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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nicodemo quiere acercarse a Jesús pero manteniendo todo bajo su propio control. Al final, no funciona así.
Homilía p022006a, predicada en 20130409, con 5 min. y 32 seg. 
Transcripción:
Tuvimos el día de ayer la fiesta de la Anunciación del Señor, una fiesta que estaba esperando su momento desde el veinticinco de marzo, es decir, este año coincidió con Lunes Santo y por eso se fue postergando hasta llegar el día de la celebración que fue ayer. Eso quiere decir que las lecturas que eran propias del lunes de la segunda semana de Pascua no las tuvimos. Qué es lo que van a ofrecernos las lecturas de la Pascua, durante la primera semana que se llama la octava desde el Domingo de Resurrección hasta el siguiente domingo. Los Evangelios traen testimonios de apariciones de Cristo resucitado. En esta segunda semana la escena cambia completamente. Nos vamos a ir al Evangelio de San Juan o ya nos fuimos y nos encontramos el diálogo entre Jesús y Nicodemo. Nicodemo era uno de los maestros más reconocidos en Jerusalén, un hombre que, tratando de guardar su propia fama y su propio nombre, no se junta a las multitudes que escuchan la predicación de Cristo de una manera que podríamos llamar casi cobarde. Él va de noche al encuentro del Señor. Quiere verificar en condiciones controladas quién es ese tal Jesús de Nazaret, si es de fiar, si se puede aceptar su mensaje. Nicodemo, evidentemente toma todas las precauciones y quiere enterarse de quién es Jesús, pero de una manera controlada. Quiere de algún modo tener el control sobre qué puede hacer Jesús en la vida suya. Se acerca a Jesucristo, pero de tal manera que no le vaya a cambiar demasiado su modo de vida, no le vaya a cambiar su fama, no le vaya a cambiar sus amistades, no le vaya a cambiar sus ingresos. Esta actitud controlada se encuentra con una sorpresa en las palabras de Cristo porque Cristo le viene a hablar de la suprema libertad, de la total libertad que es la libertad del Espíritu Santo de Dios. Ni siquiera sabes de dónde viene ni para dónde va. Es tan hermoso y tan impresionante el contraste entre los dos lenguajes. Nicodemo es el hombre que ha construido una vida paso a paso dentro de un cierto rigor en el judaísmo. Ha aprendido a moverse con cierta facilidad dentro de las estructuras de la sociedad de su tiempo. Es la persona que sabe con quien hay que hablar, cómo hay que hablar, qué hay que decir. Y le ha costado trabajo aprender esas lecciones. Finalmente tiene su vida organizada y le dice a Jesús, a éste que ya es un hombre mayor y que tiene su vida educada por todas esas convenciones. Le dice Jesús: Es que no es así, es que toca empezar desde cero, es que toca recomenzar, esto es una vida nueva. Nicodemo no termina de entender qué es lo que le está diciendo Jesús. En un momento le pregunta Bueno, y ¿Cómo es eso de nacer de nuevo? O sea, toca devolverse al vientre de la mamá o ¿Qué es lo que pasa ahí? Y Jesús de una manera precisa, pero al mismo tiempo cargada de simbolismo, le hace ver cómo esa vida nueva es puro don que viene del cielo. No es el fruto de un cálculo humano, no es el fruto de ese vigilar con suspicacia o ese obrar con astucia. Es una corriente de vida que es pura gratuidad, es puro don del cielo. La impresión que nos deja el texto del Capítulo Tercero de San Juan es que Nicodemo al final no entendió. ¡Pero qué maravilla y qué don del Espíritu! Sí, nosotros sí le logramos entender a Cristo, sí nosotros sí aceptamos esa vida nueva que él trae. No significa que vamos a despreciar la sociedad en la que vivimos, pero sí significa que reconocemos que en primer lugar le pertenecemos a él, que en primer lugar somos suyos, que en primer lugar nos debemos a él, al que nos lo ha dado todo, al que nos ha amado con locura, nos ha amado hasta el extremo. Bienaventurados los que puedan sentir esa libertad. Bienaventurados los que experimenten ese gozo incontenible de pertenecer a un Dios que es exagerado en la manera de amar.

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