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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Cielo es la expresión de la realidad fundante y trascendente que está más allá de tendencias, modas o imperios siempre pasajeros.
Homilía p022007a, predicada en 20150514, con 6 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Las lecturas del comienzo de esta segunda semana de Pascua nos presentan el diálogo entre Jesús y un famoso maestro de la ley en Jerusalén, un hombre llamado Nicodemo. Hemos visto que Jesús le dice a Nicodemo: Hay que nacer de nuevo. La novedad que trae el pasaje del día de hoy, que está tomado también del Capítulo Tres de San Juan, es que Jesús pone como referencia el cielo. Yo creo que esta es una bonita oportunidad para que recuperemos el contenido tan bello que tiene esta palabra, porque hay mucha gente que se imagina que cuando uno habla del cielo uno está algo así como huyendo de las realidades de este mundo, huyendo de las realidades terrenas. Ese no es el sentido. Por ejemplo, Cristo nos enseñó a decir Padre nuestro que estás en el cielo. Y cuando yo estaba en mi tiempo de formación sacerdotal, hace ya bastantes años, me acuerdo que había una versión del Padre Nuestro que incluso se volvió un poco popular. Esa versión que toma la melodía de los sonidos del silencio, una canción muy conocida. Y entonces dice: Padre nuestro, tú que estás en los que aman la verdad. Y luego me he encontrado que hay muchas otras, entre comillas, versiones del Padre Nuestro, que quitan precisamente la palabra cielo. Incluso en la mayor parte de los escritos de la llamada Teología de la Liberación, casi que hay una aversión a utilizar la palabra cielo, porque se considera que si se habla de buscar el cielo o si se habla de los tesoros en el cielo, es como si nos estuviéramos desentendiendo de los problemas de esta tierra. Hoy lo que nos dice Jesucristo es, nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo. Es una frase difícil de entender, tal vez, pero lo que uno no puede negar es que ahí está de frente, de en el centro y de lleno la palabra cielo. ¿Por qué es tan importante el cielo para Jesucristo y por qué tiene que ser importante para nosotros como creyentes? ¿Por qué? Porque resulta que cuando nosotros hablamos de los imperios de esta tierra y de los intereses de esta tierra, estamos hablando de una especie de secuencia que se repite indefinidamente. En este sentido, es muy bueno, es muy útil acercarse al Antiguo Testamento y darse cuenta, por ejemplo, lo que sucedió en los últimos seis siglos antes de Cristo. En el siglo sexto antes de Cristo, encontramos a un imperio que son los caldeos, los cuales, llevados por la arrogancia y el egoísmo, pues llevan a los judíos al destierro, los sacan de Jerusalén y los llevan a Babilonia. Pero luego los caldeos les llega su hora y fracasan. Son derrotados frente a los persas, y entonces reyes como Ciro y como Darío, acaban con el imperio de los caldeos y devuelven a los judíos a Jerusalén. Pero luego los persas también les llega su hora. Y entonces un nuevo imperio que es el imperio helenístico, inaugurado por un gran macedonio. Grande en términos de victorias militares, Alejandro Magno acaba con el señorío, con el poderío de los persas y luego el imperio helenístico se divide por envidias y por condiciones internas. Y entonces queda, quedan una serie de imperios, entre ellos el imperio de los Lágidas. Y entra también un poco, un poco la parte de Egipto ahí. Y después llegan los romanos y después los romanos caen. Entonces uno tiene que preguntarse si la vida es eso. Si la vida es simplemente matricularse en el partido político que parece exitoso. Si la vida es simplemente meterse en la corriente filosófica que parece más interesante. Si la vida es simplemente estar matriculado en la moda del momento. Si la vida es simplemente estar en el imperio que, parece que tiene mayor influencia cuando nosotros hablamos del cielo. Lo que estamos declarando es que Dios no está en esa secuencia. Es decir, que la manera como Dios reina y que las promesas que Cristo ha traído a nuestra vida y a nuestro corazón no son una moda más, una corriente filosófica más, una explicación sociológica más, una tendencia política más, o un imperio más. Como diría Juan Pablo II no están identificados los principios del Evangelio, no se identifican con ninguna cultura, aunque son capaces de elevar a todas las culturas. Eso es lo que significa el cielo. Y por eso es muy importante que cuando digamos el Padre Nuestro recordemos que es el Padre que está en los cielos, y eso significa. Este es el Dios que no está sujeto ni a modas, ni filosofías, ni a corrientes políticas, ni a tendencias filosóficas. Este es el Dios que está por encima de todo ello y que puede, desde esa soberanía y desde esa majestad, renovarnos más allá de nosotros mismos. Eso es lo que viene a traernos Cristo. Y por eso cuando él dice: He bajado del cielo, lo que está diciendo es mi mensaje, está más allá de todas esas corrientes, modas, tendencias o imperios. Esta es la hora. Esta es la hora para apegarse a Cristo. Esta es la hora para recibir ese mensaje. Esta es la hora para acoger ese evangelio al que sea la gloria por los siglos. Amén.

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