacia el versículo treinta y dos. Tenían un mismo pensar y un mismo sentir. Claro es que a partir de una fuente común, pues el agua es parecida. Eso es lo que sucede aquí.

No le demos la vuelta a las cosas. Y esto no tiene nada que ver con el comunismo. Por supuesto, el comunismo como ideología política parte de la base de la división y del odio, y parte de la base de que hay una gente que tiene unos intereses que jamás van a ser satisfechos. Ellos son los proletarios, son los obreros y ellos tienen que unirse entre ellos, pero ¿para qué? para caerle duro a los que tienen el poder, los que tienen los medios de producción. Eso no tiene nada que ver con este libro.

Y por supuesto, yo me quedo con los Hechos de los Apóstoles. Lo demás, sí tengo que denunciarlo, lo denunció, como lo he hecho muchas veces. Entonces, partir de una fe clara y firme y de una experiencia fuerte del Espíritu y todo lo demás a su ritmo, se va dando y se va dando al estilo de Dios, que es el único que da fruto.

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